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1591 Words
La brisa del mar golpeaba mi rostro, o más bien el velo n***o que aun cubria mi rostro, mientras que el barco real de Nexusburg se movía en el mar, el día temido había llegado y seguramente estaba a horas de llegar a mi próximo destino y quizás mi lugar de muerte. Sin embargo lo que sucedió en el jardín del palacio me dejó un poco dudosa acerca de las intenciones del príncipe. Pero no puedo confiar en una cara linda. Quizás solo se comportó como un caballero y cuando lleguemos a Nexusburg quiera darme de baja. — ¿Te gusta? — ¡Mierda! — Doy un respingo al escuchar la voz de Aron a mi lado. — ¿Mierda? — Enarca una ceja y me mira de arriba a abajo. — Lo siento por mi vocabulario, solo que… me asusto. — No te preocupes, también acostumbro a maldecir. — Se encoge de hombros. — ¿Que se supone que me debe gustar? — Lo miro — El viento. Vuelvo a mirar al horizonte — Me dejo llevar por la brisa del viento, sintiendo su fuerza impulsándome hacia nuevos horizontes, recordándome que en la libertad de mi vuelo encuentro el poder para alcanzar mis más grandes sueños. — Vaya… eso es muy inspirador. — Se instala un momento de silencio entre nosotros, mientras que la brisa sigue soplando. — Eres diferente a otras princesas, noto que el rey te ha dejado buenas enseñanzas. Suelto una pequeña carcajada que de inmediato ahogo con mi mano. — ¿Acaso no lo ha hecho? — preguntó el príncipe Aron. — Digamos la relación que tengo con mi padre no es muy buena que digamos… todo lo que he aprendido ha sido gracias a una mujer llamada Lola. Vaya… si que te estas tomando muy enserio lo de ser la princesa. Dice la voz en mi cabeza. — Te entiendo, yo no tengo una buena relación con mi padre, sobre todo cuando volvió a casarse después de que mi madre muriera. Tal parece que lo de esposas muertas es de familia. Volvió a repetir aquella voz. — ¿Tienes hermanos o hermanas? — Si, tengo 3 hermanos, los conocerás cuando lleguemos a Nexusburg. — ¿Qué tan lindo es tu reino? — Lo miró con curiosidad y lo veo sonreír. — Es simplemente encantador, tiene muchos campos verdes, el color blanco reluce en todos lados, no como Elmbrook que es un poco tosco y frío. — Eso último no lo pienso refutar, mi padre es un avaro que solo piensa en el mismo. ¿Qué más puedo decir? De alguna forma debo vengarme del Rey. — ¿Segura que eres la princesa Margarita? Porque había escuchado otro tipo de cosas sobre ti. — ¿Seguro eres el príncipe Aron? Porque he escuchado otro tipo de cosas sobre ti. — Tuche. — ¡Llegamos a Nexusburg! — Gritó uno de los tripulantes, mientras que hacía sonar una campana. De inmediato, mis ojos se dirigen hacia el horizonte, donde entre la neblina mañanera se dibuja la silueta imponente de un majestuoso castillo. Es como si la realidad misma se hubiera materializado de las páginas de un cuento de hadas. El blanco resplandece en la inmensidad de su estructura, dominando el paisaje con una elegancia sin igual. A medida que la neblina se disipa, puedo distinguir más detalles. El dorado reluce en cada remate, cada adorno, cada estandarte que ondea al viento. Es como si el sol mismo se hubiera posado sobre aquel castillo, iluminándolo con su resplandor. Observó maravillado el paisaje que se extiende ante mí. Verdes prados se despliegan a lo largo y ancho, salpicados aquí y allá por bosques frondosos. La naturaleza en su máximo esplendor, un espectáculo que desafía la imaginación. — ¿Te gusta? — preguntó el príncipe a mi lado. — Es bellísimo, nunca antes había visto un castillo tan… blanco. — Mi familia considera que el color blanco simboliza dos cosas. Paz. Porque siempre nos hemos mantenido al margen de las guerras y la pureza, porque todos provenimos de un largo linaje de reyes y reinas, por eso es muy importante seguir siendo de sangre real. Si supiera que realmente no soy una princesa me mataria… igual lo hará ¿No? — Interesante. — Simplemente respondo. — Ya tengo ganas de recorrer todo el castillo y por supuesto conocer los alrededores del reino. — ¿En serio quieres recorrer el reino? — Me mira con extrañeza. — Si ¿Hay algún problema con eso? — No… — El príncipe respondió con duda. — Pero esta bien, yo mismo te daré el recorrido, cuando era más joven solía escabullirme del castillo para salir y respirar un poco de toda la parafernalia de la realeza. Muchos sentimientos comienzan a arremolinarse dentro de mí, todo lo que estaba pasando es realmente extraño, sobre todo porque el príncipe Aron ha demostrado ser un hombre completamente