III

2655 Words
III   Capítulo 3: El día que lo vi en el bar.   Sus ojos se movieron un poco y lo escuché tomar respiraciones profundas, grité de alivio sintiendo mis manos y mi cuerpo temblar, besando la frente de mi padre, estaba vivo. Busqué mi teléfono y llamé a emergencias, enseguida lo trasladaron al hospital diciendo que lo mantendrían hospitalizado unas horas para ver como evolucionaba, sabía que mi padre lo único que hacía era sufrir esperando sus últimos momentos de vida, me sentía exhausta de tantos golpes emocionales, en su enfermedad era muy común que en algunos momentos estuviera excesivamente bien y en otras demasiado mal. Me senté en la silla al lado de la camilla mi padre, había llamado a mi madre para avisarle, ella dijo que pediría un permiso en el trabajo para venir, pero le dije que no era necesario, pedir permiso hacía que le restaran parte del pago y era un lujo que no podíamos darnos, en especial porque ya iban casi 3 veces que le sucedía esto en este mes, ella tenía que venir en la noche para yo poder irme a trabajar y luego si a mi padre no le daban de alta tendría que quedarme por la mañana con él para que ella fuera a trabajar. Así era nuestra vida. Saqué mi teléfono para buscar alguna buena historia para leer online, era mi único entretenimiento en estos momentos donde me sentía sola, es decir yo acompañaba a mi padre, estaba para lo que necesitara, pero la gran mayoría del tiempo sentía que no le importaba a nadie.  Me distraje al ver que la historia que yo había publicado inspirada en Ángelo Werner había llegado a casi 500 mil visitas, me entretuve leyendo los comentarios y respondiendo algunos que eran para mí, realmente me hacía sentir mejor que algunas personas dijeran que mi historia las hacia salir de la realidad y olvidarse del resto mundo; la mayoría me pedía una segunda parte, nunca me animé porque no me sentía una buena escritora, pero comencé a recordar como el escribir me hacía también olvidarme del mundo, así que me divertí escribiendo el primer capítulo yéndome en mis pensamientos, ni siquiera me había dado cuenta de la hora cuando mi madre llegó a la habitación, a este punto ya había escrito casi 3 capítulos y los había publicado en la plataforma. — ¿Estás bien? —preguntó mi madre envolviéndome en un ligero abrazo y dándome un beso en la frente, por unos segundos me sentí en paz y en tranquilidad, siempre fui muy cercana a mi madre. —Sí, está durmiendo —murmuré levantándome de la silla—, voy a ir a la casa a darme un baño rápido antes de salir al trabajo. — ¿Comiste? Te ves pálida, amor —dijo mi madre y la escuché toser. No comía desde ayer al mediodía porque se me había hecho tarde y no me dio tiempo cenar, pero obviamente no podía decirle eso a mi madre. —Sí, es que estoy cansada —me limité a decir, la escuché toser nuevamente. — ¿Estás bien? —pregunté, ella afirmó con la cabeza restándole importancia e involuntariamente mi mirada fue a la puerta quedándome de piedra al ver quién había entrado. —Hola —dijo él. Miré a mi madre y ella me ofreció una sonrisa de disculpas. Una sonrisa de disculpas no era suficiente, no entendía qué hacia él aquí. —Hola, Andrés —dije fingiendo estar de buen humor únicamente para no incomodarlo. —Andrés me trajo —me informó mi madre—, me lo encontré cuando salí del trabajo y dijo que venía en la misma dirección. ‹‹Si claro y yo tengo 1 dedo de frente››. Andrés era el hermano de Lana; mi mejor amiga y vecina, él era ese típico chico brabucón que iba en su motocicleta con ropa oscura y chaquetas de cuero completamente engreído porque era modelo de una marca de ropa nacional, Andrés era guapo y lo sabía, pero odiaba que hablara tanto de sí mismo, era demasiado egocéntrico. Odiaba a los egocéntricos. E inexplicablemente Andrés siempre me coqueteaba hasta el punto de ser un baboso queriendo invitarme a su habitación, no una, varias veces, obviamente nunca accedí porque estaba enamorada de Ángelo Werner… pero eso era antes de que descubriera que él era un idiota incluso peor que Andrés. —Qué bien —me limité a decir—. Bueno, yo me voy. Arreglé más mi abrigo para que no viera la ropa exhibicionista que aún tenía de anoche, no quería que me viera, me parecía asqueroso desde esa vez en la que lo vi entrar con 2 chicas a su casa cuando Lana y su madre estaban de viaje. Me decepcionó por completo porque realmente había considerado ir con él y ver qué ocurría. Pero como la mayoría de los hombres, únicamente pensaban en sexo no en algo más allá, yo buscaba una relación... y ni eso, porque tenía demasiadas preocupaciones encima como para pensar en estar con alguien… por eso fantaseaba con Ángelo Werner en cada historia que leía, era como estar enamorada sola, obviamente nunca iba a suceder nada porque él nunca supo de mi