IV

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IV Capítulo 4: La rara vibra del hombre sexy.     KIARA CRAFT   Fui a camerinos para dejar mis cosas y maquillarme (o más bien pintarme el rostro), las chicas se estaban acomodando y bromeaban entre ellas, pero yo sentía que mi cabeza iba a explotar, estaba bajo demasiado estrés y el dinero realmente me hacía falta. —Toma —dijo Ana entregándome un vaso con un poco de alcohol—, se ve que lo necesitas. Ella era una de las más viejas en el bar con las cejas pintadas de n***o y tatuajes alrededor del cuerpo, usualmente no bebía, pero necesitaba relajarme, así que bebí todo de un solo trago y me estremecí haciendo una mueca sintiendo el ácido quemar en mi garganta, sabía horrible. —Gracias —murmuré, realmente lo único que necesitaba era morirme y volver a nacer en Dubai.  Salí a mi jaula junto con las muchachas, el bar se veía con bastante movimiento posiblemente por ser sábado. Empecé a bailar dentro de mi jaula guiándome por la música a todo volumen, el olor a alcohol comenzaba a marearme y veía de vez en cuando con entretenimiento como chicas que querían pasarla bien se les ofrecían a los hombres con la única intención de que les invitaran tragos gratis. Era lo único entretenido de toda este bar de mierda. Ya era pasada las 3 am, en unos minutos por fin podríamos irnos, siempre teníamos un descanso después de la media noche de media hora para tomar agua y secarnos el sudor, pero realmente sentía que no era suficiente, ya estaba agotada.  Mi mirada se enfocó en las personas que habían acabado de entrar y me detuve por un momento sujetándome de los barrotes para no caerme cuando sus ojos verdes pareciendo cruzar el bar y se enfocaron en mí, aún a la distancia pude ver una ligera sonrisa bailar en sus labios, los rulos de su cabeza lo hacían resaltar. Mierda. Ángelo Werner estaba aquí. Quise ocultarme, pero era una bailarina metida en una jaula en un muro alto en el bar, no tenía donde meterme. Maldición. Tragué pesadamente saliva y fingí no haberlo visto continuando mi trabajo, no entendía qué hacer aquí, ¿casualidad? Me parecía un mal chiste; un disparate, este bar era de mala muerte por los tragos económicos, nunca había venido algún magnate, mucho menos Ángelo Werner. Lo vi acercarse con el grupo con el que venía, su caminar era imponente, llamaba la atención porque simplemente todo de él era impresionante, desde su explosión de rulos, su suéter n***o que se acoplaba a sus hombros anchos y brazos musculosos, jeans oscuros y zapatos deportivos, los tatuajes se asomaban en sus manos y en parte de su cuello, su rostro… maldición, creo que jamás podría dejar de asombrarme su belleza, lo había idolatrado tanto; por tanto tiempo que verlo removía todo dentro de mí, mi corazón se aceleraba al igual que mi respiración y solo quería gritar como toda una fan y abalanzarme sobre él. ‹‹Recuerda cómo te trató, Kiara››. Maldición, tenía que recordar lo que había pasado esta mañana, me había atropellado y encima me había inculpado diciendo que yo me había lanzado apropósito contra el carro, era un idiota, me había dado cuenta que Ángelo era un arrogante, engreído, egocéntrico y… Se sentó en la mesa cercana a mi jaula y todo pensamiento coherente se esfumó de mi mente cuando sus penetrantes ojos verdes se fijaron en mí y estiró la comisura de sus labios formando una ligera sonrisa que prometía peligro. Relamí mis labios e intenté ignorarlo al notar que mi jefe se había acercado a la mesa de ellos para saludarlos, era extraño porque nunca había visto a mi jefe reírse o sonreír, siempre tenía cara de culo. Continué bailando pero me sentía intimidada bajo su mirada de hielo que parecía no perderme de vista aun cuando mi jefe hablaba con él. ‹‹Vamos, estúpida no seas cobarde››. Tenía que entrar en razón, este era mi trabajo y él simplemente era un cliente más, me pagaban por bailar y era buena en eso, no iba a dejar que me intimidara, además, con mi jefe cerca no podía darme el lujo de hacerlo mal. ‹‹Tú puedes con esto››. Tomé una profunda respiración y le sostuve la mirada a Ángelo mientras me deslizaba por los barrotes moviendo las caderas al igual que mi cabello bailando al ritmo de la canción que sonaba, lo admitía, muy pocas veces me movía con tantas ganas; creo que nunca, pero saber que me veía me hacía querer echarle en cara que no era solo una “rara pervertida” como él me había llamado. Quería que viera que podía ser sensual. Aunque ahora estaba actuando como toda una sádica… Su mirada se oscureció mientras yo pasaba la mano por mis pechos y sentí sonrojarme cuando observé como relamió su labio inferior sin dejar de observarme. Maldición. Que tuviera esa mirada de deseo solo hacía que me pusiera nerviosa y algo torpe en mis movimientos.  Evité mirarlo mientras continuaba mi trabajo hasta que por fin se acabó nuestra hora de trabajo y podíamos salir de las jaulas, eso había sido intenso. El bar seguía con personas bebiendo y bailando, pero ya nosotras podíamos retirarnos por hoy, al menos los sábados en la noche era mi día libre y podía descansar. Me retiré junto a las muchachas a la parte de atrás donde estaban los camerinos para buscar nuestras cosas, y lo único que escuchaba eran comentarios de todas hablando del Ángelo Werner y de lo bueno que estaba. Sí estaba bueno, pero él ya lo sabía y solo lo volvía egocéntrico. Quise decir algo, pero me sentía irritada y molesta, tenía celos irracionales porque a pesar de todo lo que había ocurrido con él la madrugada de ayer, seguía siendo mi amor platónico; mi crush. MIO. Y que ella hablaran de él me hacían sentir como una toxica posesiva. ‹‹Cálmate Kiara, solo cálmate››. Tenía que enfocarme, Ángelo jamás se fijaría en mí, solo era un idiota y tenía que comenzar a sacarlo de mi cabeza, pero… ¿Qué hacía aquí? De seguro todos los otros bares estaban cerrados, ¿habría venido por mí? ‹‹No seas estúpida, tú no le importas››. Pensarlo dolía, pero era la realidad.  Mi crush me consideraba rara por acosarlo como toda una fan descontrolada. Maldita sea. Me coloqué mi abrigo, no llevaba mis lentes porque los había dejado en la casa de Ángelo la madrugada de ayer, así que ahora tendría que caminar las cuadras con las cara llena de pintura y brillos.  Salí junto a las muchachas hacia la calle, el ambiente era frio, aun un poco oscuro, noté que habían personas afuera, pero solo una resaltó; Ángelo Werner, evité mirarlo a él o a su círculo de amigos cuando pasé entre ellos para poder irme, pero me detuve cuando un cuerpo se interpuso en mi camino privándome el paso, alcé la vista quedándome sin aliento cuando lo vi; Ángelo me sonrió.
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