CAPITULO I: NUBES DE TORMENTA (segunda parte)

2724 Words
- Si me permite el atrevimiento – dijo el maestro, ella asintió - ¿Por qué esta en jardín de infantes entonces? – Victoria suspiró. - Con mi esposo consideramos que era mejor para ella estar con niños de su edad – dijo sincera – pero ya no estoy tan segura que sea lo mejor – el hombre sonrió. - En mi opinión estamos desperdiciando su talento – dijo él – pero es su decisión, yo solo cumplo con informarle las opciones. - Muchas gracias – dijo ella – pero me gustaría que le hicieran de nuevo la evaluación y creo que lo mejor sería hablarlo con ella para ver que prefiere. - Creo que es un buena idea – dijo el maestro – ahora tengo que volver al salón, Candela es un poco dictadora y seguro que ya tiene contra la pared a todos sus compañeros – Victoria lo miró sorprendida – ella me ayuda con las clases y a controlar a los niños. - En un par de años va a controlarnos a mí y a mi esposo – dijo divertida mientras salían del salón. - Van a estar en buenas manos – dijo el hombre – un gusto conocerla Victoria – dijo él. - Igualmente – respondió y se marchó. Al subir a su coche vio que tenía un mensaje de su esposo “junta urgente en la empresa, ¿almorzamos juntos?”, le respondió afirmativamente y dedicó el resto de la mañana a realizar algunos trámites personales. Al mediodía llegó a la empresa que su esposo había creado, en realidad él había puesto el capital y sus amigos Blanca y Pedro el trabajo; y en la actualidad era una de las empresas de seguridad y vigilancia más importantes de América Latina, habían desarrollado un software de última generación que los había colocado en las primeras posiciones del mercado. Saludó amablemente a todos en la recepción y subió al último piso donde se encontraba su marido. Antes de pasar a su oficina saludó a sus conocidos y se detuvo conversando en el pasillo. La puerta de la oficina de Valentín se abrió y del interior una hermosa mujer, de no más de 25 años salió, acompañada por el dueño del lugar. Victoria no pudo evitar analizarla de los pies a la cabeza, mientras charlaba sonriendo con su marido. Ella era celosa y no lo negaba, pero no por falta de confianza a Valentín eran las otras mujeres las que le molestaban, porque sabía que su esposo era atractivo para el sexo femenino y que muchas mujeres no tenían ningún reparo en intentar llevarlo a la cama, el jamás había cedido, pero la manera en que esa mujer lo miraba le indicaba cuales eran sus intenciones. La observó con detalle y luego se observó a ella misma, la otra estaba vestida resaltando sus atributos, con tacones que la hacían parecer más sensual aun, y ella apenas se había podido poner unos jeans, una camiseta y sus zapatillas, no llevaba maquillaje y estaba bastante segura que no se había peinado. Se observó disimuladamente en el reflejo de una ventana, no iba a decir que se veía mal, porque su cabello por suerte no necesitaba mucho para lucir bien, su rostro no requería de demasiado maquillaje, por sus perfectos rasgos y su cuerpo lucia de mil maravillas con unos pantalones ajustados, porque con los años y el ejercicio tenía una figura muy tonificada y bonita, luego de suspirar se acercó a ellos plantándose a la par de Valentín, él le sonrió con amor en los ojos y la abrazó por los hombros. - Mi amor – dijo feliz – que lindo verte – cualquiera pensaría que no se veían hace días – ella es Tamara – le dijo señalando a la mujer que charlaba con él – es mi nueva asistente o algo así – dijo sonriendo, la mujer observó a Victoria de pies a cabeza y le sonrió cínicamente – Tamara ella es mi esposa Victoria – las dos se estrecharon las manos sin disimular lo mucho que se desagradaban, porque Tamara tenía en claro que quería a su jefe en su cama, y Victoria era un obstáculo en su carrera, uno que disfrutaría mucho eliminando. - Vamos que tengo hambre – dijo ella y sujetó la mano de su esposo para que salieran, el elevó los hombros y despidiéndose de sus empleados siguió a su mujer al elevador, al mirar su rostro pudo notar que estaba molesta pero antes que dijera nada las puertas de abrieron en el piso siguiente. Francisco el hermano de Victoria y primo de Valentín ingresó. Abrazó a su hermana fuerte, levantándola del piso - ¿Cómo estas mi chiquitín? – le dijo ella sujetando sus mejillas, el solo rió. - Que gracioso que me digas chiquitín cuando tienes que subirte a un banco para alcanzarme – dijo y se miró con Valentín ambos rieron, ella frunció los labios. - Por más alto que seas, seguís siendo mi hermanito – dijo molesta. - ¿Qué le pasa? – preguntó el chico a Valentín. - Conoció a Tamara – respondió el hombre y Francisco asintió. - Es muy bonita – dijo para molestar más a su hermana. - No lo noté – dijo Valentín esperando con eso que el enojo de su mujer pasara, ella lo observó elevando