La Misión Está Completa
Yaina se movió inquieta pestañeando varias veces para enfocar la vista. Miró el techo y reconoció su habitación en el palacio de los lirios. Tenía la garganta seca y sólo logró emitir un gruñido ronco. Tenía que levantarse, pero tenía el cuerpo entumecido. Giró la cabeza hacia un lado y hacia el otro y no vio a nadie ¿Qué hora era? ¿Cuánto había pasado?
Tenía que levantarse.
Se sentó en la cama y bajó las piernas tocando su piel. Aún estaba muy helada. Necesitaba recuperar temperatura para poder moverse. Se levantó sosteniéndose de la cabecera y tiró del llamador envolviéndose en un chal. La chimenea estaba muy lejos para ella en este momento. Se rio pensando en que Alex, Maya o Kairon la hacían recuperar temperatura más rápido y ahora ninguno estaba a su lado. Tendría que acostumbrarse a hacerlo por sí misma.
Yaina caminó apoyándose en la cama, decidida a caminar los metros que faltaban hasta llegar a la chimenea. Si se caía sólo debía arrastrarse o gatear. Cuando dio dos pasos, sus piernas flaquearon y se preparó para caer cuando unos fuertes brazos la sujetaron.
- Demasiado impaciente, majestad. - le dijo Arak ayudándola - Aún está helada ¿Cuándo despertó?
- Hace unos momentos. Necesito calor, la chimenea...
Arak asintió y la dejó en los cojines en el suelo a los que ella llamaba "Nido" al tiempo de que Mia entraba con un carro con sopa caliente y té. Yaina se rio.
- Parece que Lucy ya les enseñó lo que hay que hacer después de una crisis.
- La verdad, nos asustamos mucho. Su cuerpo bajó temperatura y casi no la oíamos respirar. Era como un oso hibernando. - dijo Mia.
Yaina recibió la sopa agradecida y calentó sus manos.
- ¿Cuánto dormí? - les preguntó.
- Seis días.. - dijo Arak - Mientras dormía su mariposa regresó...
- ¿Los encontraron? - preguntó.
- Si. Los traje de regreso. Están bien. Ya les explicamos que deberán mantenerse ocultos mientras atrapamos al que los secuestró. Estábamos esperando a que despertara para avisarle al secretario... - dijo Arak.
- ¿Y el espía?
- Mia encontró algunas pistas que debemos verificar. - dijo Arak sonriendo a la joven quien asintió contenta - Creo que necesitamos un impulso para que se deje ver al ir a informar al marqués.
- Puedo ayudarles con eso, pero primero hablemos con el secretario. Una vez que Kairon llegue deberán aclarar todo... - Tomó el té y bebió un sorbo - Yo iré al territorio Ganhe a hablar con el archiduque para convencerlo de que ayude al emperador. Con eso, habré terminado mi misión y podré irme...
- Majestad ¿En serio dejará al emperador? - le preguntó Mia triste.
- No es lo que quiero, debo...Mi presencia lo está volviendo inestable y eso no es bueno para Yamain. Aún cuando soy una extraña, quiero mucho este lugar, la gente. Tengo buenos recuerdos del palacio, de mi niñez aquí con mi padre. Si lo que escuchamos es cierto y el emperador está siendo influenciado por algo o alguien se recuperará y podrá hacerlo muy bien, incluso sin mi.
- Pero majestad...
- A veces uno debe dejar lo que más ama por el bien mayor. Les pido que respeten mi decisión y no juzguen a mi esposo por algo que no pudo controlar. Soy yo la que no pudo ser lo bastante fuerte para él. - se puso de pie moviendo el cuello - He recuperado suficiente temperatura para hablar con ellos. Llamen a Marcus y a Torne. Necesito las coordenadas de donde está su familia para el portal.
- Voy por ellos. - les dijo Mia saliendo de la habitación mientras Arak iba al despacho.
- Aún soy su escolta, majestad. - le dijo serio - Si va a escapar, la seguiré. Use su ropa de salida, la que usaba para sus misiones en Odea. Nos iremos al anochecer.
