Apolo.
—Hoy aprovecharemos el día para que te pongas al corriente de todo, digo no puedes vivir en encerrado, no es que me moleste si lo haces pero sería bueno que primero vieras otras cosas antes de tomar esa decisión— Balbuceaba Emma caminando delante de mi guiándome el camino.
Aunque tal vez no era necesario me gusta estar detrás, puedo apreciarla sin que ella se de cuenta.
—¿Estás bien con mis condiciones?— Preguntó deteniéndose volteando para ver mi respuesta.
Saqué apurado el bolígrafo de mi chaqueta, actuando tan torpe como de costumbre.
Antes de escribir la miré y solo asentí, pensé que era mejor que gastar un espacio del cuaderno con un simple “Esta bien”.
Emma sonrió y siguió caminando, salimos de la casa, el sol chocaba con furia en mis pupilas.
Miré a mi alrededor sin una pizca de interés en lo que hay más allá.
No quería ser grosero con Emma pero realmente no me importa relacionarme con los demás.
Caminamos por el sendero del pequeño pueblo, la gente a nuestro alrededor cuando notaban la presencia de Emma dejaban de hacer lo que estuviesen haciendo y se tomaban la molestia de correr hasta ella para saludarla y darle los buenos días, me causaba un poco de risa porque parecían muñecos de cuerda que se activaban solo cuando Emma estaba presente.
Por mi parte, no recibí ningún saludo, solo escuchaba silenciosos murmullos.
—¿Qué te gustaría ver primero?— Preguntó deteniéndose nuevamente seguramente dándose cuenta que ni ella misma sabía a dónde se dirigía.
Está vez si utilicé la libreta.
Nota: Dónde tú quieras ir está bien.
Tal vez mi respuesta la complicaría un poco más pero realmente no tengo idea de a dónde ir.
—Bien— Contestó viendo a todos lados— Ya sé— Exclamó tomándome del brazo para luego salir corriendo.
Corrimos unas cuantas cuadras hasta llegar a una tienda de flores.
—Buenas— Dijo en voz alta Emma.
—Buenas— Salió una señora a atendernos— Pero si es mi querida Emma— Comentó alegremente la señora.
Ambas se abrazaron, seguramente ya se conocían.
—¿Cómo has estado? ¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres beber algo?— Preguntó sin esperar una respuesta antes.
—Vengo de paso, quería mostrarle la florería a Apolo— Respondió señalándome.
Alcé nervioso mi mano para saludarla, ella mostró poco interés en mi persona.
—¿Un nuevo amigo?— Preguntó mirándome de reojos.
—Si, llegó hace poco en una balsa y por desgracia no puede hablar, pensé que el olor de sus hermosas flores lo ayudarían— Contestó Emma sonando tan dulce como de costumbre.
—Nunca antes alguien me visitaba por un problema similar pero podemos intentarlo— Respondió sonando escéptica.
—Vamos— Murmuró Emma.
La seguí detrás adentrándome a esta selva con infinidades de plantas, flores y alguno que otro árbol.
«Desde afuera la tienda no se veía tan grande».
—¿Cómo están las gemelas?— Preguntó Emma a la señora.
—Están haciéndome un encargo, ya sabes cómo son, si la luna y el sol reencarnarán seguramente lo harían en esas dos— Respondió con cierta felicidad.
Emma se detuvo un momento indicándome que siguiera.
—Ya los alcanzo— Comentó quedándose atrás para disfrutar de una exótica mata.
Tragué grueso al darme cuenta que ahora me encontraba a solas con esta señora.
—Llegamos— Dijo Finalmente llegando a lo que supuse era su escritorio.
Sacó de allí una pequeña flor encapsulada.
—No hace milagros pero ayuda a realizarlos— Comentó la señora colocando la flor encima del escritorio.
Escribí rápidamente en mi libreta un “Gracias”.
No sé si fue mi idea pero sentí como la señora me observó de mala manera.
«Tal vez no eh Sido de su agrado».
Creo que eso es más que obvio.
Tome la flor y salí de ahí, siguiéndola nuevamente.
«Por favor aparece Emma».
—Bu— Gritó emma saltando de su escondite de raíces.
—Muy divertido jovencita Emma pero ya le he dicho varias veces que debe tener cuidado, hay algunas flores por aquí que no les gusta ser molestadas— Mencionó la señora con un tono muy bajo.
—Perdona— Respondió entre risas— ¿Ya la consiguieron?— Preguntó parando de reír.
Alcé la flor, mostrándome alegré de tenerla conmigo.
Sin querer la deje caer al suelo, permitiendo que fuera liberada de su prisión.
Tragué nuevamente pensando en las maneras en que la señora me mataría.
Busqué con velocidad mi bolígrafo para disculparme con ella.
—Esa era la última flor que me quedaba, la siguiente que tendré será dentro de diez años— Dijo soportando la evidente furia.
—Apolo lo siente, fue un error ¿Cierto?— Intervino emma.
