VII
Capítulo 7:
Mi jefe Ángelo Werner.
KIARA CRAFT
Vaya día en la empresa, limpiar era un trabajo completamente agotador, apenas llegué a mi casa me acosté por “un momento” en mi cama para ir al hospital, pero el cansancio y agotamiento me hicieron quedar inconsciente hasta que me levanté por inercia a ver la hora. Eran las 12 de la noche, menos mal que hoy era mi día libre porque mi jefe del bar era un cascarrabias.
A esa hora no se admitían visitas al hospital y en esta zona donde vivía era realmente peligroso salir a esta hora de la noche, o llegaba violada, robada o asesinada… o si quiera llegaba al hospital mejor dicho.
Así que me levanté únicamente para ir a bañarme y comer algo porque estaba muerta de hambre, mi estómago casi se me pegaba a mis costillas; nunca me había sentido tan débil… y volví a dormir.
A la mañana siguiente fui al hospital, era domingo, el día libre de mi madre, así que no tenía que ir a trabajar hoy a la empresa pero sí debía ir a mi trabajo en el bar en la noche, hoy era un día emocionante porque se suponía que David le pediría matrimonio a Lana y yo era la cómplice.
Estaba completamente emocionada.
Preparé algo de comida para ir al hospital y visité a mis padres, compré algunas medicina y los acompañe un rato hasta que David me recogió para ir a la playa, la propuesta de matrimonio sería algo que definitivamente Lana no se esperaba, él me había dado su teléfono para que grabara todo y yo estaba más que feliz por poder ser partícipe de la felicidad de mi mejor amiga…
La playa estaba repleta de gente, el sol encandecía mi cuerpo trasnochado, Lana estaba alegre, ella amaba la playa, David lucía seriamente nervioso e intentaba ocultarlo mascando chicle y haciendo bombas de aire, el sol ardía prometiendo quemar, realmente me sentía agotada, a pesar de que había dormido muchas horas estaba en modo zombi; donde todo parecía ser una ensoñación, como si estuviera algo borracha o con resaca no estaba segura.
Alquilamos un puesto con sombrillas donde pusimos las cosas, Lana no perdió tiempo y se quitó la ropa para ir a bañarse, yo en cambio me quedé con David que aprovechó de desahogar su crisis y nervios acomodando todo, él quería que todo fuera perfecto.
—Cálmate, todo estará bien —murmuré intentando tranquilizarlo, se notaba que estaba nervioso.
—Cállate, solo graba —soltó, su rostro ligeramente sonrojado mientras arreglaba las cosas en el bolso y las sacaba como si no supiera exactamente cómo arreglarlas.
Alcé las manos, realmente sabía que cuando él estaba estresado no pensaba correctamente ni se contralaba así mismo. Me parecía tierno y a la vez ofensivo, pero había venido con ellos para grabar el momento y capturar todo lo que mi mejor amiga esperaba y quería; casarse con el amor de su vida.
Lana salió de la playa y yo me preparé con la cámara grabando todo alrededor como si me fascinara el paisaje, a ella le encantaba grabar tik toks así que David la animó a hacer videos de tik tok mientras yo grababa esperando su señal.
—Estamos en contra luz, pónganse del otro lado —dije señalando la playa, ellos se movieron y cuando Lana no vio David me hizo señas para que estuviera pendiente de grabar, así afirmé con la cabeza mirándolos soñadoramente a través de la pantalla cuando dijo:
—Amor tengo que decirte algo… —David se arrodilló frente a Lana mientras ella parecía entrar en estado de shock— eres muy importante para mí…
—Maldita sea, que hace este hijo de puta —escuché un susurro a mis espaldas, voltee casi asesinando con la mirada al idiota que dijo tal cosa, es decir solo yo lo escuché, pero aun así me parecía irritante que nos distrajera de este momento tan único.
Mierda.
Era mi nuevo jefe/ amor de mi vida/ crush; Ángelo Werner.
Me quedé helada y volví a voltear para que la toma de mi teléfono no los desenfocara, David me mataría si no lograba grabar tal cosa.
—Ese chico va a casarse tan joven, que desperdicio —susurró Ángelo nuevamente, le lancé otra mirada para callarlo, quería lanzarle un zapato a la cabeza, solo esperaba que sus susurros no salieran en el video.
Me parecía hipócrita, él me había pedido casarme, claro, por una herencia pero aun así…
—… ¿quieres casarte conmigo? —continuó David, Lana afirmó con la cabeza llevando una mano a su boca mientras las lágrimas inundaban sus ojos y Ángelo comenzó a aplaudir y a gritar como si gozara la buena propuesta.
Dejé de grabar porque ya estaba lista la propuesta y Lana abrazaba a David por el cuello dándole un beso mientras él le daba vueltas agarrándola por la cintura.
