La Preocupación de Arak
Don giró en la esquina con la respiración agitada. Había recibido el mensaje de Arak para reunirse en los jardines del palacio de los lirios donde a Yaina le gustaba caminar.
Vio al caballero caminar de un lado a otro inquieto lo que la preocupó.
- Gracias por esperar - le dijo mientras se acercaba - Su majestad no terminaba su reunión. Lo dejé en el comedor y vine a ti.
- ¿Has visto un cambio en el emperador? - le preguntó Arak sin rodeos.
- ¿Cambio? - repitió -¿De qué hablas?
- ¿No has notado como está tratando a la maestra? - exclamó - Le contesta mal, la ignora y ya no cena con ella.
- Ha tenido mucho trabajo. - defendió Don.
- En Odea estaban en una guerra civil y jamás actuó así. Jamás - explotó Arak - Hay algo raro.
Don se sentó en la banca y apoyó la cabeza entre las manos sumergida en sus pensamientos. Lentamente, las situaciones fueron aclarándose en la mente haciéndole consciente.
- ¡Demonios! - exclamó mirando a Arak con los ojos muy abiertos - No me había dado cuenta.
- No puede ser solo trabajo. - murmuró Arak sentándose junto a ella - Hay algo más que no vemos.
- El emperador está con mucho trabajo, es cierto. - le dijo Don - Todo el día está en esas audiencias y reuniones con esos nobles que solo se quejan y dicen que no. - suspiró - A pesar de que se frustra, tiende a enfocarse en maneras de contrarrestar sus argumentos
- ¿Qué pasa entonces cuando ve a la emperatriz? ¿Por qué la trata de esa manera? - le dijo Arak - De la nada le contesta duro o la ignora.
- Ahora que lo dices. - le dijo pensativa - Cada vez que la menciono, sonríe, pero luego su ceño se frunce y se molesta. Su expresión cambia totalmente.
- Conoces a la maestra. - le dijo serio - Ella no se quejará, pero le está afectando. La escucho llorar por las noches. Es una extranjera para la gente del palacio y los nobles. He escuchado los comentarios a su alrededor y ella también. No son agradables.
- Oh, vaya - exclamó Don molesta - ¿Por qué no me avisaste?
Arak se rio sarcástico.
- ¿Qué ibas a hacer? - la regañó - Estás como escolta del emperador, debes comportarte en su nombre. No vas a hacer un escándalo y humillar a la emperatriz. Además el mismo Emperador la maltrata, qué esperas de los sirvientes si ven que su compañero la ignora.
- Pero - comenzó a decir, pero cerró la boca consciente de que lo que decía Arak era verdad - ¿Cómo lo has manejado? - le preguntó finalmente.
- He regañado a los sirvientes y a los caballeros, pero en mi posición, no puedo enfrentarme a los nobles, aunque sea uno de ellos. Mientras lleve el uniforme de los caballeros imperiales mi estatus como noble pasa a segundo plano.
- Pero eres el primo del emperador - le dijo Don.
- Mi madre era hermana de la emperatriz anterior. - explicó Arak alisando su cabello - Venimos del reino Flix. Soy extranjero como ustedes. No tengo sangre del león por lo que no tengo poder como el archiduque que es hijo del hermano menor del emperador Darion.
- Entiendo, pero pese a eso te convertiste en el comandante de los caballeros imperiales. - le dijo con una sonrisa - Eso es genial
Arak sonrió ante su comentario - Gracias - le dijo - Me esforcé mucho para ganarlo limpiamente. No por ser sobrino del emperador.
- ¿Qué podemos hacer? - le preguntó Don preocupada.
- Mientras la maestra no diga nada, no puedo hablar con el emperador. -le dijo mirando hacia las flores - Creo que lo más conveniente es observar su comportamiento e intentar generar situaciones para que puedan verse. Según lo que leí en los libros antiguos, el vínculo del león se alimenta de la cercanía de los compañeros. Al estar separados aumenta el malestar por la separación hasta convertirse en dolor físico. No sé si el emperador lo siente, pero puedo verlo en Yaina. Se está agotando.
- Con la agenda del emperador y sus reuniones no sé si logren coincidir. - le dijo desanimada.
- Si compartimos las agendas de ambos al empezar el día, podremos adelantarnos.
- Puede funcionar.- murmuró Don pensando por un momento y luego aplaudió contenta. Sacó un pequeño broche del bolsillo aferrándolo con ambas manos mientras activaba la magia y diciendo unas palabras en un lenguaje extraño.
Una vez que terminó el hechizo y la luz entre sus palmas desapareció, se lo puso por debajo de la tela junto al primer botón de la chaqueta del uniforme que le cruzaba el pecho.
- ¿Qué haces? ¿Otra joya? ¿Qué tienen los magos con las joyas? - le preguntó sorprendido por el contacto, pero no la rechazó.
- Es un dispositivo de comunicación. - le dijo con confianza - la maestra los diseñó. Usan la magia del mago que activa el hechizo por lo que podré escucharte si me hablas a mi. Activalo con la palabra "Ret"- le guiñó un ojo divertida. - El emperador ya usa uno para poder comunicarse. Me ahorro mucho tiempo.
- Oh, vaya. - dijo sorprendido ante las habilidades de la emperatriz. Siempre estaba pensando en nuevas herramientas mágicas
Don se levantó de un salto y se sacudió el uniforme.
- He estado mucho tiempo afuera -le dijo con una sonrisa - Regresaré primero - se giró para ir al palacio, pero luego se volvió con una mirada decidida - Haremos que el emperador se comporte, no te preocupes. - le dijo seria y luego suavizó la mirada – Gracias por cuidar a la maestra, sé que no te gustó este arreglo, pero me quedo infinitamente tranquila al saber que mi señora te tiene cerca.
- Lo mismo digo. - le contestó Arak conmovido por sus palabras - Dejo al emperador a tu cuidado.
- Hecho. - le dijo sonriendo antes de alejarse haciéndole sonreír a su vez mientras miraba el cielo estrellado.
De verdad esperaba hacer lo correcto.