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1155 Words
Señales de Peligro Kairon se inclinó hacia adelante con una mueca de dolor y se apoyó en la pared de una de las casas donde se estaban entregando las medicinas. Don lo vio y se le acercó preocupada - Majestad... - murmuró tratando de que no adviertieran su condición. - El glifo de hielo me duele... - Kairon jadeó presionando su vientre - La magia de la maestra... - Ahhhh, mierda...Siento que me parto en dos... - ¿Cree que es una crisis? - le preguntó ansiosa. - No lo sé... - murmuró tratando de regular la respiración - No puedo canalizarla ni conectarme con ella o con Ducalyon....¿El que haya roto un juramento afecta su magia? - No, sólo produce dolor cuando debemos desgarrar el núcleo de maná del corazón. Aunque reconozco que no conozco el alcance de la magia de hielo de los maestros ahora que tienen el poder de Bóreas... - No puedo debilitarme ahora. - le dijo a Don ansioso - No dejes que nadie sepa lo que está pasando. Ayudame a volver al grupo... - Sus órdenes, majestad. Cuatro caballeros llegaron corriendo hasta el lugar con la respiración agitada. - ¡Majestad! - gritó el líder - Encontramos el bloqueo del rio. Fue hecho desde el territorio del Conde Alelí. Por lo que pudimos ver, ha desviado toda el agua a su territorio. - Ustedes, conmigo. Me encargaré personalmente. - les dijo caminando hacia su caballo ocultando el malestad y montando con rapidez - Barum, que las mujeres y el jefe del pueblo sigan repartiendo. Al parecer encontramos quién contaminó el agua y desvió la demás. - Sus órdenes, majestad. - exclamaron siguiendo a Kairon y a Don territorio arriba. Ambición y Codicia El conde Alelí estaba en su despacho bebiendo una copa de licor mientras leía un libro. El hombre regordete disfrutaba de sus lujos. - Milord. - dijo un sirviente entrando a toda carrera al despacho - ¿Qué pasa? No pueden entrar sin avisar - Caballeros imperiales estan afuera, quieren hablar con usted. - ¿Qué? ¿Caballeros imperiales aquí? ¡Maldición! Oculten las arcas de impuestos a los aldeanos... - Si, milord. - dijo saliendo con rapidez mientras el conde salía al exterior de su mansión y hacía una revencia burlona. - Buenos días, caballeros ¿Que los trae por mis tierras en este bonito día? - les dijo de manera rebuscada levantando la mirada y vio a Kairon en su caballo mirándolo con una mueca - ¡Majestad! Saludos al León, Larga vida...- balbuceó, haciendole un gesto a uno de los sirvientes para que fueran a buscar a su esposa y a su hija. - Ahórrate los saludos, Alelí. - dijo Kairon enojado - Vine a ver el pueblo cercano afectado por el brote y me encuentro con que has desviado el agua a tus territorios... - Oh, majestad. - dijo afectado al tiempo que su esposa y su hija, de alrededor de quince años, se inclinaban en señal de respeto ante el emperador - Sólo fue un pequeño desvío. Mi esposa y mi hija adoran los jardines del palacio por lo que quise darles un pequeño espacio en nuestro hogar para que pudiesen disfrutar... - ¿Ahora culpas a los jardines de palacio por usar agua que le pertenece a todos? Los ojos de Kairon brillaron y los nobles de encogieron. El emperador se levantó de la montura y miró a lo lejos los fastuosos jardines y decoraciones extravagantes y volvió la mirada hacia el conde. - Según sé, tu territorio está claramente delimitado y veo que estás usando tierra imperial para ampliar tus espacios... - No, majestad. No me atrevería... - exclamó el hombre sudando copiosamente. - Además, no tengo registros de comercio o cultivos en tus tierras que te den este nivel de vida... - El hombre se movió inquieto - Recuerda que si mientes, lo sabré... - amenazó - Bueno, he hecho algunas inversiones.... - tartamudeó y comenzó a toser cuando el aura de Kairon lo tocó. - Suficiente. - ordenó Kairon haciendo un gesto a dos caballeros - Entren y busquen los libros mayores. Traigan lo que parezca sospechoso. - Si, majestad. - dijeron bajando de los caballos y entrando a toda carrera. - Don... - hizo un gesto al dique que bloqueaba el agua - Déjala fluir. - Hecho, majestad. - dijo la joven bajando del caballo y acercándose al dique activando su magia haciendo que sus manos y ojos brillaran con intensidad moviendo el agua a su voluntad. - Atributo de agua... - dijo Thomas sorprendido. Ninguno había tenido la oportunidad de ver su magia antes. Don recitó un hechizo y luego dos grandes chorros de agua con suficiente presión golpearon las puertas del dique, destrozándolas y liberando el agua retenida dejándola seguir el curso del rio de manera natural. - Oh, dios, mi jardín. - exclamó la mujer y Kairon alzó una ceja molesto. - ¿En serio le preocupa más su jardín, condesa que la gente enferma a unos kilómetros de aquí? - le preguntó. - ¡Por supuesto! - le dijo la mujer irritada sin tener en cuenta a quien le hablaba - Me esforcé mucho para hacer que se viera como está ahora... - Esposa... - dijo el conde tratando de que se callara sin éxito. Ya estaba en suficientes problemas como para agregar una pataleta de su esposa. - ¡Majestad! - dijo uno de los caballeros que había entrado con varios libros en sus manos y llevando una caja de madera junto a su compañero la que abrieron frente a él - Los libros y este dinero pertenece a cobro de impuestos. - ¿Impuestos? - preguntó, incrédulo - El pueblo cercano no depende del condado ¿Cómo te atreves a cobrarles impuestos? - Oh, majestad. Era una forma de ayudarlos...Si pagaban su protección e insumos vivirían más seguros. - ¿Desde cuándo eres un cobrador callejero? - le gritó furioso - ¡Eres un noble y te comportas como una rata! - miró a los caballeros - Llevense los libros y ese dinero - ordenó y luego se giró hacia el conde - Te quedarás en tu territorio a la espera de mi gente. Si descubro que has vuelto a desviar el agua o a quitarles el dinero a la gente del pueblo o si quiera amenazarlos, me encargaré de ti personalmente. - le advirtió y los nobles sólo pudieron inclinarse hasta el suelo. De nada servía decir que era falso o pedir clemencia si las evidencias estaban a la vista. - Regresemos al pueblo. - ordenó Kairon a la espera que Don y los caballeros montaran - No me desafíes, Alelí. - gruño Kairon con voz ronca - O lo lamentarás... Sin más que decir, Kairon y los demás se alejaron de la mansión dejando a las mujeres lloriqueando y al conde lanzando maldiciones. No esperaba este revés.
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