FEDERICO
Estoy parado frente al gran ventanal mirando la ciudad, con una mano en un bolsillo mientras en la otra tengo mi whisky.
Tomo un trago, lo saboreo y ese picor que baja por mi garganta me ayuda a concentrarme.
¿Que voy hacer con mi hermosa Ana.?,
Esa niña se ha calado hasta mis huesos, pero es prohibida, es una niña, la vi nacer, j***r, la vi nacer!!
Soy una mierda de persona, nunca debí seguir su juego, nunca debí escuchar la poesía de sus piernas, el sabor dulce de sus labios, la miel que tiene en su voz o el brillo lujurioso de su ojos cuando me mira, sus gemidos y cuando dice mi nombre, eso es música para mis oídos.
Por Dios no puedo pensar así.
Yo ame profundamente a Luisa mi difunta esposa, me dio a mis hijos que son la luz de mi vida, ella me enseñó tanto, me tuvo tanta paciencia, supo manejar mí carácter. Pero ella ya no está, la robaron de mí lado.
Y entonces solo pasó, a mi vida llego una dulce niña, porque es una niña cuando está a mi lado, llegó con sus coqueteos, sus miradas, sus toques sin querer. Ana tan solo llegó y cambio todos mis esquemas.
Se perfectamente lo que siento por ella pero cada vez más me convenzo que ese día no debió pasar.
Flashblack
Es tarde cuando estoy ya en mi casa, trabajando un poco más en mí despacho, tengo que terminar de leer el balance de los casinos para poder autorizar todos los pagos correspondientes, estoy tan concentrado que son unos golpes en la puerta los que me sacan de mis actividades.
- Pase! – Grito con mi vista aún en los papeles que estoy revisando.
En el momento que levanto la mirada, veo ingresar a Ana, la amiga de mí hija.
- Todavía estás trabajando? A caso no duermes?
- Niña, cuando se madura y se tienen responsabilidades hay que tener ciertos hábitos para poder cumplir con todo.- respondo regresando mi vista al papeleo - Si yo no reviso estos documentos, hay personas que podrían no cobrar su sueldo.
- Me estás diciendo inmadura?
- Yo solo te explicaba y ahora dime qué haces acá?
- Hoy estuvimos en la piscina y te vi por la ventana, me mirabas. – habla mientras se acerca a la silla donde estoy sentado, en ese momento levanto la mirada para observarla.
- Ana, te voy a decir algunas cosas.
Primero, tus coqueteos son chistosos, todos nos reímos, pero quedan ahí.
Segundo: eres amiga de mí hija y Tercero: no te miraba a ti, miraba a todas, son muy descuidadas, si prestarán más atención no te hubieras caído y golpeado.- respondo con tranquilidad.
- Entonces viste que me golpee?
- Si, lo vi.- como negarlo.
Se acerca más a mi- Y por casualidad, no tienes una crema para pasarme aquí - me muestra su glúteo donde tiene un pequeño raspón rojo.
No mires Federico, esta niña está jugando.
- Me duele acá, se soba mientras hace un puchero-. Se acerca un poco más.
Trago nervioso - Deberías pedirle a mí hija, podría ser que ella tenga alguna crema.
- Ella está durmiendo. – responde llegando hasta mí silla.
- Entonces si tienes mucha molestia te puedo llevar al médico. – toma todo de mi responder y controlarme ante sus provocaciones.
- O me podrías sobar aquí - toma mí mano y la lleva hasta el golpe que tiene en su glúteo.
Que estoy haciendo, este no soy yo. La acaricio con cuidado, no tengo control ya en este momento.
- Se siente tan bien tu mano en mí cuerpo. – habla con voz sensual.
- ¿Te gusta? – carajo!, ¿Porque le pregunté eso?.
- Me encanta.- responde sin titubear mientras se sienta en mis piernas.
- A ti ¿te gusta tocar mí cuerpo? – no reaccionó cuando pasa una mano por mi nuca.
No le respondo. Dios! si lo hiciera me condenaría al mismísimo infierno, ahora mismo estoy perdiendo toda mi fuerza de voluntad.
- Mírame Federico. – pide
No quiero, juro que no quiero pero ella me lo está poniendo ya difícil. Roza con la punta de su nariz mí cuello y eso es jugar sucio. No soy indiferente a ella. Juro que no, pero no debo, podría ser mí hija.
- Federico. – Esa voz me saca de toda cordura, esa voz tan sensual. No recuerdo cuando fue la última vez que hice el amor o tuve sexo. Cada vez que lo intenté, esta niña se cruzaba por mis pensamientos.
Mí autocontrol tiene un límite y hace mucho que está en un rojo muy intenso.
Si está niña no para ahora no podré parar yo por mi cuenta, es una Diosa, la Diosa de mis sueños.
Ella se mueve sobre mis piernas tan lento que siento el roce de nuestras partes íntimas. Un pequeño gemido sale de su boca, la miro embobado.
Si, ya me queme, ese pequeño gemido acabó con todo lo que me hacía contenerme. Que me condenen a vivir la eternidad en el infierno, pero está niña es mía, solo mía.
Me levanto de mi silla, en ese momento ella enrolla sus piernas en mi cintura.
Camino hasta el sillón para despues con cuidado ponerla en el centro. Le quito esa diminuta bata que trae puesta y ahí supe que no había vuelta atrás.
Le besé hasta el alma, me tome mi tiempo para saborear cada rincón de su cuerpo.
Recorrí cada parte de su piel hasta que llegó ese momento donde mi m*****o está en su entrada, está tan mojada que mi excitación llega a unos niveles increíbles.
