El árbol de guayabas parte 1

1096 Words
Aquella noche Jesús David, aceptó el reto de sus amigos y se coló al patio de los vecinos, con la única intención de tomar del viejo árbol tenebroso una guayaba madura. En su mente se preguntaba si era necesario tal hecho para demostrar que el miedo no era impedimento para su hombría. Los jóvenes que eran de edades entre diez y trece años, jugaban con su inmadurez y rebeldía a perder la niñez y aprender a ser un verdadero hombre. Siendo así, hicieron reglas las cuales de todas una era la primera y la más importante, que era cumplir un reto que el resto colocara para que demostraran que ya eran hombres hechos y derechos. El nuevo integrante de la pandilla que acababa de cumplir doce años, se le asignó entrar de noche al patio de la familia Pérez, una familia realmente misteriosa, pues todos los días hablaban con quien decían era su hijo, pues este había muerto hace un año. Antes de aquella noche desde su ventana, luego de aceptar en su mente la dura y difícil decisión, se encontraba en su habitación esperando el día de su cumpleaños, preguntándose inocentemente: ¿Qué pasa luego de cumplir doce años? UN DÍA ANTES DE SU CUMPLEAÑOS: El día estaba cálido y Jesús David, no entendía porqué en su interior sentía frío, Tao vez porque cada hora tomaba un vaso de agua fría, que hasta casi en algunas ocasiones, sentía su cerebro congelado como hielo. Tras salir de su casa para sentir el viento en su rostro e hidratar sus mejillas agotadas, observó con mucho detalle a la gente pasar, pues era el mes de carnaval y los tambores eran evidencia de ello. Al son de la música daban variedad de bailes alusivos a la tradición, con risas y célebres disfraces bailan todos variedad de canción; sin embargo, para Jesús David, el carnaval era tan solo una aburrición de la absurda tradición de su ciudad. Creía que haber nacido en el mes de los carnavales, le traerían solo mala suerte a su vida y así lo creyó cuando se acercó a las únicas personas, que ignoraban el paseo de los bailes, es decir, la banda de los mayores antes de cumplir dieciocho años. —¡Ey! ¡Hola! —les dijo —Aléjate de nosotros niño —le dijo el comandante —¿Niño? Ustedes también son unos niños —¿Qué nos estás diciendo maldito bastardo? —le dijo otro niño y todos se apartaron de él como si fuese basura Jesús David no entendió el genio de los chicos, pero sintió que ellos y él tenían mucho en común, por el cómo miraban de manera odioso, los carnavales. —¿Qué les sucede? —se preguntó—. ¿Será que también cumplen en febrero? Sin más volvió a entrar en su casa para no seguir viendo las risas de las personas disfrutando los carnavales, a diferencia de su madre y de su padre, bailaban gozosos del baile del tambor, pidiendo a su hijo unirse a la fiesta, más Jesús solo quería en ese momento, fuera octubre para celebrar lo que para él era realmente fiesta, es decir, Halloween. —No entiendo qué le ven a esos estúpidos carnavales —le dijo a sus padres y encendió la televisión —¿Cómo no puedes amar el carnaval? Es parte de nuestra cultura y folclor, Jesús David —le dijo su madre moviendo el bote una y otra vez —No, no, señorito, por favor, me apagas la televisión. Ahora estamos de carnaval, así que nada de tv o radio —le dijo su padre apagando el televisor y alzando el volumen de la música carnavalera Jesús David subió aburrido y también enojado a su cuarto, tirándose sobre su cama y mirando el techo hago triste, pues mañana sería su cumpleaños y sentía nervios por doquier. —¿Qué es lo que sucederá ahora? —Se preguntaba una y otra vez Cuando escuchó voces detrás de la parte trasera de s casa, se levantó y se asomó por la ventana. Al ver que eran aquellos chicos que lo habían tratado mal, les preguntó qué es lo que hacían, a lo que el comandante respondió que no le importaba un carajo. —Pues vaya que me importa, están en mi casa —les dijo con valentía —¿Te sientes muy gallito niño? —¿Qué acaso te crees el más s adulto anciano? —¿Qué es lo que me acabas de decir maldito muchacho? Baja si tienes los pantalones para partirte la cara —¿Qué edad tienes anciano? Los demás chicos veían como su comandante estaba siendo tratado por Jesús David y lo miraban sintiendo pena y vergüenza. Él al darse cuenta que era así, decidió retarlo a lo que sería ir al patio del vecino, traer una guayaba y demostrar que ya era todo un hombre y que la manera en como le habló era real y no algo fingido. Llegó entonces el día y solo les tocó esperar la noche mientras Jesús tomaba su decisión para demostrar su valentía. En el presente: Jesús David demasiado nervioso, en n su mente se preguntaba si era necesario tal hecho para demostrar que el miedo no era impedimento para su hombría. Luego de tanto pensar y pensar en su cuarto, tomó la decisión de salir, enfrentar por primera vez la oscuridad y cumplir lo que parecía algo tan sencillo pero a la vez aterrador. Pues no era cualquier patio, era el patio de la familia más temible y rara del barrio. Fue entonces hasta la cocina, de la nevera sacó agua y la bebió. Salió al patio, miró la luna y también las estrellas. Cerró sus ojos para sentir brillo en su interior. Después caminó lentamente observando el patio sin aún estar allí. Caminó hasta el lugar donde estaba el árbol de guayabas y entonces traspasó los alambres de púa, pensó y pensó hasta que decidió montarse y tomar la guayaba más cercana. Al hacerlo, al estar a punto de tener entre sus manos la guayaba mas pequeña y hasta por fin tocarla, sucedió lo más miedoso que pudo vivir en su vida, pues un pájaro extraño le habló diciéndole: “Niño, ¿Vas a coger esa guayaba? Jesús David dio un gran grito que cayó desde lo más alto quedando manco y dando saltos como un renacuajo, pidiendo ayuda sin ser escuchado, más que solo el pájaro que le hacía la misma pregunta una y otra vez, haciéndolo gritar como nunca antes había gritado.
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