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Despidiendo a Los Caballeros Yaina se cubrió con la capa que Lucy le había preparado mientras Jake, el chef contratado para el palacio de los Lirios, les daba indicaciones a los jardineros y doncellas que se habían reunido para ayudar a la emperatriz a realizar la última tarea antes de que la delegación partiera. Si bien, el palacio de la emperatriz sólo tenía diez sirvientes de lavandería y limpieza, tres jardineros más su escolta personal y las dos doncellas exclusivas, éste parecía estar lleno de vida dentro de sus paredes en comparación del rígido palacio del león. Poco a poco las doncellas recelosas de Yaina por ser extranjera, más los rumores de su personalidad inmadura y naturaleza mimada, cambiaron la percepción que tenían de ella al observar la interacción de la nueva emperatriz en el día a día. Se mantenía activa, curiosa por la historia del palacio, aunque parecía cansada y algo más pálida últimamente. Les preguntó a cada una por su familia y al paso de los días, las felicitó por sus habilidades y las mejoras que observaba. Cómo la joven disfrutaba las flores, conversaba con los jardineros, quienes se sentían apreciados. Ya se habían acostumbrado a verla aparecer en la cocina de improviso, preparar dulces o comidas de los diferentes reinos que había visitado con su hermano durante las visitas diplomáticas. Ahora, Arak se acercó a ella y le subió la capucha con cuidado haciendo que Yaina levantara la cabeza para mirarlo. Estaba en el umbral de la salida de la cocina esperando a que se cargaran las carretas que estaban preparadas a unos pasos. - La brisa está muy helada, majestad. - le dijo y Yaina soltó una risa. -Tengo buena tolerancia al frio, Sir Arak. - respondió divertida - Mi magia es de hielo. - No lo he olvidado, majestad.- respondió a su vez sonriendo - Pero estuvo en los hornos todo el día y la brisa nocturna es más fresca. Puede resfriarse. - ¿La gente de la expedición ya está reunida? - le preguntó de repente. - Si, cerca del campo de entrenamiento. Cuatro carruajes, cincuenta caballeros de alto nivel. Los alquimistas deberían llegar con las medicinas pronto. Su majestad llegará al amanecer para liderar. Yaina asintió asomándose a la cocina donde dos hombres fornidos llevaban una gran cacerola a la carreta mientras varias doncellas subían cuencos y cucharas. En ella también había dos grandes sacos y varias cajas más pequeñas - Listo, majestad. - dijo el chef secándose el sudor como si él mismo las hubiera subido. - Gracias Jake. - Sube a la carreta con Mia y dos doncellas. - Llévenla a donde se reúne la expedición. Yaina se giró hacia el interior y vio a Lucy con las demás, afanadas en la mesa de trabajo. - ¿Estan listos? - preguntó. - Falta un poco, majestad. - respondió Lucy. - La seguiremos en cuanto empaquemos todo. - Espérenlas y ayúdenla a cargar. - le pidió la joven a un par de jardineros quienes se inclinaron ante ella - Los espero allá. - Sus órdenes, majestad. - le dijeron mientras la carreta del Chef avanzaba lentamente y Yaina y Arak caminaban al costado seguido de Mia y una de las doncellas. Después de unos minutos de caminata identificaron un sector con cuatro carretas con telas blancas y estandartes del imperio y cincuenta caballeros moviéndose inquietos o conversando entre si mientras los caballos bufaban listos para partir en un área cercana, ya ensillados. A lo lejos pudo identificar al vicecomandante Barum y a Thomas hablando animadamente. Se apretó la capa en el pecho nerviosa, pero siguió la marcha. Había una posibilidad de que la rechazaran y todos sus esfuerzos no sirvieran, pero debía hacerlo. Era su ultimo intento. El sonido de los cascos de los caballos en el adoquín y vista de la carreta alertó a los caballeros quienes se alinearon cerca de las carretas. - ¡Alto! - escuchó a alguien gritar - ¡Regresen por su camino! El chef detuvo la carreta y miró a su majestad en silencio. - Adelante, majestad. - dijo Arak al verla dudar. ¿Era esa la poderosa guerrera que había visto en Odea? ¿Por qué estaba tan nerviosa? - Vamos. - le dijo Yaina avanzando hacia los caballeros quienes dirigieron las manos a las empuñaduras de las espadas Arak se adelantó y salió del área parcialmente iluminada del camino hacia la luz reflejada de las iluminaciones y fogatas del campo de entrenamiento - Quietos. – ordenó, haciendo que los caballeros lo reconocieran, bajando la guardia y lo saludaran formalmente. - ¿Qué estás haciendo aquí, Sir