Vi como el sol se asomaba por el horizonte, no había logrado pegar un ojo en toda la noche debido a todo lo ocurrido, Matt estuvo llamándome en varias ocasiones para que saliera a hablar con él, pero no queria hacerlo, verlo nuevamente a la cara seria una completa tortura, terminaria derrumbandome en un mar de lagrimas y yo odio llorar., me hace ver como una persona débil y prefería irme sin hacer tanto alboroto.
La puerta de mi habitación se abre y mi madre entra, ella al igual que yo se notaba que no había dormido en lo absoluto, sus ojeras se ven más oscuras y profundas de lo normal.
— Ya es hora.
— ¿En serio me dejaran ir? — pregunto notablemente consternada.
— No es lo que queremos, pero… — mi madre solloza.
— Prefieren que sufra yo y no todos, lo entiendo. — Me levanto de mi cama. — Espero que mi sacrificio les sea útil.
— Hija, por favor no te enojes con nosotros.
— ¡¿Entonces con quién?! — Exclamó enojada. — Me vendieron como si fuera una mercancía y ahora tendré que cumplir con los caprichos de una princesa que no quiere asumir su maldito trabajo!
— ¡Zoe! — Mi padre entra en la habitación enojado. — ¡No le hables a tu madre de esa forma! ¡Esto era algo que nos incluia a todos, tus sobrinos iban a morir, tus hermanos incluso nosotros!
— ¿Y soy yo quien deba morir en otro reino, con personas que no conozco y en manos de un asesino? — Ninguno de los dos dice nada. — Será mejor que vaya a terminar con mi vida de una buena vez por todas.
Aparté a mis padres con brusquedad, sintiendo una mezcla de ira y frustración que me impulsaba a escapar de esa atmósfera cargada de tensiones. Quería alejarme, liberarme de aquel destino tan cruel. Sin embargo, mi intento de huir se vio abruptamente interrumpido al descubrir a Matt recostado junto a la puerta.
Estaba tiritando por el frío de la mañana y es que no sé cómo soporto el frio de la cruda noche. En ese momento, una oleada de emociones me invadió. Reconocí en Matt algo más que amistad; era el hombre que realmente me comprendía, que compartía mis alegrías y mis penas. Era él quien había estado a mi lado en los momentos más oscuros y brillantes de mi vida, el que había iluminado mi existencia con su presencia constante y su apoyo incondicional.
Así que me coloco en cuclillas y lo muevo.
— Matt. — lo llamo.
Él hace un puchero con sus labios y lentamente va abriendo sus hermosos ojos.
— Zoe. — Su voz sale más grave de lo normal.
— ¿Qué haces aquí?
— No pienso dejarte ir tan fácil. — Sin haberlo previsto, Matt me toma entre sus brazos aprisionando a su pecho. — Nadie va a alejarme de mi mejor amiga, nunca voy a dejar que un hombre te lleve tan lejos de mi.
— Matt. — lo golpeó ligeramente. — Me estás ahogando.
— Lo siento. — Me suelta un poco. — Dime que pasa Zoe, ¿Porque de repente tienes que irte tan lejos? ¿Por qué estaban los guardias del rey aquí?
— Matt. — Colocó una mano sobre su mejilla. — La princesa Margarita tendrá que irse a Nexusburg para casarse con el príncipe de ese reino y yo tendré que irme con ella. — Le miento.
— ¿Qué?
— Ya tengo que irme, tengo que ayudar a la princesa Margarita a organizar todas sus cosas.
— ¿Podré visitarte algún día?
— Puedes intentarlo. — Sonrió a medias. — Adíos Matt.
— Adíos Zoe.
Me alejo de mi mejor amigo, mientras que contengo las ganas de llorar, no debía demostrarle nuevamente debilidad, tampoco quiero preocuparlo, así que lo único que tengo ahora mismo es aceptar mi triste destino.
(...)
— ¡Debes contener más la respiración! — gritaba una de las mujeres que vestía a Margarita, la única diferencia que esta vez a la que gritaban era a mi. El maldito corsé estaba cortando por completo mi respiración y esta mujer me pedía que siguiera conteniendo más mis ganas de seguir viva.
Desde que llegué al castillo han hecho con mi apariencia de todo, desde lavar mi cabello, hasta alimentarme realmente como una princesa, maquillaron mi rostro y pintaron mis uñas y hasta ahora no sé en donde se encuentra el rey y la princesa.
Y afortunadamente no la tengo enfrente de mí, porque estoy segura de que me hubiera tirado encima de ella para arrastrarla por todo el reino.
