Exequiel. —Me asusté como la mierda Ara. —Yo igual. —se apoya en mi hombro toda temblorosa y yo la aprieto aun mas porque tambien no puedo tranquilizarme—. Por Dios, ahí supe lo que es la desesperación. —Yo igual. —me friego la cara con fuerza y mi cuerpo tiembla a mas no poder—. Por un momento creí que ya no la encontraba... Jamás le rogué tanto a Dios como hoy a la tarde para que la pueda encontrar. —estamos en la puerta mirándolos dormir en una sola cama juntos, los tres—. Te juro que me dieron ganas de darle una paliza cuando la vi mirando esos peces tan tranquila. —Yo creo que le habría dado la paliza de los nervios que tenía... Dejémoslos dormir, ya me estoy calmando un poco. —Dale. —volvemos a nuestra habitación a prepararnos para dormir, nos sentamos sin hacer nada, creo que

