Estaba distraído y pensativo hasta que llego Jhons y me distrajo desde lo lejos se me abalanzó a mis brazos con su linda sonrisa de cuadro echa un ladrón de humor
—¿Qué tal, querido? Estás un poco raro y perdido. ¿Pasó algo? Por cierto, ¿por qué no viniste ayer?
—Problemas en casa. Dormí mucho; toda la noche de “fiesta” me dejó mal todavía, y mis padres terminaron de joderme. Por eso decidí dormir todo el día y me desperté recién esta madrugada —intenté no sonar muy nervioso, omitiendo, claro, lo obvio para mí.
—Bueno, no te perdiste de nada. Solo que Willians andaba por aquí, preocupado por ti —claro que debía estarlo; con tantas llamadas de mi madre, era más que obvio. Más tarde tendré que hablar con él.
—¡Oh! Vaya… —fue lo único que pude decir, ya que, sin decirlo ni pensarlo, él apareció en mi mente otra vez.
Como caído del cielo, llegó el profesor Jimmy, y todos nos sentamos a escuchar la aburrida clase de administración.
La clase terminó después de que las horas se hicieran más lentas de lo normal. Al sonar el timbre, todos salimos. Yo esperé a Jhons, que venía detrás de mí, salimos juntos al llegar a la salida me detuve para llamar a Willians y encendí el móvil, que había estado apagado por obvias razones.
Las llamadas y los mensajes empezaron a llegar como locos.
Al marcar el número, la conciencia empezó a pasarme factura. Me sentí como la basura más sucia de todas. Era una porquería. Él no merecía esto, estaba claro. Pero yo fui el del error: engañé a mi novio de hace años, desde el colegio. Mala persona que eres, Lian.
—¿Lian? —contestó desde el otro lado, muy preocupado.
—Hola, Willians —murmuré despacio, aunque debía cambiar el tono para que no notara lo mal que estaba.
—¿Bebé? ¿Dónde te has metido? Estaba preocupado —ahí estaba, matándome con cada pregunta, golpeándome la conciencia por el pésimo novio que había sido.
—¡Eh!… tuve una pelea con mi madre y me quedé en casa de un amigo. Por eso apagué el móvil, no quería saber de nada —mentí con una agilidad que ni yo mismo reconocía.
—Sí, ella me llamó a preguntar por ti y yo no sabía dónde estabas… ¿todo se arregló?— pregunta
—Eh… algo así. Mejor te cuento después. Solo te llamé para decirte que estaba bien.— no puedo con todo
—Gracias, amor, por avisarme. Sabes que te amo mucho cada día —no me digas eso, por Dios, si supieras…
—Sabes que yo también —y, en serio, siento lo mismo después de todo. Lo amo.
—Qué lindo novio me gané. ¿Nos vemos en la tarde? —lo que me faltaba, no, gracias.
—Eh… no. No puedo hoy. Mejor yo te llamo cuando pueda, ¿vale? —Dios, estoy en problemas.
—Bueno, mi rey. Te amo mucho, cuídate. Nos vemos —estoy en problemas, ¿ya lo dije?
Cuando colgó, la culpa me invadió por completo. Solo pensar en George Brown y en Willians me hacía sentir muerto. No sé cómo explicarlo, pero la mirada de Jhons parecía decir culpable.
—¿Qué pasa? —le pregunté. No quería sermones, aunque sabía que me mataría con palabras.
—¿Por qué le mentiste, Lian? —dijo sin más.
—¡Jhons! No me siento bien, sí las cosas no andan bien en mi vida. No quiero preocupar a nadie, menos a él.
—¿Lian?… ¿dónde te quedaste? ¿Me puedes decir? —ahí estuvo, dio justo en el clavo.
—En casa de un amigo. Si quieres, le llamamos para que lo confirme —dije, con pánico. Dios, que diga que no.
—No, tranquilo… no pasa nada. Dejémoslo así —lo sabía. Él y mi "amigo" fueron novios, pero alguien se metió en medio: el profesor Jimmy. Terminaron, pero sé muy bien que Jhons todavía lo ama y le da miedo encontrárselo por los pasillos. Qué cobarde
El silencio se apoderó del pasillo. Él estaba pensativo y yo… ni se diga.
Al final del pasillo escuchamos la risa tan característica de mi amigo y su nueva pareja. Bastó eso para que la expresión de Jhons se descompusiera por completo. Salimos corriendo por el otro lado. Había venido a ver a Jimmy, y eso a Jhons le dolía mucho.
Me sentí peor.
—¿Conoces al hombre con el que te acostaste? —preguntó, me quedé de piedra. No sabía qué hacer ni qué responder.
