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1780 Words
Un Caballero Impulsivo Carlile caminaba a grandes zancadas por el pasillo hacia las habitaciones privadas del castillo con cara de pocos amigos. Había participado en la sesión de entrenamiento y Ciro les había avisado a los caballeros que asumiría la protección de la maga junto a su escolta. El joven caballero no entendía por qué había tanto revuelo por la joven maga que su maestro había contratado para hacer trabajos en el castillo y menos que el propio señor estuviera atento a su salud después del accidente en la mina. Quería preguntarle y escucharlo de su propia boca. El caballero entró en la habitación de la maga sin anunciarse buscando a su maestro y cuando lo vio, dejó salir toda la preocupación - ¡¿Es cierto que Ciro estará como escolta de la maga, maestro?! - preguntó, frustrado. - ¡¿Cómo te atreves a entrar a la habitación de una mujer sin anunciarte?! La voz ronca y el gruñido de advertencia hizo que el joven mirara sorprendido en la dirección de la voz junto a la cama donde descansaba Yaina aún inconsciente. Un hombre se levantó acercándose amenazadoramente a él por lo que Carlile tomó la empuñadura de su espada para defenderse, pero una hoja se adelantó hasta su cuello y lo detuvo. - Quieto... - advirtió Arak de pie a su lado con la espada desenvainada cortándole el paso - No lo hagas o te cortaré la garganta sin dudar. Saros se acercó a Kairon y palmeó su hombro para tranquilizarlo al ver como sus ojos brillaban peligrosamente en alerta para proteger a su compañera. Era Ducalyon - Sir Carlile. - dijo Saros indicando a Kairon - Este noble es el esposo de la joven maga. El joven maestro viajó en cuanto supo del accidente. - Me disculpo, milord fue mi error. - le dijo inclinándose respetuosamente - Maestro, - le dijo con cuidado - Me preocupa que Sir Ciro no tenga tiempo para sus labores con los caballeros si permanece como escolta de la maga. Además, es su escolta personal, alteza. - ¿Dudas de la decisión de tu maestro siendo su caballero? - preguntó Arak con un tono severo haciendo que Carlile se moviera incómodo. No lo había pensado de esa forma cuando Ciro les había informado de las nuevas órdenes después que llegaron con la gente de la mina; solo estaba molesto porque el capitán de los caballeros negros tenía que cuidar a la maga con magia defectuosa y que parecía adelantarse a cada decisión del Archiduque. Era una simple maga contratada para el territorio de manera temporal ¿Por qué todos parecían tan deseosos de apoyarla y seguir su camino? Carlile frunció el ceño molesto. Se había hecho caballero para escapar de los aburridos sistemas aristocráticos siempre tratando de besar las botas del emperador o de ganar poder. Su propio padre, la espada del imperio, El marqués Aeros se había alejado de los principios de la caballería al quedarse en la capital y moverse entre la corte y su madre, una gran alquimista, había dejado su puesto en la academia para seguirlo. Estaban más preocupados por los banquetes y las fiestas de té que del crecimiento del imperio. Es por eso por lo que se había unido a los caballeros negros, en el territorio Gahné, el área más desafiante de todo el imperio debido al clima duro y escarpada geografía. Como estaba en la frontera compartida por el norte con Odea y el reino Flir siempre estaba en estado de alerta desde la fundación del imperio. El joven caballero estaba tranquilo y cómodo sirviendo al archiduque hasta que la maga llegó a alborotar todo. Su alteza tenía especial cuidado en su trato y sabía que le prestaba atención ya que había estado presente cuando ella le preguntaba y sugería cosas que lo sorprendían. También le había dado la orden directa a él y Ciro de mantenerse cerca de ella para vigilar sus movimientos ¿La había contratado para vigilarla más de cerca? ¿Era peligrosa? Reconocía que su magia era muy poderosa a pesar de ser inestable. Cuando habían luchado en los entrenamientos lo había hecho trastabillar varias veces y se consideraba a si mismo uno de los mejores caballeros del imperio. Aún recordaba que si no hubiera aprovechado el quiebre de la magia, lo habría vencido. Y, ahora, el propio capitán de los caballeros negros debía hacer de niñera. Era un insulto para su capitán. - ¿Crees que mi esposa no merece ser escoltada por tu capitán? - escuchó preguntar al joven en un tono peligroso que lo hizo sentir un escalofrío. Se sentía su poderosa presencia la que era tan fuerte como la del archiduque. - Lo siento, joven maestro. - confesó - El capitán es muy apreciado y valorado por nosotros, los caballeros, por lo que este cambio repentino me sorprendió y vine a expresarle mi preocupación a mi maestro. La maga ya tiene un escolta por lo que quise preguntar. Saros lo miró fijamente. Carlile era impulsivo y a veces decía cosas sin pensarlas demasiado, pero no esperaba que le contestara así a un noble, aunque lo considerara de menor rango. Independiente