Capitulo 2

1742 Words
Cuatro años atrás. Con todo el cuidado del mundo le llevo el pedido a una señora que ya vino por una semana seguida, se sienta siempre en mi sector para atender y es una mujer muy culta, pide cosas carísimas y habla de una manera extraña, en el sentido de que parece extranjera. —Ya tengo su pedido señora... Café cubano... Tostadas con huevos a la pomarola, fruta de estación fileteada y un humus de garbanzo, —le acomodo todo en la mesa sonriendo—. ¿Desea alguna cosa mas?. —Un jugo extra grande de naranja, y otro café mas, vienen mi esposo. —Bien, ya le traigo su jugo, ¿por el café espero?. —No, esta en la puerta, puedes traerlo. —Bien... —Espera Valentina... —¿Si?. —¿Me dijiste que eras soltera verdad?. —Si señora, corté con mi novio hace un año, no me quería ayudar con los gastos de la casa, básicamente vivir de arriba. —Míralo, aprovechado. —Tremendamente... —Disculpe señorita... —me muevo al verlo al hombre que es tremendamente apuesto, se sienta sin dejar de verme poniéndome nerviosa. —Bien, ya traigo su pedido... —voy enseguida dejando la orden y sigo repartiendo otros antes de que me digan que ya esta el pedido de la señora Beatriz, asi me dijo que se llamaba—. Volví, disculpen la demora, las mañanas son alocadas. —No te hagas problema. —Valentina, quisiera hablar contigo cuando termines de trabajar, te invito a comer y hablamos. —¿Alguna pista de qué quiere hablar?. —Una oferta laboral. —Buenísimo. —sonrio mas que feliz porque quiero dejar este trabajo—. Salgo a las diez de la noche. —Espero entonces. Voy y vengo todo lo que me queda de mi turno el cual tengo las emociones como miedo llegan, miedo a que sea un trabajo horrible disfrazado de maravilloso, o que sea muy bueno y yo perdérmelo, espero me convenga con los horarios, no consigo nada con una buena carga horaria porque no puedo ir por mis hermanos y quiero ayudar a mi abuela que camina mucho al llevarlos e ir por ellos. Termino mi turno que es horario merienda básicamente, y comienzan los nocturnos que trabajan hasta las tres de la mañana, me ofrecieron ese turno también, son menos horas y el dinero es mas y me sirve, pero me voy en cole o si no tengo plata caminando, encuentro mas terrible caminar a las tres de la mañana que a las diez de la noche, asi que vengo negándolo hace tiempo y cada vez cuesta mas negarlo. —Nos vemos chicos. —Nos vemos Vale. —voy con la señora que no se movió para nada de la mesa, su marido esta afuera fumado y ella con su computadora. —Señora, aca estoy. —Ah, si. —la cierra la computadora y sonrie como re emocionada—. ¿Comemos algo?. —Me disculpa pero no puedo, tengo media hora para que pase el ultimo colectivo que me lleva a mi casa. —No pasa nada, te podemos llevar si aceptas, si no aceptas te doy plata para el taxi por la perdida de tiempo, es mas. —agarra su cartera dándome plata—. Para el taxi, no digas que no, me voy a sentir mal por tomar tu tiempo si no arreglamos nada. —Eh, dígame señora, ¿qué se le ofrece?. —Bueno, arranquemos por el dinero, es un trabajo por día, día trabajo día pagado, consulté a una amiga que tiene una chica trabajando y me dijo cuánto le pagaba, solo que la chica ya era del ambiente, como tu no, te ofrezco mas. —la miro fijo super nerviosa—. Te ofrezco cien mil por cada encuentro. —Señora me esta asustando, ¿Cómo que cien mil?. —¿Mas?, ¿doscientos cincuenta te parece?. —¿Usted me quiere involucrar con el tema de la droga?. —Nooojjj, por favor no, mi marido fuma cigarro pero droga jamás. —Entonces dígame, porque no entiendo. —La verdad que con mi marido no pasa nada de intimidad, vino una vez hace unos días y me dijo que le gustaste y que le gustaría que seas su amante. —me voy para atrás comenzando a sonreír—. Por eso te ofrezco plata, para que seas solo su amante, cuando él te llame vayas, y sea la relación solo en la cama. —Bueno, —me paro agarrando la plata del taxi—. La charla fue fantástica, para un libro ideal. —Valentina espera, no es chiste. —Aja, nos vemos. —salgo del local viéndolo al hombre que me mira sonriendo, pero salgo casi corriendo a la plaza donde paran los colectivos y espero el mío viendo a todos lados del miedo que vengan—. Hola. —Ey Vale, ¿qué te pasa?. —como es el chico que siempre charlamos me deja subir sin pagar. —Crei que me iban a robar. —Uy nena, ¿andas con algún cuchillo o algo?. —No. —me siento en el primer