Nathan dejó escapar un largo suspiro, sus dedos tamborilearon contra sus palmas, un gesto que dejaba entrever su creciente frustración. Adeline, sentada frente a él, seguía con los brazos cruzados y la mirada fija en algún punto del suelo, como si estuviera tratando de encontrar respuestas entre las sombras del apartamento. — No se trata de si es tuyo o no. —Hizo una pausa, respirando profundamente para calmarse antes de continuar. —Se trata de lo que puedes hacer con eso. Mira, no estás pensando en lo importante, no estás viendo todo el panorama. Esto no es solo para ti, Adeline. Es para tu mamá. Adeline levantó la vista hacia él, escuchaba sus consejos, pero en ese preciso instante no estaba en sus mejores condiciones para tomar decisiones. Nathan apro

