Pov: Narrador.
Apolo despertaba luego de tener un curioso sueño, en el que un gran árbol balbuceaba.
El joven miró por la ventana descubriendo que el sol ya se había puesto en marcha.
Se levantó de cama para estirarse un poco dando al mismo tiempo un gran bostezó.
Recordó que el anterior día por vergüenza no aceptó comer en la cena así que ahora contaba con un estreñimiento.
Entre dormido y despierto pensó.
«¿Hoy si podré hablar?».
Olvidó a conveniencia las indicaciones que la doctora se había molestado en dar, tragando saliva para así poder obtener mejores resultados.
Este no espero más de unos cuantos segundos de preparación para pronunciar un sencillo “Hola” que terminó por salir tan espantoso como se suponía que sucedería.
Apolo dio un respiró de resignación, aceptando la cruda verdad.
«Creo que debería bajar y dar los buenos días».
Pensó el mal afortunado, porque bueno ¿Qué más podía hacer?.
Se paró enfrente de la puerta deseando volver a la cama pero el hambre lo golpeaba.
Melancólico, su cara proyectaba muy bien ese sentimiento.
Recostó su cabeza en la puerta pensando un poco en lo torpe que se ha estado comportando.
Colocó su mano en la perilla refunfuñando un poco.
Estando en el pasillo sus ojos se deslumbraban al ver lo grande que era está casa por dentro.
Apolo observaba detalladamente lo bien elaborado que se encontraba este largo pasillo en el cual se contaban alrededor de cuatro piezas, contando la de él y al mismo tiempo aclarando que esta se posiciona a lo último.
Realmente si se puede considerar una maravilla, el suelo construido en una fina madera al igual que el pasa manos, una decoración en las paredes con cuadrados magistrales de los dueños de esta vivienda, dos de estos tenían sus respectivos floreros, cada uno con una puerta de separación, la flores de estos jarrones eran rosas blancas que pintaban muy bien con el tono durazno que estilizan las paredes.
El jovencito se quedó perplejo al detallar el cuadro central, en el, él señorito Liam posaban, Apolo le llamo mucho la atención por sus característicos detalles.
En la pintura el joven Liam cargaba una jaula en la cabeza, se podía detallar los defectos que contenía, el más evidente la carencia del pasador, si bajábamos la mirada nos topamos con un extraño espacio en blanco en su camisa de cuadros, ese cubo tenía colores muy vivos como rosa y azul que intentaban difuminar el prominente color n***o que contiene.
Nuestro aventurero quiso seguir observando pero su atención se nublo cuando escuchó a unos metros de distancia la dulce voz de Emma.
Caminó hasta el final del pasillo viendo el recorrido de las escaleras.
Comenzó a bajar dejando sus nervios en la barandilla.
Al llegar al final dio con quién esperaba cruzarse más no estaba preparado para ver una vez más.
Emma volteó permitiendo que la brisa colocará su cabello detrás de sus hombros.
Ella sonreía al ver que Apolo ahí continuaba.
—Me alegra verte despierto— Comentó acercándose a él.
Apolo alzó la mano en señal de saludó.
Emma se alegro de ver que su amigó estuviese presentando más confianza ante ella.
Eso era Apolo, un poco rápido tal vez pero desde que lo vio jugando en la arena como un niño sus sentimientos la obligaron a actuar y prefirió mentirse exactamente de la misma manera que cualquier jovencita de su edad.
Ella paso su mano por su cabello acariciándolo para tratar de romper esa timidez tan característica de él pero el resultó envuelto en una masacre dónde los dedos de Emma cruzaban como flechas puntiagudas su ancho corazón.
—¿Deseas acompañarme al comedor para disfrutar del desayuno juntos?— Preguntó ella separándose un poco de él.
Él simplemente asintió ante su propuesta para luego quedar fijado en el rústico suelo de madera.
Emma sonreía por lo tonto que resultaba actuar Apolo, lo tomó de la mano guiándolo a través de la casa.
«Mi mayor deseo, Emma, es poder hablarte.
Que sinceros los sentimientos de este joven, espero algún día converse conmigo y me explique la razón de su desenfrenado control.
Cruzaron la entrada y de la entrada a la sala para luego llegar al comedor, ya allí se sentaron en la misma mesa, la comida yacía sobre ella.
—Buen provecho— Dijo Emma.
Apolo sonrió tontamente olvidando por un momento su apenada actitud.
—Es bueno saber que puedes sonreír— Comentó alegré Emma.
Esas palabras creaban frustración en el jovencito.
«Al parecer es lo único que puedo hacer».
—¿He dicho algo que te a disgustado?— Preguntó Emma con una mirada ingenua en su rostro.
