La Maestra entrena con la Guardia
Arak hizo un gesto para que los caballeros se alejaran un poco al tiempo de que Yaina chasqueba los dedos y su ropa cambiaba a ropa de entrenamiento masculina de color n***o como la de la Guardia y su cabello estaba afirmado en una trenza.
- ¿Qué demonios? - exclamó Thomas quien estaba más cerca de Arak - ¿Un mago?
- No es cualquier mago... - murmuró Arak orgulloso de la joven.
- Hey, Sir Arak. - llamó Malik - Ya has entrenado con nosotros...¿Qué tal dos contra diez?
- Vamos, Arak. Será divertido. - le dijo Yaina haciendo un gesto para que se acercara.
- De acuerdo... Necesito ejercitar. - les dijo sonriendo sacándose la capa para entregársela a Mia.
- ¿Arak, estás seguro? - le preguntó Barum preocupado - Si la emperatriz se hace daño...
- Nada pasará. - le dijo con una sonrisa confiada - Ya he peleado con ella. Es muy buena...
- ¡¿Peleaste con ella?! Es una noble.
- Es la compañera del león...Ya verás por qué la eligió. - murmuró enigmático caminando hacia Yaina.
- ¿Espadas y magia? - preguntó Yaina divertida a Malik balanceando el cuerpo de un lado a otro.
- Si. Solo magia de defensa. Nada de ataque. No queremos tener que pagar nada, maestra...
- Oh, aguafiestas...Está bien. - dijo con un mohín - ¿Sin alas?...
- Sin alas...Tocado y fuera
- Adelante... - le dijo desplegando una espada de hielo en su mano con su magia.
El aire estaba cargado de electricidad cuando los dos espadachines se encontraron frente a frente con el grupo de diez caballeros. La luz de la sol pegaba sobre sus cabezas y se filtraba entre las sombras de los árboles que rodeaban el campo de entrenamiento, iluminando el espacio de combate.
Yaina y Arak intercambiaron una mirada astuta con una sonrisa torcida, coordinando sin palabras los movimientos que tenían por delante. Sin una palabra, se lanzaron hacia el grupo de enemigos con gracia, sus espadas relucientes en la tarde soleada.
Los primeros dos caballeros se abalanzaron sobre ellos con ferocidad, pero los dos se movieron con una agilidad increíble. Sus espadas se deslizaban con precisión, bloqueando cada golpe entrante y respondiendo con movimientos rápidos y certeros.
El sonido metálico de las espadas chocando llenó el aire mientras los dos defendían su posición, enfrentándose a los ataques coordinados de los caballeros. Cada movimiento era calculado, cada golpe era ejecutado con eficiencia, como si los dos estuvieran bailando una danza mortal bajo la luz del sol.
Se movían como uno solo, cubriéndose el uno al otro, anticipando los movimientos de sus oponentes y respondiendo con una destreza que dejaba atónitos a los caballeros que los observaban desde la distancia, incrédulos.
- Seguimos seis de pie, maestra. - dijo Malik divertido.
- Les estoy dando ventaja al no usar mi magia. - contestó Yaina respirando agitada por el ejercicio.
- No se contenga, princesa. - le dijo Malik con una mirada pícara.
- Lo que ordene, caballero. - le contestó Yaina sonriendo - Sigamos.
Mientras los caballeros se abalanzaban sobre ellos con gritos de guerra, Yaina levantó una mano en el aire, invocando su magia con un gesto fluido. De repente, una helada ráfaga de viento surgió de la nada, envolviendo a los enemigos en una capa de escarcha y ralentizando sus movimientos seguidos con una sarta de gritos y exclamaciones de los espectadores.
- ¡Mierda, maestra! ¡¿Viento y Hielo?!
- Lo siento. - dijo Yaina tarareando una melodía en tanto los caballeros luchaban por mantenerse en pie en medio del repentino frío, la mujer aprovechó la oportunidad para erigir una barrera cristalina alrededor de ella y su compañero. La barrera brilló con una luz azulada, reflejando los destellos de las espadas y protegiendo a los dos luchadores del ataque entrante cuando los caballeros se liberaron de la retención.
Con un gesto de su mano, la que brillaba por la magia al igual que sus ojos, Yaina lanzó fragmentos afilados de hielo hacia los enemigos, cortando el aire con precisión mortal y enviando a varios de ellos al suelo. Mientras tanto, Arak luchaba con ferocidad, aprovechando cada brecha en la defensa contraria para lanzar golpes precisos y certeros.
Para los caballeros imperiales, la escena era más que un simple entrenamiento; era una lección de coraje, habilidad y trabajo en equipo que nunca olvidarían.