existencia hasta hoy que me atropelló, pero el simple hecho de pensar en él y en la sonrisa de sus fotos era suficiente para mí. Era un niña infantil aún, lo sé, pero yo estaba bien así, únicamente pensando en lo que podría pasar... —Yo te llevo —se ofreció Andrés—, ya me iba a la casa. Iba a negarme, el hospital quedaba a solo dos cuadras de mi casa y podía irme caminando, pero antes de que pudiera decir algo mi madre se me adelantó a decir: —Sí, no vaya a ser cosa que se desmaye, mira lo pálida que está. —Ven —Andrés me ofreció una sonrisa y sentí que no tuve más opción que seguirlo, realmente nos llevábamos bien; nos tolerábamos, pero no éramos tan cercanos, siempre hubo esa rara sensación de incomodidad, al menos de mi parte por no querer ceder a ir a la cama con él. Fuimos a la moto, ya el reloj tocaba casi las 7, en 2 horas tendría que ir a trabajar y me sentía completamente agotada, pensar en que tendría que estar bailando toda la noche ya me desmotivaba por completo; odiaba mi trabajo. — ¿Cómo has estado? Tenía tiempo sin saber de ti —dijo Andrés acomodándose en la moto. —Bien, ya sabes... lo mismo de siempre —murmuré acomodándome a su lado y aguantándome de la parrillera de atrás para evitar tocarlo. Él soltó una carcajada. —Vamos, ¿ni un abrazo, Cielito? —Murmuró arrancando la moto sin esperar una respuesta de mi parte— tan típico de ti ser tan rara conmigo. Cielito era el término que usaba con todas, realmente eso me hacía crear más el muro entre él y yo. Odiaba que me llamara así. —No me he bañado desde ayer, créeme que no te gustará que te abrace —ironicé. —Me gustaría mucho más que un abrazo —comentó—. Incluso podría ayudarte a bañar si quieres. Como no, aquí estaban sus propuestas indecentes incomodando la situación. ‹‹Puerco asqueroso››. Andrés era guapo con sus ojos grises cabello corto y cutis de bebé, pero nunca lo vi de esa forma, crecimos juntos y al igual que Lana me parecía un hermano; un sádico hermano. —No digas esas cosas, me haces sentir incómoda —solté, él estacionó la moto frente a mi casa y yo me bajé con rapidez queriendo irme de aquí. Me daba asco. —Tienes razón, lo siento —murmuró—. Yo… ¿quieres que te lleve al trabajo? Fruncí el ceño acomodándome el cabello, no parecía hablar en broma. —No quiero incomodarte —dije—, voy a bañarme, comer algo y salgo al trabajo… —Vale, yo estaré aquí para llevarte —insistió—, no es problema para mí. No dije nada, simplemente entré a mi casa, primera vez que lo veía con un interés más allá de llevarme a su cama. Me tomé una ducha para poder espabilarme, me cambié a mi típico uniforme de pantalones cortos, top de lentejuelas; cubriéndome con otro abrigo grande y comí algo rápido; un pan con queso para poder salir. A este ritmo sentía que me estaba matando a mí misma, no comía, no dormía, sentía que había envejecido 10 años. Al salir me encontré con Andrés quien se había quedado afuera recostado de su moto andando el teléfono, cuando me acerqué él alzó la vista con una ligera sonrisa. — ¿Lista? ¿Nos vamos? —preguntó. Afirmé con la cabeza aun sintiéndome extraña de su actitud, lo conocía desde siempre, sabía que quería preguntarme algo, lo percibía pero estaba preparando el terreno.  Llegamos al bar y me bajé de la moto sintiéndome extraña, él había estado muy callado. —Eh, gracias —murmuré— por traerme… —No hay problema —murmuró mordiendo su labio inferior y haciendo esa extraña mirada que hacen los modelos que intentan ser sexys cuando un fotógrafo le toma la foto. Definitivamente no lo veía de esa forma. —Oye —continuó—, ¿quisieras salir conmigo? Esta vez a una cita, ir al cine o algo… Lo pensé por un momento, nunca me había invitado a una cita, bueno, en realidad nadie nunca me había invitado a una cita, generalmente siempre eran propuestas indecentes. —Eh, claro —dije porque realmente no encontré una excusa rápida para rechazarlo—. Está bien. —Bien —sonrió—, nos vemos entonces, chao. —Chao —murmuré aun sin entender muy bien lo que había acabado de pasar y entrando al bar para trabajar, ahora tenía una cita, pero no nos habíamos puesto de acuerdo de dónde o cuando sería… Este día se ponía cada vez más raro.   