VI

1751 Words
VI   Capítulo 6: Mi jefe Ángelo Werner.   KIARA CRAFT   Mi madre estaba hospitalizada y mi padre empeorando de su cáncer, sentía que mi corazón tenía un hoyo que no podía reparar ni detener, solo se abría cada vez más esperando el golpe que lo terminaría de romper por completo. — ¿Cómo que hospitalizada? ¿Qué le pasó? —solté casi sintiendo que el suelo se abría bajo mis pies y no podía sostenerme para evitar caer. Ella miró nuevamente la computadora. —Asma —murmuro. —Mi madre no es asmática… —murmuré, nunca la había visto cansarse o necesitar tratamiento. Pero antes de que pudiera decir algo más, ella agregó diciendo: —Está en el piso 13, habitación 8. No comprendía qué estaba pasando, es decir había escuchado a mi madre tosiendo como si le fuera a dar gripe, no creía que de verdad estuviera hospitalizada, debía de ser un error. Fui al sitio donde me indicó y entré a la habitación observando a mi madre sentada en la camilla, tenía una mascarilla de oxígeno cubriendo su boca y su nariz, pero parecía bastante tranquila a pesar de lo pálida que lucía. —Hey —murmuré acercándome a ella alzando una ceja—, se suponía que debías cuidar a papá, no enfermarte también. Intenté bromear para liberar algo de nervios y ella soltó una ligera carcajada que sonó algo estrangulada por la mascarilla. —Me trataron como una paciente asmática —murmuró y tuve que acercarme a ella para poder escucharla mejor—, también creen que puede ser una infección en los pulmones o demasiada mucosidad, pero estamos esperando los resultados… Tomó una profunda respiración, se notaba que el simple hecho de hablar la agotaba. —Tranquila, todo va a estar bien, voy a ver a papá… —murmuré. —No —me sujetó de la muñeca antes de que pudiera irme, tomó otra profunda respiración y explicó—: Amor, debes ir a suplantarme en el trabajo. Fruncí el ceño, realmente me parecía todo un disparate lo que me decía. —Mami, debo cuidarlos a ambos ahora —dije sin comprender—, no puedo dejarlos solos. Mi madre negó con la cabeza, sus ojos oscuros fijos en mí. —Necesitaremos medicinas —explicó—, y en la empresa me pagan mucho más que en el trabajo que tienes, no puedo arriesgarme a que me despidan, suplántame, dinero es lo que necesitamos ahora.  Abrí la boca pero no encontré nada para decir, ella tenía razón, dinero era lo que necesitábamos ahora que ambos estaban delicados de salud, en mi trabajo pagaban bien, pero en el trabajo de mi madre tenían más beneficios y pagaban un poco más que mi sueldo, perder ese trabajo era nuestra peor pesadilla. Estaba agotada, tanto física como mentalmente porque no había dormido nada, pero por mis padres haría lo que fuera. Necesitaba cuidarlos. Salí a la empresa Werner, al menos mi camiseta blanca y jeans eran parecidos al uniforme que usaba mi madre para ir a trabajar, solo esperaba no encontrarme con Ángelo, sería incómodo luego de nuestra conversación de esta madrugada. Casarnos… que disparate. Llegué al edificio Werner, la infraestructura era grande y bien conservada, nunca había entrado, siempre la había visto desde afuera, pero mi madre me contaba lo hermosa que era por dentro; ella no estaba equivocada, cuando entré observé la luz blanca iluminar la recepción y la cantidad de personas caminando de un lado a otro, todos bien presentables con sus trajes ejecutivos, casi me sentía fuera de lugar con mi moño alto y mi ropa sencilla. —Hola —dije acercándome a la recepcionista, ella alzó la vista mirándome con algo de arrogancia deslizando sus ojos por mi vestimenta antes de mirar mi rostro. Definitivamente la arrogancia destilando por todos lados. —Soy la suplente de Katiana, es mi madre —expliqué y le entregué el reposo—, ella está enferma. Ya mi madre había llamado para avisarle a su jefe que mandaría un reemplazo mientras estaba de permiso, y dijo que no había problema, así que solo necesitaba que me ubicaran y me dijeran lo que había que hacer. —Claro —dijo volviendo a verme con desdén—, lo suponía. Apreté la quijada, nunca me la llevé bien con este tipo de personas creídas que se creían la gran cosa solo por estar en un buen trabajo, pero probablemente cobraba lo mismo que mi madre, únicamente era creída. Ella me indicó de mala gana y con una sonrisa hipócrita donde debía de ir para limpiar junto a las demás del personal las áreas del edificio, me tocó limpiar los pasillos y era un dolor de cabeza porque la gente ignoraba los anuncios de “Piso Mojado” y pasaba por todo el medio como si les valiera mierda ensuciar todo. Odiaba el aseo. —Katiana —me llamó el supervisor de limpieza, él era un señor de baja estatura algo calvo. —Kiara —lo corregí tal vez por décima vez en todo el día. —Ajá —dijo restándole importancia—, necesito que limpies… —No me digas que otra vez derramaron