diferente a lo que dicen, sin embargo debo mantenerme en alerta de cualquier actividad extraña de su parte. De repente un fuerte ruido se va escuchando a medida que avanzamos en nuestro camino a tierra firme. — ¿Qué es todo ese ruido? — Le pregunto a Aron. — El pueblo te está esperando. Solemos recibir a personas importantes con una gran caravana, para que se sientan bien recibidos en Nexusburg. Al acercarnos más al puerto, mis ojos capturan la escena vibrante que se desarrolla ante nosotros. Todas las personas reunidas allí están radiantes de emoción, agitando banderas de papel con entusiasmo mientras una banda llena el aire con una tonada festiva. El barco finalmente atraca, y veo cómo las escaleras son desplegadas rápidamente para facilitar el desembarque. En ese momento, Aron, el príncipe del reino al que hemos llegado, se adelanta y es el primero en descender. Su presencia es imponente, pero su gesto de caballerosidad y amabilidad no se hacen esperar, pues apenas toca tierra firme, se vuelve hacia mí y me ofrece su mano para ayudarme a bajar. Aunque no llevo un vestido ostentoso como algunas de las damas de la corte, mi atuendo resulta un poco engorroso para moverme con facilidad en el barco. Agradezco el gesto del príncipe Aron, sintiendo cómo su mano firme me brinda estabilidad en el descenso. Con cuidado y gracias a su ayuda, logro poner pie en tierra, sintiéndome más segura con cada paso. La emoción de estar frente al príncipe y de adentrarme en su reino desconocido hace que mi corazón lata con fuerza. — ¡Princesa Margarita! — Gritaron un grupo de niñas las cuales levantaban sus manos para saludarme. — Eres aclamada por todos. — Habla Aron. — Debo decir que me encuentro un poco intimidada. — Te acostumbraras con el tiempo. — Responde Aron, mientras que caminamos por el puerto con una entrada de personas gritando nuestros nombres… o más bien el de Margarita. ¿Acostumbrarme? No creo que eso suceda. Caminamos por el puerto, saludando a todas las personas que nos recibían con entusiasmo, hasta llegar al final, donde nos esperaba un majestuoso carruaje. Aron, con su elegancia habitual, me ayudó a subir y luego se colocó detrás de mí. En pocos minutos, estábamos recorriendo las calles del reino de Nexusburg. A medida que avanzábamos, el castillo se iba volviendo cada vez más imponente a lo lejos. La pureza que reflejaba era simplemente inimaginable. Miré a Aron, completamente sorprendida por la magnificencia del lugar, y él simplemente me regaló una ligera sonrisa. Aunque su gesto era sutil, podía sentir su mirada sobre mí, llenándome de un cálido confort. Finalmente, llegamos frente a las imponentes puertas del palacio, que se abrieron majestuosamente, revelando la hermosura del lugar. Una fuente de agua se alzaba en el centro del patio, rodeada de exuberante vegetación y hermosas flores que adornaban cada rincón. El espectáculo era deslumbrante y me dejaba sin aliento. Nunca antes había presenciado tanta belleza y serenidad en un solo lugar. La perfección de cada detalle me llenaba de asombro y admiración, y podía sentir la emoción burbujeando en mi interior mientras contemplaba el esplendor del palacio de Nexusburg. El carruaje se detuvo con un suave chirrido, y apenas la puerta se abrió, Aron salió elegantemente, seguido de su gesto caballeroso extendiendo su mano hacia mí para ayudarme a bajar. Sin embargo, al poner un pie fuera del carruaje, me llevé una gran sorpresa al encontrarme rodeada de tantas mujeres. ¿Cuándo habían llegado? — ¿Qué es todo esto? — Le pregunto en un susurro a Aron. — Serán tus mujeres de compañía. — Respondió. — Te ayudarán a vestir, bañar, arreglar el cabello, maquillar… todo lo que quieras. — Pero… no es necesario tener muchas. — Creeme, las necesitarás. — respondió Aron mientras que se acercaba a una mujer un poco mayor. — Ella es Rosa, es la jefa de este selecto grupo de mujeres, se encargará de organizarlas a ellas en sus respectivos lugares, y también quienes te acompañarán en paseos por el jardín o el reino. — Mucho gusto. — Le tiendo la mano a la mujer, quien me mira con sorpresa, pero igualmente toma mi mano. — El gusto es mío princesa. — Y hace una leve reverencia. — Su majestad. — Un hombre vestido con un traje n***o se acerca a nosotros. — Su majestad el rey los estará esperando en la oficina real. — Luego me mira. — Bienvenida nuevamente al reino de Nexusburg. — Gracias por la calurosa bienvenida. — Respondo. — Bien, entremos, no podemos hacer esperar al rey.
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