Artemisa salió del salón con el corazón acelerado, aunque lo llevaba tan controlado como su expresión. Selene había armado un show que todavía hacía vibrar el piso, y ella necesitaba un respiro. Entró al pasillo que llevaba a los baños, agradeciendo que allí no hubiera luces, ni música, ni ojos. Se miró en el espejo un segundo. Solo un segundo. Lo necesario para acomodar su propio reflejo y recordarse que nada la toca… o eso intenta. Entonces lo sintió. Ese tipo de presencia que no pide permiso, esa sombra caliente que llena el espacio sin anunciarse. Dante. No necesitó girarse; el aire cambió. Él tenía esa forma de moverse… silenciosa, peligrosa, como si siempre estuviera a punto de romper un límite. —¿Te escondes? —preguntó él, con esa voz baja que siempre sonaba a advertencia. Art