- Arak, no debes arriesgarte. Te acusarán de traición.
- No pueden acusarme de traición si no saben que nos fuimos, majestad ¿O si?
Yaina se rio.
- No deberías aprender de los magos... - le dijo conmovida - Siempre estamos en problemas.
- Soy la escolta de uno... - dijo orgulloso con una sonrisa, pero de pronto se giró y se arrodilló ante ella - Cuando la conocí me dijo que sólo quería mi respeto y eso lo ganó hace mucho tiempo. Ahora, este humilde caballero le promete seguirla a donde vaya. No la dejaré. La protegeré como Caballero y cómo su Verndari hasta mi muerte. Es mi maestra y le juro mi lealtad.
- Arak, si lo haces, no podrás volver...
- Seguiré a mi maestra, el emperador entenderá...
La joven lo miró emocionada y luego se agachó para abrazarlo.
- Acepto tu juramento como maestra. Tendrás mi protección hasta mi último día de vida y mis magos te cuidarán cuando me vaya.
Arak la abrazó llorando, conmovido. Jamás, hasta que conoció a esta joven noble, se había sentido parte de algo, no sólo como caballero si no como parte de un grupo que creía en un mundo mejor, en cooperación con todos, sin importar su estatus, sólo sus habilidades y creencias.
La Emperatriz se Marcha
Marcus y Torne entraron al despacho de la emperatriz y se inclinaron ante el escritorio, pero, para su sorpresa, cuando la dominadora giró, el Maestro de Magia estaba sentado en ella.
- Maestro. - le saludaron.
- Vengo a saldar el trato. - les dijo, inclinándose hacia adelante haciendo un gesto con la mano para abrir un portal y hacer salir a la mujer y al niño para que los hombres los abrazaran llorando de la emoción.
Yaina les dio unos minutos para que se pusieran al día y tranquilizaran sus corazones hasta que la joven madre miró al maestro y asintió.
- Ahora deben cumplir con lo que prometieron. - les dijo la mujer besando a su padre y a su esposo - Estamos bien y los esperaremos. Haz lo correcto, papá. La emperatriz está sufriendo por lo que han hecho y el emperador la perderá como tu a mamá ¿Están dispuestos a llevar ese peso en su conciencia?
- No sabíamos qué más hacer...Si algo les pasaba... - lloró Marcus.
- El emperador los escuchará...Ahora debemos irnos. Samuel, despídete del abuelo y papá. Ellos deben trabajar.
- Nos vemos, hijo. - le dijo Torne abrazándolo - Ayuda a tu madre y sé educado. Te amo.
El barón besó a su esposa mientras Marcus abrazaba al niño y luego se lo entregaba a su madre quien les sonrió antes de regresar al portal, el que se cerró tras ellos.
- Estamos en deuda, Maestro. - dijo Marcus inclinándose.
- No conmigo. - dijo el mago - La emperatriz...
- ¿Ella podrá perdonarnos? - preguntó el viejo mayordomo abatido - Nunca quisimos...
- Ya es tarde, mayordomo. Me llevaré a la emperatriz a un lugar seguro. Ustedes, quienes debían protegerla y ayudarla en esta tierra extraña, la lastimaron y la alejaron de la única persona que la hacía feliz
- Maestro...
- He terminado con ustedes...No volverán a acercarse a ella mientras el león no decida que hacer con ustedes y si los deja con vida, me encargaré que recuerden mientras vivan su insolencia a uno de mis magos... Lárguense de mi vista. - dijo el Maestro girándose para darles la espalda por lo que Marcus y Torne salieron del lugar en silencio.
Yaina replegó la ilusión y bajó la cabeza desalentada. Tenía tanta rabia antes de verlos y ahora, solo podía pensar en que ella haría todo para proteger a su familia, a su esposo.
Eso estaba haciendo ahora...
- ¿Lista, majestad? - le preguntó Arak desde el umbral de la puerta.
- Si, vámonos. - le dijo levantándose y caminando a su habitación.