una ceja. - Eres ciego entonces – dijo molesta y él la abrazó. - Es que para mí la única mujer que existe eres tú, mi amor – dijo y la besó, ella al principio se resistió pero luego lo besó también, Francisco bufó y desvió su vista al frente, contando los segundos para que llegaran al estacionamiento, apenas las puertas se abrieron salió casi corriendo, los otros dos rieron por el incómodo momento que le hicieron pasar al joven. Francisco estudiaba para ser ingeniero en sistemas y trabajaba con Valentín, por eso era común encontrarlo por allí - ¿A dónde vamos? - Me da igual – dijo ella caminando hacia el coche. - Compremos comida y vamos a la cama entonces – dijo sujetándola por la cintura. - ¿Te gusta? – preguntó ella sorprendiéndolo, ya estaban saliendo de la cochera. - No me gusta – dijo serio – no es para nada mi tipo. - Yo pensé que todas eran tu tipo. - Antes de conocerte a vos si – no le mintió – pero ahora vos eres la única – ella sonrió – al salir a la calle un auto n***o los acorraló y casi chocan, Valentín le tocó bocina con rabia por la imprudente maniobra pero no pudo alcanzarlo para seguir insultándolo. - ¿Sabes? – Dijo Victoria – Laura me llamó para avisarme que había abierto su restaurante ¿querés que pasemos a conocerlo? – Valentín lo pensó, definitivamente prefería ir a la cama con su esposa. - Pensé que íbamos a pasar todo el día en la cama. - En un ratito nada más – dijo mirando al frente - ¿o Tamara te deja tan excitado que no te podes aguantar más? – habló con rabia, él solo abrió los ojos y apretó los dientes, no tenía idea como la mente de su esposa imaginaba esas cosas, pero era mejor no darle más motivos para enojarse. - ¿Dónde queda? – preguntó calmado y con una sonrisa, ella le dio las indicaciones y se dirigieron al local. Lo que iba a ser un rápido almuerzo se hizo uno muy largo, ya que allí se encontraron con Bruno y Patricio (socios de Laura en el negocio) y se quedaron charlando por varias horas. Al salir Victoria le pidió a su marido que pasaran por el mercado a buscar algunas provisiones, él no se quejó, podía esperar un poco para llevarla a la cama y era agradable hacer cosas “normales” juntos. A la salida el mismo coche n***o los encerró y esta vez Valentín no se quedó quieto – Yo a este idiota lo mato – dijo pisando a fondo el acelerador para comenzar una persecución. Lo siguió por varias cuadras, el sol ya se estaba ocultando pero no le importaba, ese auto los seguía e iba a averiguar porque. Victoria estaba tan acostumbrada a sus reacciones que simplemente ajustó su cinturón de seguridad y dejó a su esposo jugar al súper héroe. Ni cuenta se dieron cuando ingresaron a un barrio algo peligroso, muy peligroso, ya que ni la policía se animaba a visitarlo y mucho menos de noche. Al girar en una esquina, vieron el coche estacionado con las luces prendidas, Valentín se detuvo – espérame aquí – le ordenó a su mujer y bajó para enfrentar al chófer, pero no estaba, había huido y no tenía idea donde. Descargó su frustración golpeando el coche y maldiciendo. Regresó muy molesto a su automóvil – se fue – dijo a Victoria. - Me di cuenta – respondió ella divertida - ¿vamos a casa? - Si vamos – dijo frustrado y se puso en marcha, avanzó dos cuadras y notó que no sabía dónde estaba – mierda – dijo golpeando el volante. - Ya busco en el GPS – dijo ella antes de que su esposo comenzará a maldecir a todos por su “mala suerte”. Luego de unos minutos pudieron encontrar una ruta y siguiendo las indicaciones del dichoso aparatito avanzaron, ellos creían que iban bien, pero una salida que tenía que tomar estaba bloqueada con escombros y basura. - Esto es sencillamente genial – dijo Valentín desesperado y quiso arrojar el GPS por la ventana, Victoria lo impidió. - Si lo tiras no salimos más de aquí – dijo con la poca calma que le quedaba, que Valentín se pusiera en esa actitud no ayudaba para nada, ella tenía los nervios de punta, el lugar no le gustaba y todo estaba muy oscuro ya que había muy pocas luces iluminando las calles, buscó otra ruta y antes de que pudieran retomarla un grupo de ocho hombres rodearon el coche, Victoria se asustó al ver que varios llevaban armas de fuego, desde que había presenciado como Valentín era herido tiempo atrás por su madre, que el pánico la invadía cuando se encontraba en presencia de alguna pistola, uno de los hombres golpeó la ventanilla del coche, Valentín suspiró y la bajó. - Parece que se perdieron – dijo el hombre con un macabra sonrisa, Valentín blanqueó los ojos antes de responder - ¿A dónde van? - Intentamos llegar a casa – dijo intentando controlarse, ya que no le gustaba para nada la forma en que ese sujeto observaba a su esposa - ¿nos decís como llegar a la autopista? – el hombre rió. - Claro – dijo serio – pero me tienes que dejar tu coche como pago. - Gracias