—¿De qué hablas? —intenté distraerlo, pero no funcionó. Esto era mucho más duro y complicado de lo que pensé.
—Jimin, te conozco muy bien. Sé que estabas con el dueño de la disco. Además, te vi salir con él. Suspiré ya no tenía sentido mentir.
—Sí… está bien. Me acosté con él. Y la verdad… me encantó estoy muerto, Jhons. Ese hombre me desarmó por completo y no sé cómo sacarlo de mi mente. Se quedó impregnado en mi piel —confesé. Al ver la expresión de Tae, me quedé helado.
—Jimin, sabes que te quiero, pero esto no va a salir bien. La mentira nunca termina bien, ojalá Willians no se entere. No tires años de noviazgo a la basura, mucho menos por un hombre que parece un dios del Olimpo… y no creas que no me di cuenta.
Jhons tenía razón.
Debía olvidar y seguir con mi vida. Estaba traicionando a la persona que me había amado durante tanto tiempo pero la verdad era otra. No podía negarlo. Ese hombre se me metió en lo más profundo. Se apoderó de algo que ni yo sabía que existía. Maldita sea… lo único que quería era volver a estar entre sus sábanas, sentirlo encima de mí, mirándome como si me perteneciera.
¿A quién engaño?
Solo quería estar con él pero no. Nunca más lo volvería a ver, maldita sea la vida.
Me perdí tanto en mis pensamientos que no me di cuenta de dónde estaba. Solo sabía que había llegado a una de las plazas más transitadas de España, en la zona rosa, por así decirlo.
Entré a un restaurante italiano pedí una copa de vino y unas tartas con ajo, sorprendentemente buenas. Luego fui al baño, me lavé los dientes y usé un refrescante sabor a fresa que siempre me gustó. Al salir, pagué en la barra y empecé a buscar mi móvil. En ese momento choqué con un camarero y todo lo que llevaba cayó al suelo.
—¡Discúlpame!, en serio no te vi —dijo el pobre hombre, nervioso, temiendo perder su trabajo.
—No, tranquilo. Yo iba distraído... Te ayudo —respondí mientras recogía mis cosas, que habían salido volando.
Me arrodillé buscando mis pertenencias, sobre todo el móvil. Entonces vi un cuerpo masculino detenerse frente a mí. Tenía mi teléfono en la mano. Me lo extendió y, luego, me ofreció la suya para levantarme. No me negué. En cuanto lo toqué, una corriente brutal me recorrió el cuerpo entero, desde lo más íntimo hasta la cabeza y con miedo, levanté la mirada.
Puta suerte la mía.
Era él.
Quise morirme. Que la tierra se abriera, que ocurriera una catástrofe, lo que fuera para salir de esa situación, nuestros ojos se encontraron y ninguno bajó la mirada. No nos soltábamos. Sentí que me faltaba el aire, que mi piel ardía.
Él sonreía, tal vez al verme… o al recordar la noche anterior. Yo, en cambio, estaba más aterrado que nunca, no sabía que mis pecados y mis temores habían salido a pasear para atormentarme aún más.
¿Por qué ahora?
¿De todos los lugares, tenía que ser este?
Justo cuando intentaba olvidarlo, aparecía para destruir lo poco que estaba reconstruyendo.
¿Falsa es mi vida, no?
Entonces una mujer se acercó a él. Alta, blanca, muy bonita. Me miró como si fuera algo fuera de lugar. Por la cercanía entre ellos, parecía alguien importante.
¿La novia?
El corazón me dio un vuelco, tenía que salir de ahí antes de que me rompiera por completo, le quité el móvil sin decir nada y me alejé.
—Permiso, me tengo que ir —le dije a ella, que bloqueaba mi camino.
—¡De nada! —respondió con sarcasmo.
—Adiós —dijo él. Escuchar su voz ronca me dejó sin aliento. Sentí una amargura que ningún manjar del mundo podría quitarme.
¿Adiós?
¿Eso era todo?
Después de todo lo que pasó entre nosotros… ¿solo un adiós?
—Gracias —fue lo único que pude decir. No sé cómo lo tomó. Solo sé que yo quedé peor que nadie.
Caminé sintiendo miradas clavadas en mi espalda. No era difícil adivinar de dónde venían, pero solo quería huir. Y aun así… él seguía siendo impecable. Insuperable. Guapísimo.
¿Cómo se supone que lo olvide? Denme vida para terminar con la mía y arrancarlo de mí… pero sin volver a verlo.
¿A quién quiero engañar?
Lo estaba anhelando. Y desde esa mañana, lo único que quería…era volver a verlo.