Capítulo 5

1099 Words
Como siempre, un nuevo día se hizo presente, pero en mi mente, en mis sueños, siempre estaba él. Y la verdad… me arrepiento de todo: de haber ido con Jhons, de haberme acostado con él, de haberlo visto, de absolutamente todo. Estoy sumergido en un mar de penumbras del que no puedo salir, mucho menos desaparecer. Dios… ¿será que algún día podré olvidarlo? Ese hombre se me metió en lo más profundo y, por desgracia, creo que será imposible alejarlo de mi ser, me guste o no. He luchado con mi mente, con mis deseos, con las malditas ganas de tenerlo encima; con el impulso de ir a la maldita disco a buscarlo, en la noche, en la tarde, en la mañana. Siempre lo deseo. Siempre. Su maldito elixir de amor me tiene atrapado. Dios… voy a volverme loco. —¿Quieres comer algo más, hijo? —preguntó mi madre, con el mismo ánimo de siempre, sacándome de mis pensamientos, donde solo estaba él… nadie más que él. —No quiero nada más, gracias —respondí sin ganas de nada, aunque ella no pareció notarlo. —¿Hijo? Tu papá quiere que vayas con él este fin de semana, si quieres, obviamente —dijo. Eso sí que era raro, sobre todo viniendo de papá. —Vale, mamá, yo le llamo —le respondí ya más resignado. La verdad, preferiría quedarme aquí todo el día, metido entre mis sábanas, sin pensar en nada… o mejor dicho, sin pensar en él, en George Brown. —Hijo, tengo un viaje de negocios. No estaré por un par de días —me dijo. No le respondí. Ni siquiera añadió nada más, estaba tan feliz que parecía no importarle nada de mí. Claro… un viaje de negocios. Como si yo tuviera tres años, mamá. —Está bien, no hay problema. Ve a tu viaje de “negocios”, hablamos después. —Vendrá por ti. ¿Estarás listo, Lian? Y por Dios, no se peleen —lo dijo como si yo fuera el más conflictivo de la familia. Seguimos desayunando muy tranquilos ella me estaba contando en él hombre que conoció y que lo quiere invitar a la casa y todo tan rápido —¡¡Vale, esto ya va en serio para que lo traiga a la casa!! —pensé de inmediato. Según ella, era muy lindo, muy apuesto… aunque, como siempre, se acomplejaba. Decía que yo estaba muy joven y que tenía todo lo que podía querer en la vida. Quería que la cena fuera entre parejas: ella con su “novio” y yo con Willians. Le dije que estaba bien, aunque la verdad no sé si quiero conocerlo. Seguro ha de ser un viejo horrible, todo lleno de arrugas, con panza… solo de imaginármelo me dolió el estómago y me dio asco. Seguimos desayunando muy tranquilos. Ella me estaba contando sobre el hombre que había conocido y que quería invitarlo a la casa, todo tan rápido que hasta me dio vértigo, así que terminamos la charla al darnos cuenta de que la hora no nos dejó otra opción que correr para no llegar tarde. En cuanto llegué a la clase de francés, me di cuenta de que por equivocación me había llevado las llaves del trabajo de mi madre. Así que tuve que salir y faltar a la clase para llevárselas, porque si no las tenía se metería en muchos problemas. Llegué lo más rápido que pude; claro, tomé un taxi para poder llegar cuanto antes. Al divisar la puerta del edificio me registré con el guardia en recepción y, al salir de ahí, esperé el ascensor para poder subir. Fue toda una travesía, al parecer esta gente siempre llega tarde. Dios, mi madre tiene su oficina en el piso 20 y yo recién iba por el 10… madre mía, a este paso no llegaré nunca. En el piso 18 se bajaron todos; al parecer, todos trabajaban en ese piso. Solo dos más y llego… pero en el 19 el ascensor se detuvo y me maldije por dentro. Al darme cuenta de quién se subió en ese piso, mi mundo se vino abajo. La verdad quise caerme sobre la maldita alfombra del ascensor. No podía ser… era él. Era él. Ya quería llorar de antemano, esto era real, sí lo era. No podía ser posible otra vez, me muero, necesito ayuda. Parecía como si estuviéramos destinados a encontrarnos de esta manera. Él parecía serio, incluso molesto, pero en cuanto levantó la mirada y me vio, su rostro cambió por completo. Al parecer sonrió, como si todo le resultara gracioso. La verdad… era pura magia ver a este hombre. No estaba preparado. Si el maldito destino lo pone mil veces frente a mí, mil veces intentaré esquivarlo. Así no se juega, maldito destino hasta ahora vas ganando. ¿Acaso no ves que este hombre es nocivo para mí y que tengo que escapar? Quise salir de ahí cuanto antes, pero cuando lo intenté él me tomó de la cintura. Su agarre no era para detenerme… era para que no escapara de él otra vez. Los nervios se apoderaron de mí. Empecé a sudar; el sudor bajaba por mi espalda pero lo que más temía era mirarlo y enfrentar a la persona con la que he estado soñando, despertando empapado y lleno de deseo. En cuanto me sujetó, me abrazó, juntando nuestros cuerpos. La diferencia de estatura nunca me había parecido tan enorme como en ese instante. —¿Por qué huyes de mí otra vez? —dijo. Me recompuse y lo miré a la cara. Sentí que iba a desmayarme, me concentré en respirar, en controlar los nervios para que no notara que me moría con solo su presencia—. Parece que mi presencia te molesta… o que no me toleras... Lo noté en el restaurante y ahora aquí. Al parecer el destino está jugando a mi favor… o será que me estás siguiendo tú también. Aunque eso ya sería cosa de un acosador —sonrió—, pero esa idea también me excita. Madre mía, este hombre quiere verme muerto retrocedí a la defensiva. Tenía que protegerme de sus palabras antes de que me hechizara y me tomara ahí mismo. Se aproximó a mí y me acorraló contra la pared del ascensor. El frío metal se coló por mi espalda, atravesando la seda rosa de mi camisa. Me dejó sin fuerzas al sentir nuestros alientos chocar y mezclarse. Su respiración cálida, con aroma a chocolate, se metió por mis fosas nasales y mis pensamientos simplemente volaron.
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