Prólogo.
Luego de algunos años; audicionar era fácil, pero conforme más me quedaba en ese lugar... Sus ojos azul grisáceos junto a sus fuertes y grandes brazos me atrapaban.
Su voz... Grave y varonil, sumado a la perfección y compatibilidad de nuestros movimientos hacían imposible apartarme.
Todo comenzaba a encajar... Todo lo hacía...
Sus labios pegados a mi oreja con sólo una frase que salía en tal susurro que...
Se podría decir que tenía una "Vida Normal" sin él, amigas, buenas calificaciones, un Novio bueno y cariñoso, un departamento con las dos personas más locas del mundo...
Pero no es así.
"Mi bailarina. Eres mía y de nadie más".
***
Me encontraba en el salón de baile, necesitaba aclarar mis pensamientos, después de lo que vi. Mi corazón estaba hecho trizas luego de ver a Hunter con Allison en el cuarto de música. Sinceramente debo de dejar de hacerme ilusiones con él y centrarme en mi vida.
Encendí el radio y dejé que la música me llenara, hace tan solo unas semanas me había hecho creer que yo sería su última y que nadie absolutamente nadie se iba a interponer entre nosotros.
La canción que sonaba me recordaba a nuestro primer baile, ese día sin duda había sido mágico; ese día juré que vi como caía ante su fría mirada mientras nuestros cuerpos se complementaban con sus movimientos y la energía que cada uno botaba al sentir la música.
No pude continuar porque alguien entró entonces y apagó el equipo— ¡Oye! ¡Intento bailar si no te molesta!
—Tenemos que hablar. —dijo con las cejas fruncidas, claramente molesto. Su respiración subía y bajaba rápido y sus músculos estaban tensos en forma de defensa.
— ¡Tú y yo no tenemos nada que hablar! —le grité a sabiendas que eso lo molestaría más de lo que estaba.
— ¡Sí! Sí, tenemos que hablar… Avery no pasó nada con Allison allá adentro…
—No quiero tus malditas explicaciones… Me lo advirtieron y no les hice caso, me dijeron que era un error involucrarme contigo porque tú nunca has tenido algo formal, solo esperas a acostarte con la persona y luego la botas…
—Por favor escúchame… No pasó…
— ¡No vengas tú con tus estu! — no pude terminar de insultarlo porque su boca ya estaba sobre la mía reclamando mi lengua en un beso completamente salvaje y lleno de necesidad.
Intenté alejarlo, pero sus manos me lo impidieron, me estaba apretando más hacia su cuerpo y como soy una boba, una tonta en ocasiones como esta dejé de resistirme.
Separó nuestros labios y unió nuestras frentes.
—Por favor… Ella fue la que me buscó, nunca te haría algo así Ave…
Mi respiración era completamente agitada y quería golpearlo, si es posible hasta matarlo, no me merecía y eso lo había demostrado cuando besó a esa perra.
—Te adoro… Terminé lo mío con Allison hace ya mucho tiempo, pequeña. Nada me importa más que hacerte feliz ahora.
Comencé a dejar leves golpes en su pecho con mis puños, sentía un dolor horrible y necesitaba alejarme de allí rápido. Mi mente me decía “Mándalo a valer madre”, pero mi corazón me decía todo lo contrario a ello.
— ¿No dirás nada?
Lo miré una vez más—Odio que me rompas el corazón. Me abrazó más fuerte, soltó una de sus manos de mi espalda y con ella tomó mi mentón para que lo mirara.
Sus labios tenían una expresión linda cuando los volví a ver —Eres mi DANCER, nunca te romperé el corazón Ave… Nunca…
Dijo mientras besaba rápidamente mis labios.
Sus manos volvieron a mi espalda y la acariciaban cariñosamente; a pesar de todo y de que aún estaba molesta con él quería pasar el momento junto a él de una manera que nos hiciera olvidar lo anterior.
Bajé mi mano a su entrepierna; podía sentir que aunque siguiéramos abrazados su amiguito no lo estaba pasando tan bien.
Me dio una mirada rápida y luego me alzó de manera que yo quedé sobre sus caderas para poder sentir todo lo que le provocaba con tan solo estar cerca de él.
Me llevó a la oficina de la señorita Tate y luego me estampó contra el escritorio de la antes mencionada. Sus rápidas manos quitaron mi camiseta junto a mi top y tomó uno de mis senos en su mano para apretarlo y luego llevárselo a la boca y morderlo haciendo que mi autocontrol se fuera a la mierda y soltara un gemido que para él fue como si los dioses le hablaran.
Subió a mi cuello y dejó besos húmedos para luego bajar por mi espalda darme la vuelta y agacharse para sacarme la pequeña y liviana falda que tenía.
- eres mía pequeña, solo mía- decía. Yo estaba tan excitada que solo pude asentir.