Con destreza y agilidad, Yaina mantuvo su concentración, fortaleciendo la barrera con cada embate entrante y asegurándose de que nada pudiera penetrar su defensa saltando en el aire para girar sobre si misma y caer tras los tres caballeros restantes. Tocó a los dos que estaban cerca al tiempo que Arak tocó a Malik quien cayó al suelo.
Finalmente, cuando Malik yacía rendido en el suelo, Yaina y Arak respirando pesadamente, pero triunfantes, le extendieron la mano para poder levantarse.
- Fue un buen combate, gracias. - les dijo Yaina con una sonrisa relajada - Lo necesitaba.
-Tiene que seguir entrenando, maestra. - dijo uno de los caballeros - Nos había derrotado en menos tiempo...
- Tienes razón... - reconoció Yaina mirando el brillo de sus manos el que luego replegó - Me estoy oxidando...
- Majestad...Eso fue...
La voz de Barum se notaba indecisa y avergonzada.
- A nombre de los caballeros imperiales, le ofrezco mis disculpas. Fuimos irrespetuosos... - se inclinó ante ella en una reverencia.
- No te inclines, Sir Barum. Tú no hiciste nada incorrecto. - le ordenó Yaina chasqueando los dedos para volver a su vestimenta previa - No lo hagas por caballeros que no respetan su juramento.
- Sir Arak y usted han hecho un buen trabajo. Ellos han sido los irrespetuosos. Su castigo lo decidirán ustedes.
- Gracias, majestad. - le dijo el caballero serio.
Yaina se giró hacia los caballeros de la Guardia y les hizo una delicada reverencia a la que ellos respondieron con una inclinación de cabeza.
- Gracias por este momento...- les dijo emocionada - Los dejaré trabajar...Hagan sentir orgullosos a sus maestros. Sé que harán un excelente trabajo.
- Hecho, maestra. - dijo Malik
La joven caminó por el sendero de adoquines seguida por Mia y Arak dejando atrás a Thomas y a los caballeros cuyos rostros reflejaban una mezcla de admiración, asombro y vergüenza debido a haber presenciado la destreza de los dos guerreros enfrentándose a los diez caballeros de alto nivel con valentía y habilidad.
Entre los observadores, había murmullos de asombro y admiración a medida que la emperatriz se alejaba. Algunos de los jóvenes caballeros murmuraban entre ellos, discutiendo las tácticas y movimientos que habían presenciando, mientras otros simplemente discutían entre ellos, absortos en cada momento de la intensa batalla.
Se miraron entre sí, avergonzados por lo que algunos habían hecho al hablar de manera tan despreocupada de la mujer que ahora era su emperatriz.
- Creo que subestimaron a nuestra princesa. - dijo Malik molesto junto a Barum rodeado de los otros caballeros - No vuelvan a hacerlo... - amenazó con ferocidad - No les conviene tenernos como enemigos...La Guardia siempre protegerá a sus maestros...
- La maestra enfrentó al guardián de fuego y anterior rey. - dijo otro caballero - Protegió a su esposo que había sido herido en combate y pudo vencerlo sin ayuda.
- Si no hubiese sido por las habilidades de la maestra, el emperador estaría muerto. - agregó otro.
- ¿Es eso cierto, capitán? - preguntó un caballero a Barum.
- Si...- reconoció finalmente - El anterior Emperador dio órdenes de silencio cuando el príncipe Kairon fue herido. La princesa lo protegió y casi murió en el proceso. La encontraron con el pecho atravesado por una daga.
- ¿Por qué no se nos dijo? - preguntó Thomas afectado.
- Porque el principe luchó junto a su esposa como un Derk por union. No como el príncipe heredero de Yamain. El emperador Darion supo lo que pasó semanas tras el combate, cuando la princesa despertó y Sir Arak lo informó. - explicó Barum.
- Tienen un juramento de silencio. - avisó Malik- Lo que han escuchado se lo llevarán a la tumba. Ciérrelo, Sir Barum. Nos despediremos aquí. Debemos volver con su majestad.
- Gracias por toda la ayuda que le están dando al imperio. - Agradeció el caballero.
- Lo hacemos por el maestro Kairon y nuestra princesa. - dijo serio Malik - El maestro demostró que es digno de pelear a nuestro lado.
Con una inclinación el grupo se alejó hacia el palacio central para continuar con la reunión con Kairon y los expertos que se habían reunido para revisar las propuestas.
- Aquí termina el silencio del juramento del león. - dijo Barum haciendo brillar el sello del cuello de los caballeros.
Todo lo que habían visto y escuchado no podría ser trasmitido bajo ningun medio por los caballeros que lo habían realizado. Sólo escribirían garabatos o balbucearían como bebés y si usaban el cuerpo, este tampoco podría moverse si trataban de contar lo sucedido.
- Ahora entiendo tus palabras, Arak. - dijo Barum con una sonrisa. La hermosa princesa era la compañera del león y se lo había ganado por si misma. Sería una excelente emperatriz.