El León La Protege
Kairon estaba junto a la ventana detrás de su escritorio leyendo unos documentos cuando escuchó unas voces femeninas.
Era después de almuerzo por lo que debería estar menos ajetreado; además, ese sector del jardín interior no era tan concurrido ya que estaba cerca del despacho de trabajo del león por lo que los nobles evitaban pasar tan cerca y los sirvientes tenían un camino secundario cercano a las cocinas de ambos palacios para no distraer el trabajo con carros, vajilla o mantelería.
Kairon levantó una ceja sorprendido cuando vio a su esposa caminando con Lucy desde el pabellón hacia las bancas cercanas a su ventana en un ángulo de 60° grados lo que le permitió ver a su esposa sonriendo y admirando las flores. Apreció su figura y bonito vestido. Se veía un poco cansada, pero no tan pálida como cuando fue por ella a la fiesta de té ¿Estaría durmiendo bien? Las palabras de Don regresaron a su mente y se avergonzó al no haber ido a hablar con ella los días posteriores. No sabía como acercarse y Ducalyon no estaba para interceder. No podía contactarlo.
La vio sentarse en la banca cercana cerrando los ojos disfrutando la brisa y el sol en su rostro y el joven apreció cada una de sus facciones y labios entreabiertos. Extrañaba sentir sus labios, su aroma, su cuerpo, sus manos entre las suyas y abrazarla al dormir. Un gruñido bajo salió de su pecho cuando sintió la sangre llegar a su entrepierna haciendo que el secretario y Don levantaran la cabeza de los papeles.
-¿Pasa algo majestad? - le preguntó el secretario.
- No.- dijo ronco sin apartar la vista de la ventana - Sigan con su trabajo.
Cuando estaba decidiendo si bajar a verla o quedarse, el marqués Moore salió del palacio central y se acercó a ella lo que activó todos sus sentidos cuando la vio enderezarse en alerta. La conocía bien como para saber que no estaba cómoda, aunque respondía cortésmente a la conversación.
- Don. - llamó haciendo que la joven que se había acercado a él, viera la escena.
- Ve con ella. - ordenó Ducalyon cuando el marqués se inclinó hacia Yaina para hablarle al oído haciendolo sisear bajo. No quería que la tocara o estuviera cerca de su compañera.
Don obedeció en silencio y salió corriendo fuera del despacho. Mientras el espíritu elemental veía como Yaina se ponía rígida ante la cercanía del marqués, sus ojos brillaron intensamente y un gruñido amenazante salió entre dientes. El león vio la amenaza a su compañera y salió a la superficie en consecuencia.
Ducalyon vio como Don se acercaba a Yaina y le extendía la mano, la que su compañera tomó educada, despidiéndose del marqués y éste se inclinaba mirándola irse. Lo que el marqués no vio al hacer el gesto despectivo cuando la joven se alejaba ,fue que Ducalyon si lo hizo y eso no lo iba a dejar pasar.
- Secretario, envía un mensaje al palacio de la emperatriz para cenar juntos esta noche. - ordenó Ducalyon.
- Sus órdenes, majestad. - dijo llamando a un sirviente y entregándole la nota - Lleva esto a la emperatriz. - le pidió cuando el lacayo lo recibió y luego de inclinarse, se retiró con rapidez.
- Avancemos con el trabajo. - dijo Ducalyon sentándose en la dominadora y escribiendo una nota para Kairon. Si no lograban sincronizarse de nuevo, esa situación iba a convertirse en un serio problema.
El león cerró los ojos para calmarse a fin de devolverle el control a Kairon. Mientras estuviera molesto o sintiera que Yaina estaba en peligro, no bajaría la guardia, menos cuando Kairon parecía no verlo. Suspiró y se apoyó en el respaldo.
Kairon pestañeó antes de enderezarse. Ducalyon había tomado el control de nuevo. Recordaba estar leyendo un documento y ver a Yaina en el jardín cuando el marqués se le acercó, desde ahí nada...Debía haber pasado algo como para que Ducalyon saliera a la superficie tan rápido y se tensó.
El joven observó al secretario y a los asistentes trabajando, pero notó la ausencia de Don. Eso significaba que Ducalyon la había enviado para auxiliar a Yaina.
Bien hecho, pensó agradecido. Tenía que hablar con Ducalyon de alguna manera...Su cuerpo estaba inestable y no quería que el león se llevara una sorpresa.
El emperador se masajeó las sienes y bajó la mirada al escritorio. La letra de Ducalyon se reveló en el papel que tenía en frente.
- Cena con nuestra compañera esta noche. - decía - Vigila al marqués Moore... - Kairon tomó la nota y la guardó para quemarla cuando llegara a la habitación o estuviera solo en el despacho.
"Ducalyon, pensó Tenemos que volver a sincronizarnos. Por Yaina, por nuestra compañera. Algo está pasando y no logro ver que es."
El emperador se levantó para observar por la ventana hacia la banca donde había estado Yaina cerrando el puño, frustrado.