Liam.
Di un largo suspiró tratando de despejar mi mente con lo que fuera que me tocaría preparar para cenar pero aunque recree un montón de platillos, en mi cabeza seguía vagando la incógnita de ¿Cómo ponerle fin al dilema?.
«Que frustrante es pensar en alguien mas».
—Ya llegué— Gritó Emma entrando a casa.
Escuché sus pasos dirigiéndose hacía el segundo piso, tal vez iría a cambiar su ropa.
Me relajé un poco al pensar que podría dejarlo pasar pero de repente escuché como corría de nuevo hacia abajo y así llegó hasta la cocina dónde yo me encuentro.
—Disculpa que te moleste pero ¿Puedes hacerme un favor?— Preguntó sin siquiera verme a los ojos.
—¿Por qué no se lo pides a tu criado?— Pregunté con sarcasmo.
«¿Se supone que me sienta mal por lo que acabo de decir?».
—Apolo se encuentra durmiendo— Contestó sin ganas.
Eso explica porque subió.
—¿Qué es lo que quieres?— Pregunté ingeniando guiarme por ahí.
—Necesito que vayas a la panadería y compres unas cien galletas con chispas variadas— Respondió leyendo el papel que traía con ella.
—¿Si estabas afuera por qué no fuiste tú?— Rezongue.
—Se me ha olvidado pasarme por ahí y cuando recordé ya era muy tarde, iría pero mi siento un poco cansada por eso pensé en pedirle el favor a Apolo pero está bien, él está durmiendo y tú pareces solo querer comenzar una discusión— Dijo con fuerza arrugando el papel en su mano para así dar la vuelta y retirarse.
—¡Espera!— Exclamé tomándola del brazo— Disculpa— Dije en voz baja.
Emma volteó viéndome sorprendida.
—¿Por qué te disculpas?— Preguntó.
«Maldición».
La miré consternado pero se que debo ponerle fin a esta discusión para así darle espacio a las futuras.
Me tragué mi orgullo y con dificultad respondí.
—Realmente ya ni me acuerdo porque estábamos peleados.
—Eres sorprendente— Comentó molesta.
—Eso si que lo sé— Contesté robando el papel de su mano— Pero como si busco ponerle un fin a esta absurda discusión te haré este favor— Comenté guiñando un ojo.
Ella resoplo para luego sonreír ligeramente.
—No te tardes, es peligroso andar tan tarde por el pueblo.
—Es muy lindo que me cuides Emma— Dije en voz alta dirigiéndome a la entrada para salir de casa.
Afuera revisé el trozo de papel que se estaba desmoronando.
«En lo que me meto».
Miré al cielo dejando escapar un pequeño suspiro.
«Mejor me apresuró para volver pronto».
Caminé por el sendero del pueblo deseando no encontrarme con nadie cosa que fue imposible que se me cumpliera, a los segundos pude notar como las personas dejaban de hacer lo que estuviesen haciendo para acercarse y cuchichear.
«Cosas que no extraño».
Deje de pensar en ello, ya estaba lo suficientemente grande como para querer estar oculto detrás de Emma.
«Y aunque lo quisieras, ahora se me haría imposible ocultarme detrás de ella».
Al llegar de la panadería me acerque para pedir desde afuera.
—Buenas noches me.
Él niño me miraba con asombró, sin poner atención a mis palabras.
—¿Desea pasar? ¿Eso es lo que quiere cierto?— Preguntó bajándose de su puesto para agarrarme de la mano y llevarme hasta dentro de la panadería.
—No, realmente no era necesario todo esto— Comenté en voz baja.
—Papá el Señor Evans está en nuestra panadería— Gritó para que no solo papá estuviese enterado.
Todos los demás trabajadores comenzaron a mirarme, a cantar y a bailar, todo parecía un extraño musical, dónde se suponía que yo debía reír pero la verdad es que yo seguía ahí esperando mis galletas.
—Niño quiero unas galletas sirve de algo y buscarlas— Dije con la paciencia agotada.
—Usted me ha hablado como si fuéramos amigos— Dijo maravillado.
Él niño salió corriendo supongo que a buscar lo que le había pedido.
Salí de la panadería para sentarme en la acera de afuera a esperar más tranquilamente.
«Le dije a Emma que no era necesario involucrarnos con ellos».
¿Acaso no podían tener un lugar donde vivir a parte?.
Limpié con mi mano el estrés de mi frente.
—Señor Evans tomé— Dijo corriendo está vez un viejo con mi pedido.
Lo agarre y agradecí por su tan buena y asombrosa atención (eso último fue sarcasmo).
—No es necesario que me lo pague, invita la casa— comentó sonriendo.
—Tome— Exclamé colocando el billete en el bolsillo de su camisa.
«Gente rara».
Siempre han logrado ponerme la piel de gallina.
Sin permitir que me diera una respuesta me voltee para regresar de nuevo a casa.
Él camino de vuelta se me hizo más tranquilo, más callado, tanto que hasta pude disfrutar de estar por estos lares.
—Liam— Escuché que gritaban mi nombre.
Tragué con enfado un poco más malhumorado de lo normal, me voltee para ver de quién se trataba está vez.
—Hey, cuánto tiempo— Dijo una de las amigas de Emma que en este instante no logro recordar su nombre.
—Hola— Respondí sin más.
—¿Qué haces por aquí?— Preguntó agitada.
—Fui por un paquete de galletas— En ese momento me di cuenta que lo que me han entregado no eran cien galletas, si acaso lograban ser treinta.
«Maldición».
—Supongo que es para lo de mañana— Dijo riendo.
—Supongo.
—¿Qué tal si vamos a caminar un rato? la luna está muy linda está noche ¿No crees?.
—Gracias pero ya he disfrutado mucho de observar la luna— Contesté volteándome para ponerme en marcha— Hasta mañana.
—Hasta mañana Liam— Gritó ella despidiéndose— Cuídate y sueña cosas lindas, no conmigo— Añadió enredándose con sus palabras.
«Espero no tener que volver a salir».
Al llegar a casa me dirigí a la cocina saque de la nevera la jarra con el jugo de manzana y me serví un poco para recuperar los ánimos, revisé la bolsa de galletas para darme cuenta que no eran treinta si no cuarenta.
—De todas formas estoy seguro que no seremos muchos— Comenté dejándolo pasar.
Las tomé y subí al segundo piso queriendo entregárselas a Emma, sonreí levemente al pensar en su rostro y en lo agradecida que estaría conmigo, me imaginé escenarios dónde saltaba a mis brazos y de manera dramática me pedía que sacará a Apolo de casa.
Antes de tocar la puerta de su cuarto note como la puerta de la habitación de Apolo se encontraba abierta, me acerque para ver qué estaba haciendo, no hice mucho ruido pues con suerte era algo malo.
Al llegar los vi a ambos, Emma y Apolo los dos bien abrazados, me devolví a la cocina tire la galletas al mesón y me fui a dormir.
«Hoy la luna se encuentra muy linda para sufrir por niñerías».