4. Curandero.

1477 Words
Liam. «Hijo de puta». En serio no se porque tengo que hacer esto, es obvio que no lograré que ella cambie de opinión, la conozco de toda mi vida, es una terca y arrogante. «¿Es que acaso no le basta conmigo?». «¿Por qué tengo que aguantarme esto cada cierto tiempo?». Para mí desgracia no es él primer imbécil que me tengo que aguantar, debería decírselo solo para que se baje de esa nube, lo peor es que es mas insoportable que los otros y a este ni siquiera lo eh tratado por tanto tiempo. Me dirigí a una pequeña cabaña alejado de todo, donde me puedo tomar un respiro de Emma y sus evidentes buenas intenciones. Adentro revisé la ruma de papeles que tenía de manera bien organizada, pensé en comenzar con la V pero era obvio que Emma querría probar antes de dársela a su nuevo juguete. Di un pequeño suspiro y me fui hasta la M de: medicamentos y cualquier otra cosa que sirva como medicina. Revise entre las carpetas y hasta finalmente encontrar la solución perfecta. No tenía mucha experiencia preparando este tipo de bebidas curativas pero era eso o tener que gastar mi sudor en curar las cuerdas de ese intruso. Me puse en marcha, despeje la mesa colocando sobre ella todos los ingredientes, lave los utensilios y comencé a preparar la bebida. Duré un largo rato revolviendo en bajo fuego, por poco y parecía una bruja. Al terminar deje que reposará un rato para que todo quedará bien asentado. Me recosté en la mecedora dejando de darme mala vida. «¿Por qué siempre me complicó la vida por ella?». Literalmente aprendí a ser curandero para complacerla, me frustra ser tan débil ante alguien y sobre todo me frustra tener que comportarme de esta manera tan denigrante. «Creo que solo me falta mover la cola como hace todo el mundo contigo». Me levanté más furioso de lo que me encontraba, embotelle la bebida y me asegure de guardar todo como estaba para luego salir de la cabaña. Esté es el único lugar que ella no conoce, siempre eh evitado que lo descubra, siento que esta pequeña casita es el único lugar en el mundo donde puedo frustrarme tranquilamente, dónde puedo ser yo, dónde puedo gritar y si es necesario maldecir. Regresé a casa, al llegar me di cuenta que ninguno de los dos se encontraba. «Debí haberlo visto venir». Debía estar haciendo la rutina de sacar al perro a pasear con la idea de que esté querrá vivir afuera pero en realidad seguirá aquí como un parásito. Subí las escaleras entrando en mi cuarto. «¿Por qué debemos vivir juntos? Ya no somos unos niños». Me desvestí por completo, dejando sobre la mesa de noche la botella, deje sobre el suelo todas mis prendas y me dirigí al baño a tomar una refrescante ducha, tal vez con eso lograba bajar mis humos. Al sentir el agua recorrer mi cuerpo solo podía imaginarlos juntos, me pregunte a dónde lo llevaría está vez ¿Al puesto de bebidas? ¿A la casa de los mil panes? ¿Al parque de los espejos?. Debía admitir que en ese aspecto si me la ponía un poco difícil, Emma siempre llevaba a sus nuevos juguetes a nuevos lugares. Al salir escuché como la puerta de abajo era abierta. «Ya debieron haber llegado». Me seque con velocidad, saque ropa limpia de los cajones y me vestí apresurado, no entendía mi agobio. «Yo soy el que vive aquí». Al terminar de vestirme, tomé la botella y me lance por la ventana, cayendo en el cómodo arbusto que había preparado para estás situaciones. Saque de mi bolsillo un espejo de mano para revisar que tan despeinado había quedado mi cabello. «No es nada que no pueda arreglar». Me dirigí a la entrada, suspiré para sonar lo más natural y entré. —Emma, ya llegué— Grité buscándolos. Con quién fui a dar primero fue con nuestro nuevo intruso, no pude evitar verlo con desagrado. —¿Puedo hablar un momento a solas contigo?