Tras finalizar la primera ronda de la mañana, el grupo de internos salió del ala de hospitalización en dirección a la cafetería. El ambiente se sentía más distendido, y entre comentarios sobre casos y exámenes, no faltaron las risas y las bromas. Alejandra se sentó con Emma, Gabriel, y otros dos internos en una de las mesas del fondo. Frente a ella tenía una pequeña ensalada, y junto al resto, una bandeja con frutas. —Doctora Reyes —dijo Gabriel con dramatismo—. ¿Nos dejará escribirle cartas de recomendación para cuando sea la nueva jefa del hospital? —Sí, por favor —añadió Emma, mordiéndose una galleta—. Solo pedimos que cuando tenga poder, no nos olvide. Y que no nos castigue por llegar tarde. A veces se cae el metro. Y a veces la vida. Alejandra soltó una carcajada. —¡Cállense! —di