de que no supiera con quién hablaba no podía desafiar a un noble así como así y menos en presencia de su señor. - ¿Y si tu capitán no se negó a mi orden porque tu vienes a hablar por él? - le preguntó haciendo que se encogiera ante el regaño cuando activó el aura mostrando su posición y jerarquía. Carlile se arrodilló afectado por el aura. - Las decisiones del señor no son negociables y menos por los caballeros negros. - continuó Saros con dureza - Si te atreves a desafiar mi orden como lo estás haciendo ahora, no mereces ser uno de ellos. - Vio la cara de sorpresa de Carlile quien bajó la cabeza hasta el suelo para disculparse. - He cometido un grave error, alteza. - le dijo avergonzado - Pido que me castigue, por favor. No lo pensé bien… Saros caminó hacia él haciendo que Carlile cerrara los ojos preparándose para recibir su reacción, pero se alzó cuando no hubo sonido. El príncipe lo miraba serio. - Hay circunstancias especiales ahora y la maga debe estar protegida. Cómo se encuentra en el territorio es deber del gran ducado ayudar en su seguridad. - le dijo girando hacia Kairon - Tanto ella como su esposo están haciendo cambios en sus tierras y la gente no se lo ha hecho fácil. - Kairon asintió - Ella es poderosa en su magia, pero está inestable, tú lo sabes ya que luchaste con ella. - vio como Kairon levantaba las cejas asombrado y luego apretaba los puños molesto soltando un gruñido. - Su escolta detuvo la pelea. - se excusó rápidamente el caballero cuando vio que sus ojos cambiaban - No se hizo daño. - Si hubiera sentido que estaba en peligro. - agregó Arak - Yo mismo lo hubiese matado, mi señor. - ¿Ve? - dijo Carlile indicando a Arak agradecido - Me habría matado. Kairon lo miró perplejo por un momento y luego soltó una risa. - Vaya, - le dijo viendo como el caballero lo miraba confundido - te pareces a Don. Tuviste suerte de que no estuviera presente cuando luchaste con ella o ya estarías muerto. Soy muy protector con mi esposa.- Kairon se le acercó y le puso la mano en el hombro descargando la fuerza del león lo que hizo que Carlile hiciera una mueca de dolor -Tu señor ha permitido quedarnos aquí mientras el embarazo de mi esposa se estabiliza. - ¿Embarazo? - tartamudeó Carlile. - Estaba embarazada cuando luchaste con ella. - dijo Arak - Por eso su magia estaba inestable. - La mina... - balbuceó mirando a Yaina dormida - La mina colapsó con ustedes adentro. Ella… el bebé… -Se sintió culpable. - Está herida. - explicó Kairon - Debemos esperar. Mi familia y yo estamos en peligro en este momento y no puedo llevarla a casa hasta asegurar su seguridad. Su escolta es el mejor hombre que conozco, pero necesita descansar y tu capitán es el único que puede apoyarlo en la tarea. - Tanto su esposa como los bebés son importantes para el joven maestro y están en el territorio ¿Podrías asumir el dejarlos desprotegidos? Eres un hombre y un caballero ¿Qué harías tú? Una mujer embarazada es más frágil, más aún una maga cuyo maná es parte de ella. Ahora su cuerpo está sobre exigido con dos pequeñas vidas más dentro de ella. La magia de madre y sus hijos van a entrar en conflicto hasta que se sincronicen. - ¿Son dos? No lo sabía. - se disculpó - Mi madre es alquimista y mi padre un maestro de la espada. No sabía la condición de los magos. - ¿Tu padre y tu madre son nobles? - preguntó Kairon. - Marqués Aeros... Soy su segundo hijo... - La fiesta de té... - dijo Arak para que recordara que había estado en su mansión. - Oh, ya veo... Los conozco. Era el noble con el que había trabajado en la propuesta para ver la seguridad. - ¿Los bebés de un mago corren peligro? - le preguntó el joven devolviéndolo al presente. - El primer trimestre del embarazo y el parto son los más delicados. Con la magia inestable están muy expuestos. - explicó Kairon - Además, mientras más fuerte sea la maga, más cuidado se deberá tener. La magia de mi esposa es muy poderosa, tanto como para enfrentarse al león de Yamain cara a cara y es por eso por lo que necesitamos toda la protección posible. - Me disculpo por mi imprudencia, milord. - le dijo con honestidad inclinándose frente a él - He actuado sin ver todas las variables. - Juzgaste a alguien sólo por lo que tus ojos vieron. - advirtió Ciro - No tienes toda la información y cuándo la tengas, tendrás que bajar la cabeza y disculparte. - Ciro. - le dijo Saros negando con la cabeza - No es el momento. Lo descubrirá por si mismo. - No vuelvas a levantar la mano contra mis maestros o no me contendré. - le dijo Arak amenazante - Seas noble o plebeyo. - Lo entiendo, caballero. Te pido disculpas por ser imprudente con tus señores. - Ahora retírate. - ordenó Saros - La mujer debe descansar... - Si, maestro. - le dijo inclinándose y luego haciando un gesto a Kairon antes de salir. Saros resopló. Carlile era un caballero excepcional, pero su impulsividad y orgullo a veces le jugaba malas pasadas.
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