asiento pegado a él—. No seria capas de usarlo. —Pero tienes que tener cuidado nena, esta peligroso, mas tu que eres una mujer preciosa. —no digo nada, me va invitando millones de veces a salir, solo soy amable para que no me haga pagar el pasaje y me ahorro en eso, llegamos a mi parada rapidísimo—. Nos vemos Valen. —Nos vemos, cuídate. —Acepta por favor. —Chao amigo. —paso a comprar milanesas y pan con la plata del supuesto taxi y voy a mi casa viéndolos jugar en el patio con mi abuela tomando mates—. Buenas. —VALEEEEEEE. —Zoe viene corriendo abrazándome. —Holaaaa, ¿Cómo estás?. —Bien, con hambre porque esperamos. —Bueno, vamos a comer... Hola. —le doy un beso a mi abuela y entramos todos a la casa donde huele riquísimo—. Que rico que huele abue. —Sopita hicimos. —Que ricoooo. —Gaspar saca la lengua como si fuera asqueroso. —Si comes sopa mañana comes milanesas. —Obvio, riquísimo, me como todo. —le doy un beso empujándolo y Milton me abraza. —Hola, ¿Cómo fue la escuela?. —Bien, aprobé todo. —¡Genial, que buena noticia!. —Vale, la seño te mandó nota. —Bueno, si lo tienes a mano tráelo asi veo. —las propinas que me traje las meto en un frasco que tenemos arriba de la heladera, no pareciera que tuviéramos plata, no es mucho, son sobras para ir comprando lo que mi abue precise en el día para cocinar, como cebollas, papas, zanahorias—. ¿Sabes qué es abuela?, ¿la seño te dijo algo?. —No, me dijo, va notita, y no miré. —Ah bien. —Valen. —Gracias. —me siento en la mesa con el cuaderno, y la seño dice que Gaspar necesita lentes urgente. —¿Qué es Vale?. —Dice que al parecer Gaspar necesita lentes. —bajo el cuadernos a mis piernas viéndola, también se pone mal porque a penas y llegamos a comer todos los días, hace meses no les puedo comprar zapatillas y estoy agotada. —Mañana cuando los lleve a la escuela paso al hospital a preguntar. —Dale, y yo voy a ver precios. —Uufff, esto va a doler Vale. —Si abue, va a doler. ..................... Días después. . En el trabajo muevo la tarjetita que mis compañeros me dieron diciendo que la señora con la que estaba hablando hace días me dejó con su número, parece como que la vida sabe que estamos mal, que me ofrecieron una locura y todo va de mal en peor, el hospital no tiene oculista infantil, fuimos a preguntar uno particular y mi Dios amado, no sé qué hacer, fui a preguntar por los lentes y otra fortuna, Milton no va a la escuela hace tres días porque las zapatillas fueron al tacho de la basura, el único par que le tengo. —Chicos, voy a tomarme los cinco minutos. —Si, ¿tienes clientes?. —No, no tengo nada. —como nos dividimos por sector, mi sector esta comiendo—. Están ya comiendo. —Genial, ve. —voy afuera alejándome de la puerta del patio, marco el numero y llamo. —¿Hola?. —Soy Valentina. —Hasta que llamas. —me quedo en silencio comenzando a llorar—. Tienes dudas. —Bastantes. —¿Trabajas hasta las diez?. —Si, es el único horario libre porque en las mañanas trabajo. —Bueno, va a ir un auto a buscarte a las diez en punto, te va a llevar al hotel Palacios donde mi marido te espera ahi. —me tapo la boca llorando mas—. A este mismo numero mándame una cuenta bancaria asi te envío el dinero, si él te da recíbelo, el trato es conmigo, cuando yo te diga y la hora que te diga, a él nada y me dices si te vuelve a pedir, si te da dinero se lo recibes pero ningún trato haces con él. —Bien, entiendo. —Veamos qué pasa hoy, si él me dice que si, mañana hablamos bien. —Genial, nos vemos. Vale—. Hola abue, hoy llevo tarde a la casa, me pidieron quedar unas horas mas. Vale—. Coman sin mi, llego para dormir. Abue—. Bueno, te guardo comida. Vale—. Nono, coman todo, como aca que nos dan la comida. Abue—. Ah bien, si estoy acostada me avisas cuando llegues. Vale—. Si abue, te aviso. Paso la tarde super alterada, cualquier cosa me hace exaltar, porque me espera un tipo que ni idea para que le venda sexo, que no lo entiendo, para nada entiendo la morbosidad de pagarle a alguien para tener relaciones, y encima la mujer ya me envió el dinero, a cada que puedo miro la cuenta a ver si sigue ahi, a ver si me lo sacaron, estoy alterada la verdad. —Nos vemos chicos. —Nos vemos, descansa. —salgo con mi cartera apretándola con fuerza, cuando salgo hay un hombre con traje afuera. —Señorita Nikolati, acompáñeme por favor. —Si, lo sigo. . .
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