El Emperador Regresa
Después de tres semanas de arduo trabajo, la comitiva de caballeros regresó al palacio exhaustos, pero tranquilos y satisfechos por sus acciones.
El brote había sido controlado y la situación del agua se había regularizado a la brevedad. Ahora quedaba tomar medidas preventivas para proteger a los demás pueblos y ciudades de Yamain. Kairon había preparado numerosos aportes al programa propuesto por el comerciante para replicar las medidas en todo el imperio de acuerdo a la experiencia que traían.
Kairon se bajó del caballo y corrió a la entrada del palacio central y subió de dos en dos la escalera para ir al palacio de la emperatriz bajo la mirada sorprendida de sirvientes y guardias. Notó extrañado que no había luces encendidas y todo parecía demasiado tranquilo cuando atravesó el gran vestíbulo y entró a la cámara privada. Yaina y sus doncellas siempre eran ruidosas y alegres.
Cuando llegó a las puertas de la habitación de su esposa, no había guardias apostados ni vio a Arak por lo que un escalofrío lo recorrió. Abrió las puertas y se encontró con la habitación ordenada y las cortinas cerradas, el ambiente demasiado helado como para haber sido usado el día anterior. Don llegó tras él y vio el lugar con una ceja alzada.
- ¡Guardias! ¡Guardias! - gritó después de revisar el vestidor y el despacho. Toda su ropa estaba ahí ¿Había ido a la Torre?
Varios caballeros llegaron apresurados al lugar y se inclinaron ante él.
- ¿Dónde está la emperatriz? - les preguntó - ¿Por qué no hay guardias en las puertas?
- La emperatriz... - comenzó a decir uno de los guardias, pero la voz de Torne lo detuvo.
- Yo hablaré con el emperador. - le dijo junto a Marcus y le señaló el despacho de la emperatriz para que entrara mientras el guardia se retiraba.
Kairon entró y se giró para escucharlo.
- Habla...- gruñó.
- La emperatriz se marchó hace dos semanas. - dijo finalmente después de una larga pausa.
La expresión de Kairon se hizo indescifrable y sus ojos brillaron.
- ¿Se marchó? ¿Cómo que se marchó? - preguntó Kairon.
- Lo siento, majestad...Fue nuestra culpa. - dijo llorando al igual que Marcus y el emperador tuvo que sentarse para controlar la furia que sentía.
- Hablen...
Con una inhalación profunda, Marcus y Torne comenzaron su relato contándole toda la verdad y sus acciones desde el principio...
Horas después un rugido desgarrador se escuchó en la ciudadela imperial...El león clamaba por su compañera.
Después de escuchar el relato y calmarse, Torne le entregó una carta de Arak que relataba lo que habían escuchado y los planes del marqués de matar a la emperatriz y volverlo loco a él. También sobre el espía que fue capturado después de la trampa que le pusieron y que estaba oculto en un lugar que sólo él y la emperatriz conocían sin contacto con el exterior.
- ¿Atraparon al marqués? - preguntó.
- No, lo último que nos dijo Sir Arak fue que mantuviéramos la conducta mientras ellos trabajaban.
- ¿Entonces no han podido encontrar el riesgo?
- No...
- ¿Saben donde fue la emperatriz?
- No lo dijeron. - reconoció Marcus avergonzado - Majestad...Yo...Lo que hice...
Kairon se levantó y los miró negando con la cabeza.
- No ahora, Marcus. Jamás esperé esto de ti o de Torne. Les di mi confianza y conocían a Yaina mucho antes de ser mi esposa, desde que era una niña ¿No pensaste en el daño que le estaban haciendo o a mí al alejarme de ella? - suspiró desalentado - En estos momentos agradezcan que el león no los escuchó o los habría matado sin piedad. No quiero que se acerquen a mi hasta que pueda atrapar a ese maldito. Trabajaré en mi despacho y ustedes se mantendrán trabajando en otra oficina. Los trasladaré a ustedes y los asistentes fuera de mi despacho. Más les vale que pueda encontrar a mi compañera o me encargaré de destruir a todo aquel que le haya hecho daño y al imperio a continuación. Ella siempre será mi prioridad.
El emperador salió seguido de Don con las estelas desplegadas por la furia contenida. Quería destruir todo, matar a todos...Lo que sentía era tan intenso que tuvo que agacharse en la galería cuando las náuseas lo invadieron y vomitó con fuertes espasmos.
- ¡Majestad!
- Está empeorando... - jadeó - Son cada vez más frecuentes y no sólo por los aromas.
- Tenemos que llegar a su habitación...Debe levantarse.
Kairon se apoyó en ella y respiró profundo antes de caminar hacia la habitación del León.