ÁNGELO WERNER   ‹‹Perdida de material››, ‹‹Maquina dañada››, ‹‹Mal mantenimiento››. Esas palabras me enfurecían y yo no era de los que se molestaban tan fácilmente, pero se suponía que mi empresa tenía un equipo de ingenieros de todo tipo, ella se encargaban de mantener funcionando las maquinarias, hacerles mantenimiento y velar porque funcionaran bien, pero al jefe del departamento nunca hizo un mantenimiento preventivo o algún mantenimiento en general, simplemente dejó que una de las maquinas principales que formaba el caucho sintético de los balones de basquetbol se dañara y comenzara a trabajar quemando el material, lo que ocasionó pérdidas no solo de la mercancía, sino también del departamento cuando la maquina se sobrecalentó incendiándose. El vigilante fue el único que se dio cuenta, me enfurecía. Los despedí a todos por ineptos, y contraté nuevo personal, necesitaba que el equipo trabajara conmigo, no que le diera igual la empresa. Tuve que invertir dinero en otra costosísima máquina para poder producir porque la antigua maquina quedó hecha mierda, nada más que unos pocos repuestos se pudieron salvar, me hervía la sangre, había perdido demasiado dinero y necesitaba pagar una fuerte cuota dentro de 5 meses de otras máquinas y propiedades en las que había invertido. Necesitaba el dinero, pero las ventas habían bajado por ese incidente de la máquina que se dañó, si no me recuperaba rápido iba a caer en bancarrota, mis opciones eran vender las propiedades y el nuevo yate que había comprado, pero me negaba a perder lo que con mucho esfuerzo logré alcanzar, siempre había querido un yate y no iba a perderlo por culpa de personas que no habían hecho bien su trabajo.  Le marqué a mi padre, Ángel Werner, mis padres eran unas personas mayores, la mayoría de la gente pensaban que eran mis abuelos, pero por lo que sabía ellos no habían podido tener hijos y por una obra milagrosa mi madre logró quedar embarazada casi a las 40 años. —Hola Campeón, ¿Cómo lograste solucionar? —la voz de mi padre siempre me calmaba, era una persona esforzada, que dio todo para que nunca me faltara nada, mi padre era mi héroe, solo confiaba en él para contarme lo que me pasaba; al menos en cosas de los negocios, él siempre parecía ser la voz de la experiencia. —Bueno papá —solté un suspiro sentándome en el escritorio de mi oficina—, estoy que le pido un préstamo al banco. Solo escuché silencio, pedir un préstamo al banco era ahorcarme a mí mismo, la comisión era perdida, no me convenía. — ¿Estás seguro que no quieres vender el yate o la mansión de Hawái? —preguntó. Ni de broma iba a vender lo que tanto esfuerzo me costó conseguir. — ¿Qué me dices de la herencia del abuelo? —pregunté, recordaba que mi abuelo me había dejado una millonaria herencia porque era dueño de embarcaciones o algo así, nunca lo conocí, pero él odiaba a mi padre así que me dejó toda la herencia a mí, o al menos eso me dijo mi papá, era una historia bastante triste. —Bueno, creo que es una buena opción —dijo—, pero los términos establecen que debes estar casado. Me quedé frio, no había recordado ese detalle, pero creo que podría conseguir a cualquier chica que me hiciera el favor. —Me voy a casar con mi novia —mentí. —No nos habías dicho que tenías novia —comentó como si obviamente supiera que mentía, mi padre me conocía perfectamente. —Es que… —aclaré mi garganta— no había querido presentarlos, pero, ahora sí sé que es la indicada. —Bueno hijo, en ese caso, podemos comenzar a hablar con la abogada —dijo mi padre—, creo que te cayó como anillo al dedo tu prometida. Soltó una carcajada y yo me uní a su risa intentando parecer sereno, pero realmente me sentía terrible por estar mintiéndoles. —Excelente papá —dije—, hablaremos durante la semana para cuadrar la cita con la abogada, ¿está bien? —Excelente —corroboró y colgó. Sonreí, esto era perfecto, si cobraba la herencia tendría lo suficiente para salir de las deudas y estar incluso solvente, pero el problema era… Que no tenía novia. Nunca tuve una novia oficial, una vez lo intenté pero siempre terminaba jugando con otras y cuando comencé en este mundo del comercio las chicas se me abalanzaban encima, realmente no quería compromisos, aún era joven 24 años, no quería casarme y atarme a alguien… Lo pensé por un momento levantándome del escritorio y llevando una mano a mi barbilla mientras caminaba en círculos, necesitaba tener una cómplice, alguien que estuviera dispuesta a hacer esto por mí sin refutar, que fuera manipulable y se acoplara a mis términos de divorciarnos cuando me diera la gana. Alguien que estuviera tan babeada por mí que la pudiera manipular a mi conveniencia… La rarita que atropellé esta mañana. Volví a sonreír sabiendo que ella era la carnada perfecta, estaba tan boba por mí que hacer que me hiciera caso en todo iba a ser pan comido, además era algo bonita, tendría que llevarla a una estilista o peluquera pero lo que vi me parecía aceptable. Levanté el teléfono y marqué a mi mano derecha; Eugenio, él en la tecnología era un dios, nada podía ser oculto para él. —Hable jefe —saludó. —Necesito que investigues todo acerca de Kiara —lo pensé por un momento, recordaba haber visto en su teléfono su apellido y agregue: — Craft; Kiara Craft. —Entendido jefe —dijo. —Gracias —colgué. La manipulable Kiara sería mi esposa falsa.    
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