El jóven giró el dedo índice para indicar que no había nada en sus palabras que lo hicieran estar incómodo.
Emma cambió repentinamente su expresión al ver a Liam entrando en escena.
La mesa dónde se encontraban era lo suficientemente grande como para que seis personas comieran en ella, así que no había pretexto alguno para no permitir que Liam se sentará allí.
—Dudo que ese vanidoso quiera desayunar en el patio— Murmuró.
Apolo encogido de hombros escucho a medias el susurro de Emma, este no puso atención y siguió comiendo su arroz con leche.
—¿por qué sigue él aquí?— Preguntó con altanería Liam.
—No perpetúes nuestro desayuno Liam— Replicó comiendo consternada del arroz con leche.
Emma quería mucho a Liam después de todo a Sido él quien siempre a estado a su lado, el problema se presenta cuando Liam deja ver su arrogancia y la disfraza de elegancia.
—Tengo más derecho que el huérfano a comer en la mesa— Replicó tirando la bandeja de Apolo a la esquina de la mesa.
Para Liam Apolo era un capricho de Emma, otro indigente que se le hace divertido cuidar.
«Emma jamás a sabido diferenciar la humildad con la estupidez». Pensó tratando de no perder los estribos.
—Discúlpalo— Dijo Emma dirigiéndose a Apolo— Es mejor que te sientes a mi lado, así las garras de Liam no te tocarán— Propuso de una manera tan dulce que era fácil omitir la parte mal intencionada.
Liam miraba con odio a Emma por llevarle la contraria.
Apolo no lo pensó más de dos veces y sin rechistar se pasó a los asientos del otro lado de la mesa, pintando en su rostro una enorme sonrisa, sonrisa que a Liam no le agrado para nada.
—¿Cuánto tiempo se va a quedar?— Preguntó apretando los dientes.
—El tiempo que sea necesario— Respondió tranquilamente Emma.
Emma disfrutaba frustrar a Liam, era un pasatiempo un poco desgraciado.
—¿Es una broma?.
—No digas tales tonterías, se muy bien que no aguantas las bromas— respondió.
Liam fijo la mirada en Apolo queriendo arrancarle la cabeza del cuello.
Apolo seguía callado intentando imaginar que él ya no estaba ahí.
El desayuno continúo en silencio, ninguno de los tres dijo o indicó algo, solo cesaron su apetito voraz como el de un oso que despierta luego de haberse pasado el invierno invernando.
—¿Se quedará mudo toda la vida?— Preguntó repentinamente Liam.
—¿En serio te importa o lo preguntas para molestarlo?— Replicó Emma con autoridad.
—Pregunto porque deseo saber o ¿Es que acaso estoy cometiendo algún crimen?.
—Solo hay que darle tiempo para que sus cuerdas vocales sanen— Contestó Emma desanimada por el mal comienzo de su mañana.
—¿Por que no le damos a probar el remedio de la tía Susan?— Preguntó Liam convencido de que si lograba sanar a Apolo, Emma ya no vería la necesidad de cuidarlo.
Ella lo miro confundida tratando de descifrar el truco de su azaña.
—¿No te molesta prepararlo?— Preguntó ingenuamente.
—Lo haría con el pretexto que es para ti— Confesó.
Esa excusa provocó que Emma diera un estresante suspiro.
«¿Por qué no puede ser agradable?» Se preguntó así misma.
—Esta bien Liam, te lo agradezco— contesté.
—Iré de inmediato— Dijo levantándose de la mesa.
—Me disculpo de nuevo por el comportamiento del atorrante de Liam— Comentó al notar que Liam ya no estaba lo suficientemente cerca para replicar.
Apolo no le daba importancia a los ataques sin motivo de Liam, aunque comenzaba a sospechar y a preguntarse la razón de que Emma y él vivieran juntos.
—Te tengo un regalo— Dijo sorpresivamente Emma.
Apolo reposó sus ojos un tanto apenado por la compasión de Emma.
«Tal vez si soy un solo un proyecto que ella necesita cuidar». Se cuestionó.
Emma lo sujetó de la mano, sacándolo de la mesa de manera brusca.
«Mi desayuno». Pensó con tristeza al alejarse con velocidad de la mesa, su barriga rugió, insatisfecha por el atentado en su contra.
Cruzaron la casa hasta llegar al jardín donde se encontraba una pequeña casita.
Emma soltó la mano de Apolo para cruzar el jardín y entrar a la casa, no tardó mucho allí adentró, salió alrededor de un minuto con el regaló entre sus manos.
—Toma— Dijo entregando una libreta a Apolo— Te servirá para comunicarte.
Apolo no tardó en estrenarla escribiendo en ella un “gracias”.