— Pregunté casi que en el oído al mudo. Él se levantó y se fue, al menos dándome a entender que no es enfermo. —Lo tengo listo— Dije mostrándole la bebida. —Eres sorprendente Liam— Contestó Emma corriendo a mis brazos. —Se que lo soy— Respondí testarudamente. Pero me alegra cuando me lo dices. —¿Te sucede algo? Te ves un poco rojo— Preguntó ella apartándose para detallar mi cara. —Debe ser que me coloque de más el rubor— Respondí tratando de no sonar nervioso. —Veo que aún no eres un experto— Contestó ella sonriendo. —Si, supongo que no— Contesté apartando la mirada. —¿Me acompañas a darle la noticia a Apolo?— Preguntó. —Si— Respondí sin decir más nada. «No es como que tenga algo mejor que hacer que ver cómo ese imbécil tiene un momento de felicidad». Nos dirigimos hasta las escaleras dónde sabíamos que él estaría. —Liam lo logró— Exclamó Emma mostrándole la botella. Él la tomo entre sus manos para luego anotar quien sabe qué en su libreta. Se acercó a mí y me mostró lo recién escrito. Nota: Muchas gracias Liam. Lo mire con desigualdad. —No te preocupes, todo sea para que puedas comenzar tu vida en cualquier otro lugar menos aquí— Respondí sonriendo. —Oigan chicos, no hagan de esto un momento incómodo— Comentó Emma poniéndose en medio de los dos. —Él ni siquiera puede hablar Emma ¿Cómo piensas que hará de esto un momento incómodo?— Pregunté burlándome de su deficiencia. —Liam— Exclamó ella un poco molesta por mi comentario. —¿Eh dicho algo erróneo?— Pregunté. —No pero harás que Apolo se sienta mal— Contestó ella. «¿Por qué me debe importar como se sienta Apolo?. Pasé mi mano por mi rostro para limpiar mi estrés. —Bebe tu medicina— Dijo Emma dirigiéndose a Apolo. Por supuesto que tú estás más emocionada que él ¿por qué no es de extrañarme? Él asintió para luego destapar el frasco y beber su contenido. —Intenta hablar— Dijo ella. —Espera, debes darle tiempo para que la medicina haga efecto, no es una cura milagrosa, si intenta hablar solo se escuchará como un piano mal afinado— Expliqué— Debe esperar un par de días para que sus cuerdas se desinflamen. —O mejor tú haces que se desinflamen de una vez— Sugirió Emma. La miré queriendo ponerle un tirro en la boca. —Buena idea Emma pero como tu invitado me da muy igual, decido hacerlo esperar— Dije sonriéndole, cerrando los ojos al mismo tiempo. —Que cruel eres— Respondió ella. —Y tú muy ingenua pero no por eso te crítico— Contesté. —¿Por qué debes comportarte como un cretino?— Preguntó sonando molesta. —¿Qué quieres? ¿Que me ponga en cuatro patas, saque la lengua y te de mi mano? ¿Quieres que me comporte igual de miserable que tus juguetes?— Pregunté sin poder soportar lo frustrado que me hacía sentir. —¿Cuándo te volviste tan desalmado?— Preguntó con la voz quebrada. —Cuando tú te volviste egoísta y comenzaste a pensar solo en ti— Respondí sin importarme las consecuencias. Emma comenzó a llorar, tal vez había Sido un poco duro con ella pero se lo merecía, alguien debía abrirle los ojos. Quise disculparme pero mi orgullo no me lo permitió. El mugroso de Apolo fue quien la cubrió entre sus brazos llevándosela con él. —Diviértete cuanto puedas, tú solo eres un pasatiempo para ella— Grité. Salí de casa, azotando la puerta detrás de mi. Caminé lo más rápido que pude hasta llegar a mi pequeño refugió, estando ahí lance todo al suelo, desquitándome con lo que se atravesará. Saque uno de mis remedios y comencé a prepararlo, estuve un buen rato parado revolviéndolo, este sin duda era uno de los más difíciles de lograr preparar. Al terminar no espere que se enfriará y lo serví en un vaso. «Estoy cansado de aguantar tu malcriada actitud, no soy tu papá para tener está obligación». Agarré el veneno que quemaba mi mano por lo caliente, estaba listo para beberlo pero al final no pude, lo lance con enojo contra la pared. —¡Maldición!— Grité. ¿Por qué tenía que sentirme así? ¿Por qué ella?. Salí un momento para tomar aire, me lance en la grama viendo el bastó cielo azul. «Me eh mentido, por supuesto que ella ha estado aquí». Cerré los ojos para recordar aquellos días, dónde renuncié a mi felicidad por hacerla feliz a ella.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD