Avery: — ¡Sus manos arriba! Vamos, muévanse al ritmo de la música —. Nos gritaba Tate desde una esquina del gran salón con el mando a distancia del equipo de música en mano mientras nos miraba bailar—Macarena ya te vi, hazlo de nuevo. Su rutina era básica, pero con cada paso de baile sencillo había 100 complicados entre los cuales estaban cargadas, saltos nuevos y diferentes tipos de acrobacias en parejas. La música tenía un ritmo único que palpitaba en cada corazón presente. Yo estaba centrada en la imagen que veía reflejada en los grandes espejos que tenía al frente. Esa que desbordaba la energía y que no quería parar, junto a mí estaba Hunter con esa actitud fría y seria que se le caía en cuanto nuestros ojos se conectaban o en su defecto nuestros cuerpos se tocaban con el más mínimo

