Pasaron algunos días y todo parecía haber vuelto a la normalidad. La rutina del hospital, los turnos largos, los pacientes habituales, y en medio de todo, Alejandra y Callie, cada vez más compenetradas. James y Valeria se habían ido de luna de miel a Tailandia. James, como era costumbre, no paraba de enviarle fotos a su hermana: playas paradisíacas, templos majestuosos, platos exóticos. Callie se las mostraba a Alejandra en cada pausa, entre risas. Pero a Alejandra no se le escapaba un detalle: el rostro de Valeria en las fotos. Había algo en sus ojos, en su postura… una falta de brillo. Sonreía, sí, pero no era la sonrisa auténtica que Alejandra conocía. Y aunque no quería admitírselo a sí misma, le preocupaba. A pesar de todo, a pesar del dolor, del pasado, de los caminos separados, n