Fui entrando lentamente, quería disfrutarla, era mía, en ese momento era mía.
Llegue a un punto donde me costó entrar y ahí caí en la cuenta que está Diosa era virgen.
- ¿Eres virgen? - Le pregunté con mi respiración agitada
Bajó la mirada por un momento, quizá debatiéndose entre mentir o decir la verdad. No tendría caso, lo había descubierto, levanto la mirada y me enfrento.
- Si soy virgen, y hoy me estoy entregando al hombre que he amado siempre. Soy tuya Federico, solo tuya. No me importa nada, Te amo.
Sin darme oportunidad de debatirlo me toma de la nuca para acercarme a sus labios y atraparme de nuevo con un beso, un beso que iba cargado con una pasión que en todos mis años no había experimentado.
Seguí con cuidado, entrando en ella hasta que traspase su himen, logro escuchar un leve quejido lo que hizo que me detuviera al instante, no la quería lastimar.
- ¿Estás bien? – pregunto un tanto preocupado y nervioso.
- Si solo dame un segundo.
La seguí besando con ternura, era su primera vez, quiero que se sienta especial, yo sentía que también era la mía, me estaba desnudando el alma ante está niña.
De a poco note cuando se empezó a mover y ese fue el estímulo que necesite para empezar a moverme yo también. Entraba y salía de ella sin prisas pero disfrutando cada movimiento.
Gritaba mi nombre y eso me ponía más, será normal sentirme como un adolescente?.
Llegamos juntos al clímax y puedo decir que ha sido lo mejor de mi vida. Se que mañana la realidad va a chocar en mi cara pero esta noche me voy a permitir sentirme amado y hacerla sentir la reina de mi castillo. Porque eso era ella, una reina.
Me tenía a sus pies, hacía tanto que tenía ese poder sin darse cuenta.
Estoy condenado, voy arder en el mismísimo infierno por sentir esto por ella.
La amo, se que la amo. Pero es algo que no me puedo permitir decir en voz alta.
Fin del flashback
Golpes en la puerta me sacan de mis pensamientos - Señor?, Ingresa Arturo, el jefe de seguridad. Tenemos la misma edad y es el hombre de más confianza que tengo y ahora el culpable de que abandone mi recuerdo con mi Diosa.
- Arturo, necesito que vigiles más a mi hija y también a Aníbal.
- Aníbal? – pregunta con curiosidad
- Si, hace tiempo que me he dado cuenta que tiene cierto interés en Emilia y no me gusta. El muchacho es inteligente, ha soportado mi mal humor y mis exigencias pero no es hombre para mi hija.
Levanta las cejas - No te parece que eso es algo que ella debería decidir?
- Si, pero soy su padre y si puedo alejarla de ciertos dolores lo voy hacer. Ese muchacho no es para ella y lo sabes bien.
- Si, te entiendo pero igual pienso que es mejor que ella decida.
- ¿Que harías si fuera tu hija?- pregunto, se que el estando en mi posición haría lo mismo que yo.
- ¿Que quieres que haga? - me mira firme.
Sonreí. - Solo mantenme informado. Eso es todo por ahora. Te puedes retirar.
- Hasta mañana, la guardia te espera abajo.
- En un minuto salgo – digo dejando mi vaso vacío sobre mi escritorio.
Arturo se da vuelta empezando a caminar hacia la puerta, de un momento a otro se detiene, antes de salir se gira hacia mi – Han llegado hace una hora, la señorita Ana se fue a su departamento. – habla antes de volverse a girar para salir por la puerta dejándome sin palabras, ¿porque me dijo eso?
Aunque es un dato importante para mí, lo pienso unos minutos y sacó mi celular del bolsillo.
- ¿Donde estás? - Soy cortante, no la trato cariñoso pero en parte es porque necesito que ella se aleje de mi para que este sentimiento no crezca más, ella no pone mucho de su parte.
Luego de enviarle ese mensaje a Ana me arrepiento porque estoy sentado en mi escritorio observando mi celular esperando como un bobo adolescente su respuesta.
Hasta que por fin el celular suena, si, es ella, con una respuesta que no imaginaba. Las niñas educadas de su casa probablemente dirían: estoy bien, poniéndome pijama, a punto de hacer oración para después dormir.
Pero mi Diosa no es así.
-Cariño, terminando mi ducha, pensaba ir a dormir pero ahora estoy en la cama cerrando mis ojos porque me invade un deseo. Sabes cuál es ese deseo?, es que entres a mi habitación y te pongas encima mío y empieces a dejar besos por mi cuello, que bajes lento hasta mis pechos que los muerdas suave, los chupes, los disfrutes que sigas el camino hasta llegar a mi monte de venus.
Que tu lengua me haga ver las estrellas, que reclames lo que es tuyo desde siempre. Que vayas hasta mi clítoris y lo beses, me hagas mojar tanto que cuando entres en mi sea de una sola estocada y profunda haciéndome gritar tu nombre. Que entres y salgas de mi y cuando te des cuenta que estoy por llegar a mi punto máximo de placer salgas, me pongas en cuatro, entres de nuevo en mi sin ningún cuidado, que me golpees los glúteos y enrolles mi pelo en tu mano me traigas a tu pecho y me beses sin control.
Sin aire, así me dejo mi pequeña Diosa. Sin aire y duro.
Mis manos se mueven solas para responderle.
- En diez minutos llego a tu departamento.
Y si, ya mi alma estaba condenada a morir en los brazos de mi Diosa.