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1138 Words
La Cena Fallida En el interior, una larga mesa, finamente decorada con platos variados, los esperaba y Kairon la guio hacia el asiento a la derecha junto al de él, el que estaba en la cabecera sorprendiendo a Yaina ya que esperaba tener que sentarse en la cabecera opuesta según el protocolo de Yamain. - Solo estamos nosotros. - dijo Kairon inclinándose para ajustar su asiento aspirando el aroma que desprendía. El aroma había cambiado, pero activaba más rápido al espíritu y a su entrepierna. Pestañeó tratando de controlar el cambio de sus ojos antes de sentarse en su asiento. El emperador hizo un gesto para que los sirvientes entraran con los carros con cubiertos y vino mientras Don y Arak permanecían cerca de la puerta. Marcus hizo salir a los sirvientes y se inclinó ante ellos. - Disfruten su comida, majestades. - les dijo saliendo, cerrando la puerta tras él. - Agradezco la invitación. - le dijo Yaina cortando la carne - Sé que has estado muy ocupado. - La expedición está por partir y hay que afinar detalles - Ya veo - ¿La comida es de tu gusto? - le preguntó y Yaina suspiró recorriendo con la vista los distintos platillos. Carne con espesas salsas, pescados, pero extrañamente no había cosas picantes o frituras como acostumbraban a comer en Yamain. Lo agradeció. Si tuviese que comerlas en este momento, podría vomitar. - Si, gracias. - le dijo mirándolo - ¿Has cambiado tu dieta? - Hace unos días he estado con malestar estomacal y se me ha hecho difícil comer cosas picantes o aceitosas. - explicó Kairon - La carne preparada de esta forma y las salsas me han servido. - Entiendo. - dijo Yaina triste por ni siquiera haberse enterado, cada vez estaban más alejados - Espero que Marcus y el secretario se hayan encargado. Arak y Don se movieron, incómodos recordando cuando Kairon le había dicho que esas personas se encargarían de él y que ella no debía preocuparse. - ¿Aún está programada la salida dentro de cuatro días? - preguntó Yaina con cuidado retomando la conversación. - Si. - le contestó - La programación se mantiene. - ¿Hay alguna manera de partir al día siguiente? - le preguntó con cautela. - Ya hemos hablado de esto antes, esposa. - dijo Kairon bajando los cubiertos molesto - ¿Por qué insistes en eso? La Academia de Alquimia está trabajando duro para cumplir con el plazo de partida ese día. No puedo dejar a todos esperando solo porque mi esposa quiere que me quede entre sus faldas otro día. Yaina se sobresaltó ante el comentario, pero se controló con rapidez. - No es eso, majestad. - le dijo haciendo uso de todo se autocontrol y apoyando las manos cerradas en su regazo para que no las viera temblar - Yo solo quería… - Tú más que nadie sabe lo complejo que es mover una planificación de este tipo. - Lo sé. - le dijo cuidando sus palabras para que no se molestara más - Si no puede moverse ¿Podrías dejarme ir contigo? La petición sorprendió a Kairon quién no había pensado en esa posibilidad. - ¿Ir conmigo? - le preguntó - Sabes que aún no conocemos del todo a la corte ¿Crees que es el momento de revelar nuestras habilidades? - Puedo ir como tu esposa, puedo ayudar. - Es un brote. - le dijo afectado como si fuera irrazonable - Hay enfermos y no sabemos qué tan contagioso es. Los caballeros que van manejan el aura por lo que su salud es mejor que la del promedio. No puedo preocuparme todo el tiempo por el que te vayas a enfermar. - Tengo la magia de padre. - desafió - Soy un semidios como tú ¿No te basta con eso? Kairon se pasó una mano por el cabello alisándolo, molesto. - Eres descuidada con tu magia. - la regañó - El pueblo de Yamain no está acostumbrado a los magos. - ¿Quién fue el que me alentó a usar mi magia y sentirme orgullosa después que el Sarlack la descubrió? - Eso era en Odea. - le dijo Kairon - Estamos en el imperio. -¿Quieres que esconda mi magia porque estamos en Yamain o porque soy una extraña aquí?- la voz de la joven tembló. - No es eso, solo dame tiempo para que podamos… - Entiendo, majestad. - dijo Yaina levantándose de la silla con brusquedad haciendo que Don y Arak se acercaran a ella en alerta - Me retiro primero, emperador. No interrumpiré su trabajo. Por favor siga con los preparativos. - Se inclinó en una profunda reverencia escondiendo el temblor de su cuerpo -Agradezco la comida. - ¡Yaina! - le gritó Kairon tratando de sujetarla, pero no lo logró. En el movimiento, se cayó un carro desparramando las viandas deslizando varios dulces de limón sobre la alfombra lo que hizo que Yaina los mirara confundida. - ¿Por qué está esto aquí? - se giró para mirarlo -¿Cómo? - ¡Quédate aquí! ¡No hemos terminado de cenar! ¡Maldición, esposa! - le gritó Kairon sujetándola con brusquedad haciéndola lanzar un grito de sorpresa - ¡Por qué no obedeces! - ¡Majestad! - exclamó Arak sujetando el brazo de Kairon para que la liberara - Suéltela. La está lastimando. - No interfieras, Arak. - gruñó Kairon cambiando sus ojos. - Debe soltarla, majestad. - pidió Don cubriendo a Yaina. - ¡Primo! - le gritó Arak en un intento de hacerlo reaccionar - ¡Déjala ir, ahora! El que Arak usara su relación familiar lo descolocó, logrando que Kairon la liberara. Arak, quien siempre había sido muy reservado, no le gustaba usar la relación consanguínea debido a que quería ganarse las cosas por sí mismo y no por ser primo del príncipe y ahora emperador. Mantenía una relación estable y formal para evitar comentarios. Muchas veces Kairon le hacía bromas sobre eso, pero Arak no había cambiado su decisión, incluso al pasar de los años. -La cena ha terminado. - dijo el emperador volviéndose con los puños apretados en un intento de calmarse - Lleva a la emperatriz a su habitación. - le ordenó. - Sus órdenes, majestad. - escuchó decir a Arak mientras rodeaba con un brazo a Yaina sacándola del comedor dejando a Don de pie cerca de Kairon. -¿Tienes algo que decir? - le preguntó a Don sin volverse. - No sé qué esta pasando con usted, majestad, pero si vuelve a hacerle daño a la Maestra en mi presencia, no me detendré, aunque sea el emperador. - le dijo seria mientras salía del comedor dejándolo solo. - ¡Maldición! - gritó golpeando la mesa furioso. Algo estaba mal con él. Podía sentirlo.
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