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1378 Words
Trabajando en la Propuesta Horas más tarde, Arak se acercaba a las grandes puertas de la habitación de Yaina acompañado de una doncella. -Majestad, - habló fuerte - he traído a la persona que solicitó. La joven apretó las faldas del vestido nerviosa mientras miraba a los dos guardias que flanqueaban las puertas. - Entren. -se escuchó la voz de Yaina tras la puerta. - Adelante, la emperatriz es una buena persona. Ya verás. - dijo Arak con una sonrisa y la vio asentir decidida antes de respirar profundo y seguirlo al interior de la habitación. Cuando la joven entró vio la hermosa habitación y a la emperatriz sentada en uno de los sofás mientras Lucy terminaba de tender la cama. Tenía un té en las manos el que bajó al platillo para hacerle un gesto para que se acercara. - Saludos a la luz del imperio, - le dijo con una reverencia - Larga vida. Mi nombre es Mia, soy una doncella asignada a la limpieza en el palacio de los Lirios. - Levanta tu cabeza. - le dijo Yaina con una sonrisa - ¿Estás hace mucho tiempo aquí? - Un mes antes de que llegaran sus majestades. - le contestó cortésmente - El mayordomo contrató nuevos sirvientes para el palacio de la emperatriz. Mi hermano es aprendiz de caballero y es así como conocí a sir Arak. - ¿Te mencionó Sir Arak para que te necesito? - Me dijo que su majestad me preguntaría por la ciudad de dónde vengo. - Eso es correcto. - dijo Yaina levantándose -Necesito tu ayuda. ¿Puedes ayudarme? La joven se arrodilló con rapidez. - Claro que sí, majestad. - balbuceó bajando la cabeza hasta el suelo - Lo que necesite, lo haré. -miró a Arak hacia arriba por un instante -Sir Arak nos ayudó cuando mi familia se arruinó. Mi padre es un barón, pero no era muy bueno con los negocios e hizo malas inversiones perdiendo todos nuestros ahorros. Ahora viven en una pequeña casa. Mi hermano ha podido entrenar como caballero y mi trabajo nos permite ayudarles. - Levántate. - pidió Yaina tomándola por los codos - Veo que has pasado por mucho. - le dijo caminando hacia la ventana perdida en sus pensamientos por unos instantes haciendo que la joven mirara a Arak preocupada temiendo haber hablado demasiado. Había escuchado que la emperatriz era una joven princesa del reino de Odea acostumbrada a lujos y muy mimada por su familia. Los problemas financieros de una doncella solo serían una molestia para ella. -Arak- dijo sin volverse con un tono serio - ¿Es de tu confianza? - Si, majestad. -dijo firme - confío en ella y en su hermano. Han demostrado que hacen las cosas bien. Su corazón está bien puesto Yaina se giró y se acercó a la joven mientras Lucy la seguía. La miró detenidamente rodeándola y regresó frente a ella - ¿Estás dispuesta a servirme? - le preguntó. - Si, majestad. -dijo mirándola directamente a los ojos a lo que Yaina sonrió. Eso le gustó. - ¿Veas lo que veas te mantendrás en silencio? - la vio asentir - ¿Aunque estar conmigo te haga estar en peligro o seas menospreciada? - ¿Peligro? - repitió confundida. ¿Qué peligro podría pasar la emperatriz? - Hay gente que no está de acuerdo con las ideas del emperador. - le explicó – Además, tengo un negocio por mi cuenta el que asumí antes de conocer a mi esposo que requiere mi atención. -Trabajaré duro, majestad. - le dijo decidida - Sir Arak confía en usted. No dudaré. - ¿Qué quieres a cambio de servirme? - ¡¿Yo?! - Claro. - dijo Yaina sonriendo - Si tú haces lo que pido, yo haré algo por ti. ¿Tienes algún deseo o sueño especial? Todos los que me sirven tienen uno y yo les ayudo a cumplirlos. Debe ser algo para ti. No para los demás ¿Qué te gustaría lograr? La joven la miró, luego a Arak y a Lucy que asintieron con la cabeza - Mmm. No lo había pensado. - murmuró meditando en sus palabras - Me gustaría aprender más. - dijo al fin -Mi hermano