café en la recepción —solté ya agotada, toda la puta mañana la odiosa mujer de recepción había derramado café en el piso y yo había tenido que limpiarlo, estaba muy segura de que ella lo hacía apropósito, únicamente porque era una odiosa que le caí mal desde el principio. —No, no —dijo—, la oficina de juntas, habrá una reunión en la tarde con los jefes principales, necesitamos limpiar el suelo y la mesa. —Okey —me limité a decir, siguiéndolo a la oficina de juntas donde comencé a limpiar con otros del área de limpieza, de igual forma las oficinas parecían siempre estar impecables, así que lo único que debíamos hacer era dar un repaso. Odiaba el aseo, creo que ya lo mencioné, pero creo que nunca me cansaría de decirlo. Cuando terminamos por fin podíamos almorzar algo, pero el gran detalle era que no había traído almuerzo o algo para comer,  mi estómago gruñía de hambre, no había comido más que el desayuno y me sentía completamente exhausta, agotada, a punto de desmayarme del sueño, trabajar toda la noche y todo el día, el saber que mis padres estaban en el hospital con salud delicada me ponía aún más ansiosa. Me senté por un momento aprovechando que me habían dejado sola en la oficina, me recosté por un momento en la mesa, sentía como todos mis músculos se contraían y el agotamiento me apagaba por completo, tal vez solo necesitaba cerrar los ojos unos segundos y… Oscuridad. Sentía que alguien me movía el hombro y me sobresalté intentando enfocarme en dónde me encontraba y lo que hacía... Estaba durmiendo. —Esto es increíble. Escuché en medio de mi ensoñación y terminé de abrí los ojos observando al hombre frente a mí, tan irreal que casi me pareció estar soñando… siempre que lo veía todo lo demás perdía sentido; creo que por eso me encantaba que él fuera mi crush… era un escape de todos mis putos problemas. — ¿Dormiste bien? —dijo Ángelo en tono burlón. Me levanté rápidamente de la silla intentando aparentar que no había estado durmiendo profundamente, mi cuello dormía un poco por la posición incómoda en la que me quedé rendida, aún no había nadie en la sala afortunadamente. —Perdón, es que… estaba muy cansada y… —comencé a caminar a la puerta para irme, cuando de repente Ángelo me agarró de la muñeca haciendo que indudablemente mi pecho saltara de felicidad por su simple tacto que aún no podía superar, me voltee hacia él alzando la cabeza para poder ver su rostro, sus ojos verdes fijos en mí casi como si pudieran traspasarme. Creo que jamás me acostumbraría a verlo con otros ojos que no fueran de adoración absoluta. ‹‹Eres una estúpida, Kiara, valorate››. ¿Pero cómo podía dejar de verlo de esa manera? Podía fingir que no removía cada molécula de mi cuerpo pero nunca fui tan buena mentirosa. —No sabía que trabajabas para mí —comentó. —Estoy suplantando a mi mamá —expliqué, él me observó por un momento fijamente con una ligera sonrisa al decir: —Entonces de igual forma, estás trabajando para mí —afirmó. En teoría así era, Ángelo era mi jefe por ahora… y yo estaba jodidamente enamorada de él. —Algo así —dije sintiéndome avergonzada de que me encontrara durmiendo y observara mi rostro de agotamiento absoluto—, perdón, debo irme. Me solté de su agarre tomando la escoba de barrer para poder irme, pero no calculé bien donde estaba la puerta y me estrellé contra el vidrio de la oficina en un ruido cejo, mi cuerpo rebotó y casi me caí, pero por suerte Ángelo me sostuvo en sus brazos. ‹‹Maldita sea, siempre pasando vergüenza Kiara››. — ¡Auch! —me quejé tocándome la frente donde había recibido todo el golpe. Me sentía hecha un desastre y mi cerebro no procesaba bien lo que hacía. — ¿Estás bien? Te veo algo pálida —comentó tocando un costado de mi cabeza, sus manos grandes y frías me hacían sentir completamente idiotizada y mis ojos únicamente se enfocaron en sus labios olvidándome incluso de mi nombre, estaba tan cerca... si me alzaba en puntillas podía besarlo… Tal vez si lo besaba un poco… un solo roce… ‹‹Maldición Kiara, ¿qué pasa contigo?›› Tenía que huir de aquí antes de cometer una locura. —Yo… Estoy bien —aclaré mi garganta al sentir que me había quedado sin habla y me volví a soltar de su agarre para guardar distancia, es que cada vez que él estaba cerca todo dentro de mí se revolvía de una manera que no lograba comprender… bueno sí lo comprendía, lo amaba desde el primer momento en que lo convertí en mi escape de la realidad. — ¿Segura? —insistió pareciendo preocupado. Realmente sabía que no, pero hablar de mis problemas no era una opción para mí.  Afirmé con la cabeza fingiendo una sonrisa y me voltee saliendo de ahí. Siempre iba a estar bien, hacía mucho que aprendí a ocultar cuando me desmoronaba por dentro…
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