por nada – dijo Valentín y quiso arrancar, pero el hombre fue más rápido y abrió la puerta, lo apuntó con su arma. - No entendiste – le dijo sin perder la calma – yo me quedó con tu auto, que vos y tu linda mujercita salgan ilesos depende de tu colaboración – Valentín apretó el volante con fuerza, odiaba que unos chiquillos lo amenazaran, él podía con todos si tenían un enfrentamiento mano a mano, pero no podía arriesgarse a dejar sola a Victoria en ese lugar, no sabía qué hacer. Su naturaleza le indicaba que tenía que romperles la cara a todos, pero debía usar el sentido común, antes de que pudiera hacer algo, Victoria sacó las llaves y se las dio al sujeto, ella no iba a permitir que Valentín estuviera otra vez frente a la trayectoria de una bala, no iba a poder soportar ese dolor de nuevo. - Aquí tienes – le dijo sonriendo – hay mercadería en el baúl, solo deja que nos llevemos los documentos - sacó algunos papeles y los guardó en su bolso, el hombre sonreía satisfecho y Valentín la miraba molesto, ella abrió la puerta y se bajó, su esposo seguía congelado en su lugar – Mi amor vamos – le dijo intentando no mostrar lo asustada que estaba, él golpeó el volante de nuevo y se bajó para acercarse a ella - ¿nos dicen cómo salir? - Además de bonita inteligente – dijo el hombre y sus secuaces rieron, Valentín la rodeó con sus brazos, marcando territorio – ahora no se si tengo ganas de que te vayas. - Por favor – dijo suplicante mirando a los ojos del hombre – ni siquiera vamos a hacer la denuncia, déjanos ir. - Que difícil me lo pones mirándome así – le dijo con perversión, relamiéndose los labios, Valentín estaba por arrancarle la cabeza, la ira lo estaba cegando, ella lo sujetó con toda su fuerza sabiendo lo que estaba pensando – pero me caes bien – dijo finalmente – tu esposo no, pero vos eres un encanto de persona. - Gracias – respondió ella tímidamente. - Me vas a tener que dejar lo que lleves de valor encima – dijo serio – los dos – Valentín no se movía así que ella le sacó el reloj y el dinero que llevaba en su billetera – los anillos también – le quitó la alianza de oro a su esposo y ella hizo los mismo con la suya, con su hermosa sortija de compromiso y sus pendientes de perlas. - No tengo efectivo pero revisa si querés – le acercó su bolso, el hombre lo revisó y tras comprobar que lo que decía era verdad se lo devolvió. - Te falta un anillo – le señaló la argolla plateada que brillaba en su mano. - Esta no por favor – dijo con pesar – tiene más valor sentimental que económico – el hombre la tomó de la mano para observar la joya, lo meditó unos segundos pero luego se la sacó. - A mi novia le va a gustar – dijo sin mostrar arrepentimiento – ahora les digo como salir de aquí para no que vuelvan nunca más en sus vidas – eso lo dijo como amenaza y luego les explicó cómo llegar a la autopista. Comenzaron a caminar y cuando ya dejaron de escuchar las risas de los hombres Victoria volvió a respirar. - Eso lo fue lo más estúpido que hiciste en tu vida – la regañó Valentín – te faltó darles las llaves de la casa y decirles que pasen a buscar lo que necesiten - ella no respondió nada, no podía explicarle con palabras lo mucho que la afectaba sentir que su vida estaba en peligro, la de ella no le interesaba, pero perderlo a él era algo que no podría soportar, Valentín siguió regañándola hasta que llegaron a la autopista, de allí ya se ubicaron para volver a su casa en un taxi que pagaron al llegar. Sus hijas los esperaban nerviosas en la sala, ya era tarde y ninguno de los dos había llamado para avisarles que sucedía. - ¿Dónde estaban? – preguntó Alicia al verlos llegar, casi gritando, Valentín suspiró. - La historia corta – dijo él sin muchos ánimos de relatar lo sucedido, ya que se sentía algo humillado por haber perdido su automóvil tan fácilmente – nos perdimos y nos robaron el coche – las niñas se alarmaron al oírlo. - ¿Estas bien? – le preguntó Elena a su padre y se acercó a él, cargando a Candela que apenas pudo se colgó del cuello de Valentín y comenzó a besarlo, las mellizas se abrazaron a sus piernas y todas comenzaron a mimarlo y decirle lo mucho que lo amaban y se preocupaban por él. Victoria se sintió más fuera de lugar que nunca, ella estaba acostumbrada al favoritismo que sus seis hijas tenían con Valentín pero eso no hacía que le doliera menos. Subió las escaleras y luego de darse un baño se metió a la cama. Valentín ya estaba allí, pero ni siquiera le dirigió la palabra, ella no tenía ánimos para nada así que simplemente se dispuso a dormir, agradeciendo al cielo que el hombre de su vida estuviera sano y salvo junto a ella. Esa fue la primera noche en años que no se amaron o se mimaron por lo menos y Victoria sintió que una amarga sensación la recorría entera.
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