César Me recuesto en mi silla, dándole un repaso a mi traje para comprobar que todo se vea presentable. No era mi intención follarme a la nueva acompañante tan rápido, y desde luego no completamente vestido con un traje de seis mil dólares. Pero claro, no me di cuenta de lo hermosa que era hasta que entró. Dios, esos ojos. Necesitados, inocentes y cautivadores. Quien sea que le enseñó a perfeccionar esa mirada merece un aumento; me presionó todos los botones y algunos más. Me la imagino de rodillas frente a mí mientras estoy en una llamada, chupándomela mientras negocio acuerdos millonarios. Mi m*****o se contrae. Reviso mi agenda, molesto al ver que, debido a las próximas reuniones de la fusión, apenas tengo huecos en el día. Desde luego no hay tiempo para otro polvo rápido antes de