— ¿Qué haces aquí? —Solté en un susurro volteándome hacia él, gran error, dio un paso hacia mí con esa ligera sonrisa donde prometía peligro, él tenía esa manera de mirarte que hacía que tú misma te bajaras las bragas rogándole una noche de placer…
Maldición, ¿por qué tenía que ser tan jodidamente ardiente?
—Vine a la playa —dijo lo obvio, deslicé mis ojos por su vestimenta, él llevaba solo unos bermudas y una franelilla roja que dejaba sus brazos tatuados y musculosos al descubierto, el sol iluminaba su mirada casi haciendo que sus ojos verdes resaltaran como reflectores.
Demasiado guapo como para ser real.
Ángelo miró a Lana y a David plasmando una sonrisa en su rostro volviendo aplaudir y a gritar mientras se acercaba a ellos.
— ¡Que vivan los novios! —gritó Ángelo, David y Lana correspondieron su saludo y abrazos disfrutando de que él acompañara su alegría, definitivamente Ángelo no era normal.
—No juegues —dijo David incrédulo— ¿Tú no eres Ángelo Werner?
—Oye sí —dijo Ángelo orgulloso—, sí lo soy.
Lana abrió la boca sorprendida y me miró como si no pudiera entender de donde había salido.
Realmente yo tampoco entendía de donde había salido.
—Bro, eres lo máximo —dijo David ofreciéndole la mano otra vez en modo de saludo y Ángelo le correspondió.
Como no, alzándole el ego al señor egocéntrico.
—Sí, oigan, esto hay que celebrarlo —dijo Ángelo—, ¿les invito a la Lacera?
La Lacera era una discoteca cercana a la playa, un lugar súper exclusivo donde solo iban los empresarios millonarios o simplemente personas millonarias.
— ¡Por supuesto! —dijeron Lana y David al mismo tiempo que yo dije:
—No.
Lana y David me miraron como si me hubiera salido una oreja en medio de la nariz, evidentemente Ángelo ya se los había metido en el bolsillo.
—Vamos —dijo Ángelo mirándome sin flaquear su perfecta sonrisa que ahora me parecía irritante—. No seas aburrida.
—Sí Kiara, vamos —dijo Lana mirándome como si realmente no creyera que iba a rechazar tal invitación de mi crush que estaba frente a nosotras.
Pero ella no tenía un orgullo qué proteger.
—Hay que celebrarlo —dijo David tomando sus cosas y siguiendo a Ángelo mientras le hablaba muy animado de los videos que él veía de su empresa y de deportes, realmente no tenía opción, así que los seguí.
Nunca había entrado a la Lacera pero por los comentarios sabía que era algo absolutamente exclusivo y elegante, el personal de seguridad al vernos con Ángelo Werner nos abrió el paso para que entráramos y quedé completamente sombrada del lugar, era de ensueño, los comentarios no mentían, había una enorme piscina con una fuente de una sirena botando agua por la boca pareciendo todo un espectáculo visual con las luces de colores en el agua.
Había varias personas alrededor tomando tragos y bailando, la música llenaba el lugar, las palmeras, los arbustos y la decoración del sitio hacían de cada espacio un lugar mágico y agradable. Nos acercamos a la barra y Ángelo nos presentó a varias personas de ahí que al parecer eran socios y amigos.
—Amiga —Lana me agarró del brazo susurrándome al oído: — Mira quién viene ahí.
Seguí el hilo de su mirada observando quien se acercaba a la barra, un hombre alto, musculoso, cabello en corte militar ligera barba enmarcando su rostro y una presencia parecida o igual a la de Ángelo Werner.
Era Cristian. Cristian Coleman.
El mejor amigo de Ángelo, lo conocía porque lo había visto en varias fotos juntos, Cristian era dueño de la marca Exquisita de ropa íntima femenina a nivel nacional, tan millonario como Ángelo Werner y tan influyente como él también, era hijo de un magnate actual dueño de la empresa ANTARTICA; una de las principales industrias de comida a nivel nacional.
—Hey, él es Cristian —dijo Ángelo luego de saludar a su amigo, presentándonos—, es uno de mis mejores amigos.
‹‹Ya lo sé, te coso››.
Cristian saludó a David y a Lana, yo extendí mi mano para corresponder su saludo pero él sujetó mi mano con más fuerza de lo común, sus ojos grises fijos en los míos, al parecer era muy común en los empresarios querer intimidar a las personas con tan solo la mirada.
—Vaya que eres hermosa, supongo que tú eres Kiara —dijo Cristian llevando mi mano a su boca para darle un beso en el reverso, cosa que no hizo con Lana ni David y todos nos quedamos ligeramente sorprendidos de su atención exclusiva hacia mí.
Sabía mi nombre.
¿Ángelo había hablado de mí?