Adeline se despertó con el primer rayo de sol que se filtró tímidamente por la ventana. Permaneció unos instantes sentada en el borde de la cama, sosteniendo la frente con la mano derecha, como si quisiera retener los últimos vestigios de sueño antes de enfrentarse al peso de la realidad. La inquietud de la noche anterior aún permanecía impregnada en su cuerpo; había dormido poco y mal, sumergida en sueños fragmentados por la ansiedad que le provocaba la perspectiva de aquel día, y es que la asesora de imagen llegaría temprano y, con ella, un itinerario de compras que, según lo que se imaginaba, sería opulento y probablemente incómodo. Nada en su vida previa la había preparado para algo así, pasearse entre tiendas exclusivas, con una desconocida a su lado dictándole cómo vest