Arak? - preguntó el vicecomandante saludándolo, estrechando su antebrazo. - Venimos a verlos. - dijo mientras se movía para dar paso a Yaina quien se descubría la cabeza, sorprendiéndolos. - ¿Qué demon…? - exclamó el vicecomandante bajando una rodilla al suelo e inclinando la cabeza - ¡Majestad! Los murmullos y exclamaciones de sorpresa le siguieron igual que el gesto de los demás caballeros Yaina los observó con calma. Muchos de ellos los habían acompañado en el convoy desde Odea. Había sentido sus miradas y comentarios sobre su reino de origen, su conducta, Alex y el mismo emperador. Estaba acostumbrada a eso, pero ellos eran su gente ahora. Estaban en la ciudadela imperial, servían al emperador, su familia. Cómo aquel día, se dijo a si misma que ellos no eran la Guardia de Corelia quienes habían acompañado a su familia desde generaciones, pero por lo menos esperaba tener una buena relación por Kairon. El los necesitaba en este momento. - Los saludo caballeros. - les dijo con una delicada sonrisa - He venido a despedirme de ustedes para desearles un buen viaje y traerles algunos presentes - Majestad, - dijo el vicecomandante incómodo al ver la reacción de sus hombres - No es necesario. Todo ha sido preparado, yo…Su majestad, el emperador… - Escúchala, Barum. - ordenó Arak deteniéndolo. El vicecomandante lo miró asintiendo en silencio, tenso. Los caballeros estaban avergonzados como para enfrentarla desde el día del entrenamiento - Están a unas horas de partir por lo que quiero ayudarles un poco con el peso de la tarea. - les dijo Yaina con voz clara y firme acostumbrada a comandar a los escuadrones durante la rebelión. Hizo un gesto para que el chef bajara de la carreta con Mia y colocaron una mesa baja para luego bajar la cacerola y apoyarla sobre la superficie para poder manipular el contenido. La doncella se paró junto a él con grandes cucharones al tiempo que las otras dos doncellas se alistaban para ayudar. - Esta es una sopa espesa que se prepara antes del inicio de cada misión para los caballeros de la Guardia, los caballeros de mi familia. Varios caballeros lanzaron gritos ahogados debido a la reputación de esos caballeros en todo el continente. - Debido a su consistencia e ingredientes, les permite mantener la energía y no tener hambre por más tiempo. Tomó un cuenco y sirvió una buena cantidad. Tomó una cuchara y probó un poco frente a ellos al ver su desconfianza. - ¿Estaría comiendo yo misma si hubiese puesto algo para dañarlos? - los desafió, avergonzándolos por su actitud. - ¡¿Van a dejar a la emperatriz con las manos estiradas?! - les gritó Arak furioso. Ella había trabajado muy duro por ellos. - Sir Arak. - dijo Yaina agarrando su manga y negando con la cabeza -Thomas. - dijo Mia junto a ella, apenada. El joven la miró y a la emperatriz. Desde que su hermana había comenzado a trabajar con ella, se veía feliz y más segura. Estaba aprendiendo mucho debido a los tutores que la propia emperatriz había elegido. No quería defraudarla. Quería creer que ella no era como los rumores si no como Mia le decía - Al demonio. - dijo acercándose y tomando el cuenco que Yaina sostenía de sus manos y probando el contenido - Yo lo comeré. Wow. - dijo después de comerlo - es muy sabroso. Gracias, Majestad. Yaina le sonrió agradecida ante el apoyo y miró a Barum sin hablar. - Yo probaré. - le dijo el hombre tomando un cuenco que le entregaba una doncella y acercándose al chef quien le sirvió. Después de él, el resto de los caballeros se acercaron para recibir cuencos para que el chef o Mia los llenaran con la espesa preparación. Varios de ellos elogiaban el sabor y la textura fácil de comer. - Oye chef. - escucharon gritar a un caballero joven - Esto sabe muy bien. Te felicito. Los otros caballeros rieron alegremente ante el descaro de su compañero. - No deben felicitarme a mi, caballeros. - dijo Jake negando con las manos avergonzado - Yo no preparé esta comida. Fue la emperatriz en persona quien la hizo. Los ojos de todos se posaron en Yaina quien no cambió su expresión tranquila. - La tradición dice que esta sopa debe ser preparada el linaje Corelia como representantes de la casa del Guardián. El maestro existe por sus caballeros y los caballeros existen por su maestro. Como compañera de su maestro, el emperador, quiero bendecirlos también. - No hubo respuestas verbales a lo que dijo, pero vio que varios de ellos observaban los cuencos en sus manos y a los demás.
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