Fuego Cruzado y Nuevos Horizontes La mañana amaneció radiante y el calorcito del sol se colaba por las cortinas del nuevo apartamento. Kendra y Amalia estaban rodeadas de cajas, muebles aún envueltos en plástico y ese olor a pintura fresca que anunciaba un nuevo comienzo. —Mali, pásame esa caja, la que dice "ropa íntima"… no vayas a abrirla, ¿eh? —dijo Kendra entre risas, mientras intentaba organizar su nueva habitación. —Ay, tranquila, si ya sé que en esa caja hay más encaje que tela — contestó Amalia con tono pícaro. Entre bromas y carreras, ambas terminaban de colocar lo esencial. El apartamento era un sueño: amplio, moderno y con una terraza espectacular. Kendra lo miraba satisfecha; por fin estaba en un lugar donde no tendría que lidiar con goteras ni vecinos chismosos. Pero la c

