Diego
Mi mente seguía atrapada entre las palabras de Sasha y el recuerdo de la exposición. Sabía que en cuanto llegara a casa, tendría que enfrentar la verdad, esa verdad que no quería reconocer del todo. No solo estaba el tema de la boda, sino también la sensación de que, al tomar una decisión, algo dentro de mí moriría, algo que nunca podría recuperar.
Mientras conducía hacia casa, las luces de la ciudad pasaban a toda velocidad a través del parabrisas, pero mi mente seguía atrapada en un laberinto de pensamientos. Las palabras de Sasha se repetían una y otra vez en mi cabeza. ¿Cómo había llegado todo a esto? ¿Por qué sentía que no podía tomar una decisión clara? Mi futuro parecía colapsar ante mí y todo lo que quería era un respiro, un momento para ordenar mis pensamientos.
Al llegar, la puerta de la casa estaba entreabierta, como si Sasha me estuviera esperando, pero al mismo tiempo, no quería confrontarme con lo que fuera que debía contarme. Entré en silencio y la encontré en la sala, sentada en el sofá con las manos entrelazadas, mirando hacia el suelo. Mi corazón dio un vuelco al verla tan callada, tan distante.
—Sasha… —dije, sin saber exactamente cómo empezar.
Ella levantó la cabeza lentamente, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo.
—Diego… necesito que me entiendas. —Su voz tembló al pronunciar las palabras, y no pude evitar notar cómo su cuerpo estaba tenso, como si estuviera esperando a que le lanzara alguna reacción.
Me acerqué lentamente, con la cabeza llena de pensamientos desordenados. No podía entender cómo habíamos llegado hasta aquí, hasta este punto en el que todo parecía desmoronarse sin haber tenido la oportunidad de detenerlo.
—Lo estoy entendiendo —respondí, con un suspiro profundo. No tenía idea de lo que estábamos a punto de enfrentar, pero me sentía atrapado en una burbuja de incertidumbre que comenzaba a reventar—. Pero no estoy seguro de que lo que estamos haciendo sea lo que realmente quiero.
Sasha lo miró fijamente, y por un momento, el silencio se instaló entre nosotros. Sentí que algo se rompía en el aire, como si las palabras no fueran suficientes para cubrir la distancia emocional que ahora existía.
—Te amo, Diego —dijo al fin, y esas palabras, que siempre habían sido un consuelo, ahora se sintieron como una carga—. Pero a veces, amar a alguien no es suficiente. No lo es cuando lo que uno necesita no está siendo correspondido de la misma manera.
La tensión en el aire se intensificó. Mis dedos se apretaron alrededor del borde de la mesa. Algo me decía que Sasha no solo estaba hablando de nuestra relación. Estaba hablando de algo más grande, algo que nosotros dos no sabíamos manejar.
—¿Qué quieres decir? —pregunté, incapaz de retener la confusión que se había apoderado de mí.
Ella se levantó del sofá, caminando hacia la ventana y mirando hacia fuera, como si quisiera encontrar las respuestas en el horizonte. Después de un largo silencio, se volvió hacia mí.
—Quiero que nuestra vida sea más que un plan predeterminado, Diego. Quiero que tú elijas, que lo hagas por ti, no por lo que los demás esperan. Quiero que seas libre, aunque eso signifique que nuestra relación no funcione.
Mis ojos se abrieron de par en par ante sus palabras. No sabía si debía sentirme aliviado o asustado, pero lo único que sentía era una creciente sensación de desorientación. ¿Estaba Sasha dándome una salida? ¿Me estaba dejando ir?
—¿Estás… terminando conmigo? —pregunté, mi voz apenas un susurro.
Sasha se acercó lentamente, y sus ojos reflejaron una tristeza profunda, casi como si estuviera rompiendo algo muy valioso, algo que ya no podía ser reparado.
