Apolo.
Hoy finalmente era el gran día, ya han pasado los tres días que me indicó Liam.
Me levanté de un brinco de la cama mirándome en el espejo que me regaló Emma.
Empecé calentando mi voz, haciendo varios ejercicios vocales.
En realidad ha pasado tanto tiempo que ni siquiera puedo recordar cómo me escucho.
Me miré de frente abrí la boca y justamente cuando sentía que la voz saldría, Emma entro en mi alcoba.
—Buenos días— Dijo saltando alrededor de mi en un pie.
Sonreí al verla.
«Tal vez debería practicar con ella y responderle a sus buenos días».
Mi emoción era enorme.
—¿Estás viendo lo lindo que eres?— Preguntó deteniéndose para mirarse también en el espejo.
«Cree que soy lindo».
Me sonroje de inmediatamente al escucharla, tratando de que no se diera cuenta.
Me aparte para buscar en mi cama la libreta.
Nota: No, solo me miraba, es un poco raro verme.
—Para todos es raro al principio, recuerdo que Liam solía llorar cuando le quitaba un pedazo al mar para construir estás cosas— Respondió ella, viéndose detalladamente el rostro.
No entendí lo que quiso decir, más bien parecía un poco raro su respuesta.
«Mejor no pienses de más en un día tan especial».
Me pregunté por qué Emma aún no decía nada referente a mi voz.
«Tal vez tenga algo preparado para mi».
—¿Vienes a desayunar?— Preguntó volteando a verme.
Asentí, me coloque mis amuebladas chancletas y junto a ella bajé al comedor.
Tome asiento mientras Emma iba por el tazón, la leche y el cereal, es su desayuno favorito aunque muero por decirle que no es sano que desayuné todo el tiempo eso.
Observé de lejos como interactúan con Liam, desde aquel día no se hablan con normalidad, al parecer el orgullo de Liam es muy fuerte.
—Pudiste haberme pedido que te pasará las cosas— Comentó Liam caminado delante de ella.
—¿Para que te quejarás?— Preguntó Emma.
Él no respondió solo tomó asiento con nosotros.
Cómo los anteriores desayunos este también sería igual de malo.
Liam me observaba cada cierto tiempo, seguro deseando que me atragantara.
—Hoy es un día especial— Comentó él sonriendo levemente.
Emma no respondió.
—¿Qué harás hoy Emma?— Preguntó observándome.
—¿Para que te interesa saber?— Contestó malhumorada.
—Solo tengo curiosidad— Respondió disfrutando de mi sufrimiento.
«Habla Apolo, habla y hazle sentir mal».
Bajé la cabeza empujando el tazón al medio de la mesa.
—¿Qué pasa Apolo? ¿No tienes hambre?— Preguntó Emma.
Indiqué con mi mano que mis ganas de comer eran mínimas, me levanté y me dirigí a mi cuarto.
«¿Por qué no puede desaparecer?».
Antes de subir las escaleras Emma me tomo del brazo deteniéndome.
«Este es mi momento».
Abrí mi boca para finalmente permitir que ella me escuchará.
—No deberías estar hoy en casa— Comentó interrumpiéndome.
La miré confundido, sentía como si hubiera bateado mi corazón.
«¿Acaso me está pidiendo que me vaya?».
Escribí rápidamente en mi libreta.
Nota: ¿por qué debería irme?.
—Es que saldré hoy y dudo que quieras quedarte con Liam— Explicó.
Nota: ¿No puedo ir contigo?.
—Me gustaría pero me gustaría más si logras convivir en este lugar, se supone que vives aquí ahora, dale un intentó o saldrás corriendo— Dijo casi cantando.
Asentí desanimado.
«Hoy no estaré con Emma».
¿Qué será de mi sin ella? No me llevo con nadie en este pueblo.
—Suerte— Dijo despidiéndose de mí.
Sonreí a medias subiendo a mi habitación para cambiarme de ropa.
Al bajar me crucé con Liam quién por alguna razón estaba destrozando con un cuchillo el mueble, él volteó a darse cuenta de mi presencia, me invadió un miedo terrible que casi me paraliza, con torpeza escribí en mi libreta para intentar salvar mi vida.
Nota: Saldré un rato ¡Por favor no me mates!.
Él suspiró, me miró con desagrado como de costumbre y respondió.
—Das pena.
Se levantó y me paso por un lado casi tumbándome al suelo.
«Que fuerza tiene».
Tragué grueso y salí apurado de casa, no debía tentar mí suerte.
Afuera mire hacía todas las direcciones.
«¿Por dónde debería ir?».
Caminé hacia la derecha esperando encontrar gente agradable en el camino.
Termino siendo todo lo contrario, por alguna razón en la mayoría de establecimientos me sacaban a gritos, eso sin duda me causó mucho miedo.
«Que traumante son los ciudadanos de aquí».
Di un largo recorrido en busca de algún lugar donde pudiera pasar el rato.
«Debí preguntarle a Emma cuánto tardaría en volver».
Sin darme cuenta termine llegando al final de la calle, está estaba cubierta por un césped largo que no me dejaba ver el otro lado.
Si no mal recuerdo de allí vengo yo, estoy seguro que del otro lado está el mar.
Miré a mi alrededor, la poca gente que estaba detrás no prestaba atención a lo que estaba por hacer y tampoco había algún cartel puesto que indicara que estaba mal cruzar al otro lado.
«De todas formas Emma lo ha hecho».
Me puse un poco nervioso al mencionarlo en mi cabeza.
«¿Qué haré si ella se molesta?».
Cerré los ojos y coloqué mi mano sobre el verde césped listo para dejar caer en un repentino accidente mi cuerpo al otro lado.