— ¡Listo! — Se alejó de mi completamente sudada y respirando de forma errática, mientras que yo me sentía como sardina en lata. — Es el vestido que usarás para conocer al príncipe en cuanto llegue.
— Creo que no me acostumbraré a esto. — Hablo apenas.
— Pues ve haciéndolo porque llegará dentro de pocas horas.
— ¡Horas! — La miró sorprendida. — ¿De qué demonios estás hablando? ¡Se supone que llegará dentro de una semana!
— Pues ya le urge casarse. — Ella se encoge de hombros.
— Mierda. — Bufo. — Yo no debería estar aquí.
— Lo siento mucho Zoe, eres una gran chica y no mereces todo por lo que estás pasando. — Ella se acerca a mí y me da un fuerte abrazo. — Eres la única princesa a la que he podido abrazar. — bromea.
— Soy una princesa falsa. — le recuerdo.
— No importa, porque cuando salgas por las puertas del palacio serás la Princesa de Elmbrook.
Princesa… es algo con lo que soñé siendo una niña, pero cuando comencé a trabajar para la familia real me di cuenta que todo esto es un circo montado por personas a las que solo les roba el dinero a las personas.
Justo una fuerte algarabía se escuchaba por todo el pueblo, platillos, trompetas y liras se escuchaban no muy lejos de donde estaba, fruncí el ceño mientras que la curiosidad me ganaba.
— ¿Qué es toda esa algarabía? — la mujer se acercó al balcón de la habitación y solo pude escuchar un jadeo de su parte, pero lo que más me aterró fue lo que dijo a continuación. — ¡El príncipe llegó!
Sentí como todo mi mundo tembló.
Todo lo que conocía y toda mi vida había llegado por fin a su fase final y no habrá nada que pueda hacer para evitarlo.
— ¡Aún no te he colocado el velo que tapara tu rostro! — ella vuelve a mi, esta vez tomo un velo de color n***o, el cual tapaba todo mi rostro.
— ¿Por qué me colocas el velo? — pregunto confunda.
— Petición del rey.
Las puertas de la habitación se abren de golpe, dejando ver al rey de Elmbrook.
— ¡Muévete muchacha, esperaremos al príncipe en el balcón real!
El rey me tomó del brazo y me llevó de tirones hasta sacarme al pasillo donde por fin pude ver de frente a Margarita. Y entonces todo lo ví en cámara lenta. Aquella princesa caprichosa tenía una sonrisa en su rostro, ella sabía que había ganado y que ya no había vuelta atrás en todo esto.
La música se hacía cada vez más escandalosa, y también podía identificar los gritos de los niños disfrutando de la gran entrada del príncipe de Nexusburg.
Las cortinas del balcón real se abrieron dejando ver la cantidad de personas que estaban reunidas a lo largo de la calle y en medio todo el séquito del reino vecino y de repente todo queda en silencio.
— ¡Con ustedes, el futuro rey, su majestad Aron de Nexusbug! — Exclamó el vocero.
— ¡Sean todos ustedes bienvenidos al encantador reino de Elmbrook! — Responde de vuelta el rey con una notoria sonrisa en su rostro.
Las puertas del palacio se abren dejando entrar al tumulto de personas que venían junto al príncipe Aron, veía a todas las personas del pueblo murmurar entre ellos, tratando de averiguar cómo lucía aquel futuro rey de Nexusburg, mientras tanto yo solo pensaba en el final de mi vida.
— Más te vale comportarte. — Farfulló el rey mientras fingía su sonrisa. — Si no lo haces te colgaré en frente de todos.
No dije nada.
Las puertas del palacio se cerraron y consigo las posibilidades de huir y más nunca ser encontrada. El rey volvió a tirar de mí hasta llevarme a la oficina real, justo el lugar al que pocas personas tienen acceso.
— Tienes terminantemente prohibido hablar, ni llorar, ni patalear, solo vas a asentir con tu cabecita mientras que el príncipe y yo decidimos. ¿Te quedó claro?
Levanté el velo que ocultaba mi rostro y lo mire con desprecio.
— Puede irse al infierno. — suelto un escupitajo que justo cae en la mejilla del rey.
Pero él simplemente se limpia, mientras que se carcajea.
— Tendrás un destino cruel comparado a la simple bofetada que te daría.
— No. — Una sonrisa burlona se forma en mi rostro . —- Tu me vas a entregar a uno de los hombres más poderosos y me convertiré en su mujer y ten por seguro de que esto no se quedará así, pagarás por lo que me vas a hacer.