Asentí con velocidad casi pegando la cabeza al suelo.
—Creo que es mejor que te lo lleves a explorar otro lado, joven Emma— Comentó mirándome con odio.
Emma me tomo del brazo, río nerviosamente y me saco de ahí.
—Nos vemos luego, mis saludos a las gemelas— Gritó ella para luego cruzar la puerta y dar con el exterior.
Afuera Emma me miró tensa, me encogí de brazos apenado por lo recién sucedido.
«¿Debería también disculparme con ella?».
Se puso en marcha sin siquiera dirigirme la palabra, la seguí detrás, pensando en cómo resolver mi resiente problema.
Llegamos a un pequeño establecimiento, dónde hice lo mismo que ella y tome asiento en las sillas que estaba puestas afuera.
Seguí con la mirada baja, pensando en que era lo correcto para decir.
—Querida Emma, que alegría verla por aquí— Dijo el el dueño.
—Hola, está cerca y pensé en venir a tomar algo— Contestó ella.
—Por supuesto, si desea estar sola puede sentarse en cualquier otra mesa— Mencionó él señor.
—No se preocupe, en realidad él viene conmigo.
Él hombre me miró impresionado.
«¿Qué clase de vida extraña lleva Emma aquí como para que la gente me mire con mala cara?».
—Entiendo, bueno entonces supongo que querrá que traiga dos bebidas?— Preguntó acomodándose el poco pelo que cubría su calvicie.
—Eso es correcto— Contestó con una sonrisa Emma.
El señor se esfumó dejándonos a solas.
Emma comenzó a suspirar con la mirada puesta en dirección al mar.
Comencé a escribir en mi libreta para subir su ánimo era lo menos que podía hacer por ella.
Nota: ¿Quieres ir al mar?.
—No— Respondió sin más.
Nota: ¿Estás molesta por mi accidente? Perdóname.
—No, no estoy molesta por eso, en realidad me causo gracia ver a la señora Harrigan tan alterada, aquí es complicado que la gente deje de sonreír forzadamente— Explicó sin mucho ánimos.
Nota: ¿Es eso lo que te tiene de tan mal ánimo?.
—Se podría decir que si, hay muy pocas personas en este pueblo que me tratan como una persona normal— Contestó a recostando la cabeza en la mesa.
Escucharla provocaba que me sintiera un poco mal porque hasta cierto punto yo también la veía como los demás, como alguien realmente sorprendente.
Nota: Ojalá pudieras verte en nuestros ojos, tal vez así lo entenderías.
Eso último no se lo mostré, hay cosas que es mejor guardarse.
Al rato volvió el señor con ambas bebidas.
Al principio me extrañó que se tomará la molestia de traerlos el mismo pero luego recordé que…
—Gracias— Exclamó con una falsa felicidad Emma.
Ella se levantó agarro su bebida y me pidió que fuéramos a dar una vuelta.
Tomé de un sorbo toda la malteada para luego levantarme.
Ella se rio al verme.
«Tal vez debería dejar de comportarme tan salvaje ante ella».
Nos dirigimos está vez metiéndonos a un sendero de tierra que dama a la cima de una pequeña colina, al llegar al final Emma se sentó en una enorme piedra que ahí yacía.
Debía admitir lo hermosa que era la vista, se podía ver todo el pueblo.
—¿Qué te parece la vista?— Preguntó ella.
Pude notar que se encontraba más relajada, su rostro me lo demostraba.
Nota: La vista es hermosa desde aquí arriba.
—Me alegra que sea de tu agrado — Contestó sonriendo.
Me quedé de pie dándole su espacio para calmar sus frustraciones.
«Ojala tuviera el poder de hacerte sonreír».
Luego de un rato Emma se levantó exaltada.
—Regresemos— Comentó.
«¿Tan rápido?».
Hubiese deseado poder pasar más tiempo con ella, con suerte aún no a llegado Liam.
Corrimos todo el camino de regreso, parecía que Emma se divertía, cada cierto tiempo volteaba a ver y me regalaba su carismática sonrisa.
Al llegar, fue por dos vasos de agua.
—Espero te hayas quedados ganas de volver a salir— Dijo tomándose de un jalón todo el agua.
«Tal vez si seamos un poco parecidos».
Nota: Si, fue divertido.
Ella sonrió acariciando mi cabello.
Amo que haga eso, puede sonar extraño pero me gusta sentir mis mejillas rojas, me gusta que seas tú quien me hace sentir así.
—Emma ya llegué— Gritó Liam entrando en escena.
«¿Por qué a mí?».
Liam se detuvo un momento observándome con desagrado.
—¿Puedes darnos un momento a solas?— Preguntó con arrogancia.
«No entiendo cual es su problema conmigo».
Me fui hasta las escaleras, me senté un rato allí a esperar por Emma.
A los minutos se aproximaban ambos.
Emma se paró enfrente de mi, tenía pintado en su rostro una expresión de alegría.
—Liam lo consiguió.