No necesitaría nada de ese lugar y Kairon podría ordenar que enviaran sus cosas a Odea o podría pedir que gente del gremio de Alex las buscara por ella.
Entró a la habitación y miró a sus doncellas quienes parecían tristes.
- Nos veremos pronto. - les dijo Yaina abriendo el portal a la Torre con una sonrisa - Ya he preparado habitaciones para ustedes en el piso inferior a mis cámaras. Nosotros iremos en cuanto convenza al archiduque. Se divertirán...
- Debe cuidarla, Sir Arak. - pidió Lucy conteniendo las lágrimas y caminando hacia el portal llevándose del brazo a Mia quien sollozaba.
- Nos veremos, pronto. - les dijo Arak antes de que el portal se cerrara tras ellas.
- Es hora de partir ahora. - le dijo a Yaina quien abrió otro portal - Llegaremos al atardecer al pueblo.
- Esperemos que esté en el pueblo como cada último día del mes. Su escolta lo mencionó la última vez que estuvieron aquí. - le dijo Arak avanzando al portal y Yaina lo siguió después de dar un último vistazo a la habitación que creyó podría haber sido parte de su hogar.
En Territorio Ganhe
Saros caminó por la avenida de tierra en el pueblo a los pies de la ladera de la loma donde estaba construido el castillo Ganhe en su territorio. Su capa se movía con cada paso y varios lugareños lo saludaron mientras giraba en un callejón.
Yaina y Arak cubiertos con capas oscuras, se miraron y apresuraron el paso para no perderlo y, cuando doblaron la esquina, un rápido movimiento de alguien aferró a Yaina y una daga se posicionó en su cuello por lo que Arak estiró la mano para tomar la espada, pero el reflejo del sol en una espada cerca de su cuello lo detuvo.
- ¿Que asuntos traen a mi territorio, maga? - le preguntó a Yaina sin reconocerla.
- Saros... - le dijo tocando su brazo.
- ¿Cómo sabes mi nombre? - le preguntó - ¿Quieres vivir?
- Déjela ir. - pidió Arak descubriendo su rostro - Es la emperatriz.
Ciro bajó la espada sorprendido al igual que su maestro quien giró a Yaina y descubrió su cabeza.
- ¿Majestad? - le preguntó revisando sus vestimentas. Eran de mago, con pantalones y chaqueta ajustada de color azul, plata y n***o con joyas en los dedos y zarcillos largos.
- Vine a hablar contigo. Tenemos una conversación pendiente. Necesito que me escuches...Alguien está tratando de matarme.
- ¿Qué?
- No puedo hablar aquí ¿o si? - dijo Yaina mirando a los curiosos que comenzaban a rodearlos - Si quieren exponer que hay nobles tratando de matar a la compañera del león, adelante...
- Creo que es mejor ir al castillo, Su Gracia. - le dijo Ciro inquieto.
- ¿Vienen a caballo?
- No, viajamos ligero. - dijo Yaina activando su magia.
- Vamos con los caballeros. - dijo Saros tomando el brazo de Yaina y fue seguido por Ciro y Arak.
A medida de que caminaban por la avenida, Yaina pudo ver las construcciones y el mercado bullante de actividad y risas. Niños jugando y variadas actividades.
- Todos se ven felices, Excelencia. - le dijo Yaina con una sonrisa.
- Deseo creer en eso, majestad. - le dijo observando a la gente a su alrededor con orgullo.
- Excelencia... - dijo un caballero acercándose a ellos ansioso.
- Todo está bien, Carlile. - le dijo - La maga y su escolta nos acompañaran al castillo.
El caballero la miró y al escolta con una mueca que Ciro vio.
- Compórtate, Carlile. - advirtió - Son invitados del maestro.
- Nos faltarán caballos... - dijo el joven.
- Podemos adelantarnos. - dijo Yaina a Saros - Pueden seguirnos a caballo.
- Ciro, conmigo. Ustedes a caballo. - ordenó - Lleven a Black. ¿Nos vamos?
Yaina asintió y abrió un portal para llevarlos al castillo seguido de Ciro y Arak.