Capítulo 49 – Verdades ocultas

1961 Words

El momento se quebró cuando escuchamos pasos apresurados. Leo apareció en la puerta, todavía con el cabello húmedo y revuelto, un rastro de cloro en la piel que delataba su paso reciente por la piscina. Nos miró, primero a mí y luego a su hermano, y algo en su expresión se volvió alerta. —¿Está todo bien? —preguntó, ladeando la cabeza con una suspicacia que no esperaba de él. —Sí, todo bien —contesté, obligando a mi voz a sonar ligera. Pero Leo no parecía convencido. Su mirada iba y venía entre nosotros como si hubiera entrado en medio de una conversación que no alcanzó a escuchar pero que podía intuir. Y entonces, como si su comentario hubiera estado esperándome con un cuchillo escondido, soltó: —¿Ya se fue Emilia? El nombre golpeó mi pecho con la fuerza de un mazo. Emilia. Como agua

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