—¡Oye!— Gritó alguien detrás de mí.
Me alarmé todo, quise intentar escapar pero cuando me di la vuelta tropecé con mis pies y caí hacía el otro lado.
—Auch.
Al abrir los ojos me extrañó no poder ver el cielo, se encontraba cubierto por un gran árbol, tal vez si me esforzaba lo suficiente encontraría espacios donde pudiera ver al menos alguna nube.
—¿Estás bien?— Preguntó un hombre que también se encontraba de este lado.
Me quede boca abierta, teniendo miedo por el aprieto en el que me encontraba.
Asentí inmediatamente y me puse de pie para pedir perdón.
—Espera, detente— Dijo riendo.
Lo mire extrañado.
«Es raro que no me este gritando o mirando mal».
¿Qué le sucedía a este ciudadano?.
Saque mi libreta y comencé a escribir.
Nota: Un gusto soy Apolo, me disculpó por cruzar de este lado, no estaba enterado de que está prohibido.
—Un gusto Apolo, mi nombre es Nicolás y no, no está prohibido venir a este lado de la isla— Contestó con una sonrisa de par en par— ¿Te apetece comer algo?— Preguntó cortésmente.
Nota: No quiero ser una molestia para usted seguramente se encuentra ocupado.
—En realidad no, ya terminé todo lo que tenía planeado para hoy— Respondió— ¿Qué te parece si me haces compañía un rato?.
Asentí inmediatamente, tenía la oportunidad perfecta para evitar tener que volver a casa y estar a solas con Liam.
Solo podía imaginármelo intentando matarme de la manera más Tortosa.
Nicolás se adelantó, recogió una naranja que posaba sobre el suelo y me la regaló.
—Acepte como una demostración del comienzo de nuestra amistad— Comentó con alegría.
En ese momento pensé en muchas cosas pero lo que más retumbaba en mi cabeza era saber que finalmente conseguí con quién pasar el rato, Emma se sentirá muy orgullosa de mi.
Nota: Me alegra que podamos ser amigos.
Él sonrió y comenzó a caminar, dirigiéndose a una enorme casa que se veía a lo lejos.
Nota: ¿Vive usted solo en esta jungla?.
—Si, desde siempre en realidad, me gusta estar alejados de todos para poder vivir una vida más real y sobre todo me gusta escuchar por las noches las olas del mar— Contestó.
Debía admitir que su presencia era muy agradable, era como cuando salte sobre la arena.
Nota:¿Por qué no le gusta el pueblo?.
—Me encanta el pueblo— Respondió en voz alta— Solo que proyecté mi vida en este lugar.
No podía entenderlo pero supongo que tampoco es necesario hacerlo.
—¿Tu de donde vienes? No te había visto antes por aquí— Preguntó.
Nota: Vivo con Emma y Liam, soy nuevo aquí, llegué hace poco en una balsa.
—Así que eres el nuevo inquilino de esos dos.
Nota: Si.
—¿Y que tal la estás pasando?— Preguntó indagando.
Nota: Emma es muy buena conmigo y Liam él es él.
—Supongo que las cosas no han cambiado.
Nota: ¿Qué quieres decir con eso?.
—No es nada— Respondió evadiendo mi pregunta.
Todas sus respuestas solo me dejaban más confundido.
—¿Por qué no puedes hablar?.
Nota: Tengo las cuerdas vocales inflamadas.
—Ya veo, debe ser una verdadera tortura para ti.
Asentí sintiéndome aún más mal por no poder terminar con esta tortura.
Finalmente nuestro recorrido llegó a su fin y llegamos a la enorme casa.
—Toma asiento, iré por un poco de agua— Comentó metiéndose adentró.
Tome asiento en la mecedora pensando en la alegría de Emma al escuchar mi voz.
«Aunque podría dejar de quererme».
Las palabras de Liam vinieron a mi cabeza, recordé que uno de los motivos de que viva con ellos es por mi problema del habla, si Emma se entera tal vez no me permita vivir más con ellos.
«No puedo permitir que eso pase».
Comencé a agitarme sin saber que hacer.
—Toma— Dijo apareciendo con los vasos de agua Nicolás.
Él tomó asiento a un lado de mi.
—¿Sucede algo? Te noto un poco preocupado— Preguntó.
Nota: No es nada, solo he recordado que debo volver a casa temprano.
Él solo sonrió para luego beber su agua.
«¿Qué debería hacer?».
Engañar a Emma no era lo correcto pero ¿Qué pasa si Liam está en lo correcto? No quiero ser desechado.
Nota: Además de mi ¿Alguien más viví con Emma?.
Él leyó pensativo mi pregunta, viendo a la nada, tratando de recordar.
—Si, pero para serte sincero ya ni recuerdo sus caras, podría decir que todos eran como tú— Contestó riendo.
Mi piel se erizo por completo al escucharlo, algo no estaba bien en este lugar.
Me termine mi vaso de agua y me levanté para regresar.
—¿Ya te vas?— Preguntó Nicolás.
Nota: Si, te agradezco el vaso de agua y tu amistad, me ayudó mucho hoy.
—Bueno espero verte de nuevo Apolo— Respondió con alegría.
Asentí y partí de nuevo a casa.
Tal vez Emma aún no había llegado pero eso era lo mínimo que me importaba ahorita, debía pensar en una forma de estropear de nuevo mi voz, de alguna forma debía mantenerme a su lado.
Corrí por toda esa jungla escuchando el ruido de los animales de fondo, era extraño estar aquí, antes de poder cruzar el césped por un momento me sentí triste como si estuviera de nuevo en la balsa, como si estuviese esperando por ella.