—No quiero terminar contigo, Diego. Lo que quiero es que elijas por ti mismo. No puedo seguir siendo la excusa para que vivas una vida que no sientes que es la tuya. Tienes todo en tus manos… ahora es tu turno de decidir.
Me quedé allí, sin palabras, con el corazón palpitando de una manera que no podía explicar. Las palabras de Sasha, su sacrificio, me dejaron en shock. Quería quedarme con ella, pero algo dentro de mí sabía que no podía seguir viviendo para cumplir expectativas ajenas, ni para seguir un camino que no me pertenecía.
Mientras la veía pararse allí, tratando de mantener la calma, sentí una punzada en el pecho. Mi mente volvió a Mara, a la exposición, a esa sensación inexplicable de que la vida tenía más que ofrecerme, que el futuro no era solo lo que había planeado.
¿Sería esto lo que necesitaba? ¿La oportunidad de tomar mi vida en mis propias manos, sin ataduras, sin miedo a lo desconocido?
—Voy a pensar en todo esto —dije, casi sin darme cuenta de lo que estaba diciendo. Necesitaba tiempo. Tiempo para encontrar lo que realmente quería.
Sasha me miró por un largo momento, como si quisiera leer mis pensamientos, y luego asintió con una sonrisa triste.
—Lo sé, Diego. Solo recuerda que el tiempo corre, y la vida no espera.
Con esas palabras, se alejó hacia la habitación, dejándome solo con mis pensamientos, con un futuro incierto y con la sensación de que mi vida, tal como la conocía, ya no podía seguir adelante.
Me quedé allí, en silencio, mientras Sasha se retiraba a la habitación. No sabía qué pensar. Mi mente estaba completamente desordenada, atrapada entre las palabras de Sasha y el peso de todo lo que me había dicho. Pero en lugar de claridad, solo encontraba excusas. Mi mente se repetía que estaba confundido, que no entendía lo que estaba pasando, que no podía simplemente tomar una decisión tan grande de la noche a la mañana.
—No entiendo… —murmuré para mí mismo, como si mis palabras pudieran darme alguna respuesta. Mi mente buscaba razones, justificaciones. Había estado tan seguro de lo que quería antes, de lo que debía hacer. ¿Por qué ahora todo se sentía tan incierto?
Había tanto en juego: Sasha, el bebé, mi trabajo, la boda, la vida que ya habíamos comenzado a construir. ¿Cómo podía pensar en cambiar todo eso? ¿Cómo podía hacerle esto a Sasha? A veces sentía que me ahogaba solo de pensar en las consecuencias.
Salí al balcón para tomar aire, pero ni el fresco de la tarde me daba alivio. Lo que más me aterraba no era que Sasha me hubiera dado la salida. No. Lo que realmente me atormentaba era que no sabía si quería salir, si quería hacer algo diferente. No entendía qué había cambiado, por qué ahora me sentía tan perdido.
—Tal vez solo sea un momento de inseguridad… —pensé, tratando de tranquilizarme, pero las palabras de Sasha seguían retumbando en mi cabeza. “Quiero que seas libre”, había dicho. Y eso… eso me hacía preguntarme si de verdad era feliz. Si realmente estaba eligiendo lo que quería para mí, o si estaba siguiendo un camino que otros ya habían trazado para mí.
Pero no podía negar que la idea de salir de todo eso, de romper con lo que se esperaba de mí, me aterraba más que cualquier otra cosa. Aun así, algo dentro de mí decía que debía enfrentar mis miedos, que no podía seguir viviendo con excusas.
Suspiré, agotado, y volví a entrar en la casa. La imagen de Mara volvió a mi mente, como un eco lejano. La exposición, su foto, todo lo que había dejado atrás. ¿Podía realmente seguir ignorando todo lo que había sido para mí?
No sabía qué hacer. No entendía qué pasaba dentro de mí. No podía dejar de poner excusas o terminaría enloqueciendo.