Kendra Organizaba cajas en el apartamento, tratando de centrarme en la rutina. Cada objeto que colocaba en su sitio no lograba distraerme del recuerdo de Osvaldo, de cómo su mano me había tocado, de cómo había sentido su aliento en mi cuello. Mi corazón latía a mil por hora cada vez que imaginaba su mirada intensa. —Mali… esto es imposible —susurré mientras acomodaba unas sábanas—. No puedo dejar de pensar en él, y eso me da miedo… miedo de que si cedo, pierda todo lo que soy. Ella me sonrió con comprensión. —Kendra, controla lo que puedas. No dejes que él te domine. Tú decides hasta dónde llegas. Suspiré, abrazando un cojín, mientras una mezcla de deseo y temor me recorría el cuerpo. Sabía que resistir sería cada vez más difícil. Osvaldo Desde la terraza de mi edificio, observaba l