era el mayor y el varón. Lo prepararon desde muy pequeño para la sucesión. A mi me gustaba la administración, pero, como mujer, mi padre no aprobaba mi interés. Me regañó varias veces por lo que dejé de intentar. - ¿Te gusta el lado comercial? - Yaina sonrió. Necesitaba un asistente si tenía que compatibilizar los negocios - Me gusta. Te ayudaré. - se giró hacia Lucy - Tráeme papelería, haré la solicitud al mayordomo. Servirás como mi asistente personal junto a Lucy, pero tendré que solicitarte como doncella hasta que pueda ajustar los puestos en el palacio ¿Eso te complica? - No, majestad. Es un honor. - le dijo con una gran sonrisa mirando a Arak quien sonreía también. - Nadie podrá darte órdenes. Sólo yo. Arak, asegúrate de entregarlo frente al secretario. Cobraré sus palabras. - ¿Trabajaré para usted, majestad? - le preguntó incrédula. - Si. - le dijo escribiendo con rapidez y entregándoselo a Arak - Estarás al cuidado de Lucy. Ella lleva muchos años conmigo asi es que te enseñará lo que debes saber. Seguirás sus instrucciones al pie de la letra, sin cuestionar nada. - Si, majestad - dijo mirando a Lucy quien asintió en silencio. - Entonces a trabajar. - dijo Yaina caminando hacia la puerta que conectaba con el despacho desde su habitación. - Harás tu primer trabajo para mí. Lucy, ayúdala a trasladarse cuando terminemos. Arak. Entrega la solicitud. El mayordomo debería estar en el despacho junto al secretario - ¿Se lo entrego frente a su majestad? - le preguntó sorprendido. - Si, - dijo seria - me ahorraré dar explicaciones frente a “algo trivial” al emperador. Además, está muy ocupado para enfocarse en una doncella que me ayude. - El emperador es muy territorial con usted, majestad. - advirtió al tiempo que la veía dudar que responder. - Si llega a preguntar, lo resolveré. - dijo al final -Ha estado ocupado. No vendrá al palacio de los Lirios por el momento debido a la crisis. - Entiendo, majestad. - dijo poco convencido, pero no insistió -Lo llevaré ahora. Yaina lo observó salir de la habitación y bajó la cabeza un momento, desalentada. Desde la pelea por Saros, Kairon se había comportado más irritable cada vez que hablaban. Podía sentir a través de la conexión cómo su ánimo cambiaba en cuanto la veía y eso le dolía. Hace dos semanas había bloqueado definitivamente la conexión en cierto modo por ambos, si la veía, él se enfadaba y a ella le lastimaba. Era mejor que el otro no sintiera las emociones del compañero, sobre todo si no podían gestionarlas. Si él hubiese querido arreglar las cosas después de esa noche, lo hubiese hecho aunque debiese atravesar los tres palacios para llegar a su habitación, pero no lo hizo y ella no lo buscó. Se había quedado sin palabras cuando el mayordomo le había explicado la etiqueta de convivencia el día del cambio y que estaba absolutamente prohibido que ella hiciera el recorrido a la inversa. Solo debían dormir juntos cuando estuviera en periodo fértil para producir un heredero. Era irónico como estaba esa regla si el león necesitaba estar cerca de su compañera debido al vínculo, pero no había dicho nada. Kairon era bastante apasionado y sus manos no se alejaban de ella en Odea o hasta antes de llegar al palacio, pero aún no manejaba la información del palacio como para poder cambiar algo. Supo por Lucy que su esposo se quedaba en el despacho hasta largas horas de la noche por las largas reuniones y porque se quedaba trabajando en el despacho. Eso hacía más cómodo el que fuera directo a su habitación al amanecer para asearse y cambiarse por lo que ahora, dudaba seriamente de que pudiese venir a verla. - Lucy, - le dijo a la joven -sabes que hacer. - Si, majestad, - le dijo inclinando la cabeza - estaré aquí. - Yaina le sonrió antes de entrar al despacho seguida por Mia.
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