Justo las puertas de la oficina real se abren y rápidamente tapo mi rostro, pero claramente podía ver a través del velo.
Todos dentro de la sala son hombres, y justo uno de ellos llamó mi atención, es alto, el tono de su piel es oliva, su mandíbula marcada y sus labios gruesos, su cabello caoba estaba recogido en un moño y su vestimenta se notaba de una calidad muy fina.
¿Será ese el príncipe? Se preguntó aquella voz en mi cabeza
— Su majestad. — Su voz salió ronca y varonil. Y mi cuerpo se estremeció por completo. — Gracias por recibirnos.
— Al contrario, es muy gratificante que Nexusburg y Elmbrook formen lazos fuertes y sólidos. Porque Nexusburg es uno de los mejores reinos que hay en el conti…
— Si, como sea. — El príncipe colocó los ojos en blanco e hizo un ademán con la mano para contar el rollo adulador del rey. — Está no será una estadía larga, de hecho queremos salir a más tardar hoy en la noche hacia Nexusburg.
— ¿Por qué tan rápido? Tu y la princesa. — el rey me señala. — Deben conocerse.
— Eso lo dejaremos para después, no va a ser necesario que se lleve todas sus cosas ya que no le hará falta nada en nuestro reino.
— Pero… por lo menos quédese está noche, los maleantes últimamente están acechando y no puede colocar su vida en riesgo.
Un hombre se acerca al príncipe y le susurra al oído, a lo que el hombre coloca nuevamente sus ojos en blanco.
— Me quedaré con una condición.
— La que usted desee. — Respondió el rey.
— La princesa y yo dormiremos en una habitación.
De inmediato trague fuerte y cerré mis ojos con fuerza, mi cuerpo comenzó a sudar frío y por mi cabeza pasaban una serie de atrocidades. Sobre todo porque aún sigo siendo virgen.
— ¡¿Qué?! — Exclamé exaltada.
Y de inmediato las miradas se posaron en mí, el rey con su mirada inquisidora quería arrancarme la cabeza y exponerla ante todos en el reino.
— Serás mi esposa de todas maneras. — se encoge de hombros. — de igual forma no haré nada indebido, todo será consensuado cuando nos casemos.
— Entonces no habrá ningún problema. — El rey sonrió con sorna. — ¿Que tal si se sienta y hablamos de las alianzas que tendremos? — Dijo mientras señalaba la silla frente a su escritorio
El rey parecía más un charlatán adulador que el soberano de una nación. Dijo aquella voz en mi cabeza.
— No. — el príncipe Aron levantó su mano para detenerlo. — Quiero que la princesa me de un recorrido por los jardines del palacio.
— Como usted desee. — El rey asintió con su cabeza. — Margarita. — me miró. — Dale un buen recorrido al príncipe, y atiende sus necesidades como se merece.
Simplemente asiento con mi cabeza y me muevo a su dirección
— Por favor su majestad, acompáñeme por aquí. — le señalo la puerta.
Y en sumo silencio salimos de la oficina real.
A su lado, me sentía increíblemente pequeña, como si mi mundo se redujera a la dimensión de su presencia. Era imponente, con una presencia que llenaba la habitación. Pero lo que más me abrumaba de él era su aroma, una mezcla embriagadora de madera con toques cítricos que despertaba todos mis sentidos.
Nunca antes había experimentado un aroma tan exquisito como el suyo. Cada vez que inhalaba su fragancia, me transportaba a un lugar de tranquilidad y sofisticación. Era como si llevara consigo la esencia misma de la naturaleza y la elegancia.
— Cuéntame… Margarita ¿Estás de acuerdo con esta unión?
¡No! ¡Ni siquiera me llamo Margarita! Exclamé en mi mente.
— Claro que si su majestad, después de todo, será un beneficio para ambos reinos unirse.
— No quiero que repitas el monólogo que te enseñó tu padre.Se tu misma.
— Con todo el respeto que se merece su majestad, mi padre no me enseñó ningún tipo de monólogo, es lo que realmente pienso. — Lo veo hacer una mueca. — Aunque lo que no me parece correcto es que durmamos en la misma habitación el día de hoy.
Aron se detiene y me mira con sus ojos entrecerrados.
— ¿Por qué? después de todo, al llegar a Nexusburg, nos casaremos.
— Entiendo su punto de vista, sin embargo, considero que sería muy descortés e invasivo que me pidas dormir contigo cuando aun no nos hemos casado.
Pude ver en su rostro como se dibujó media sonrisa.
— Puedo notar que tienes un buen carácter, eso es un punto a favor.
Y sigue caminando.