Habían pasado ya algunos días desde que Leo supo la verdad. Contra todo pronóstico, lo tomó mejor de lo que esperaba. Claro que al principio estuvo confundido, pero bastaron unas palabras de Alaric, serias pero cariñosas, para disipar sus dudas. Ahora, los tres compartíamos la rutina sin tensiones: tardes de juegos en la piscina, excursiones breves por los alrededores, incluso películas antes de dormir. Y aunque durante el día todo giraba en torno a Leo, por las noches… por las noches nos dejábamos arrastrar por un deseo que ya no sabíamos, ni queríamos contener. Esa mañana me desperté antes que los demás, el sol apenas iluminaba las cortinas. Tras una noche intensa, tenía hambre, así que decidí bajar a la cocina en busca de algo rápido, un bocadillo cualquiera. Caminaba en silencio, con

