Ya había pasado toda la semana laboral y necesitaba con urgencia de mis amigas.
Una noche de chicas nunca cae nada mal. Decido tomar una ducha mientras pasa el tiempo para que lleguen, poder hablar de todo y que se queden a dormir en mi casa, si, aunque parezca infantil.
- No entiendo nada, ¿que tienen que ver los caballos, las cebras o los burros?. Esa era Ana, tratando de entender la metáfora de mi papá.
- Es sencillo, el hombre ya se dio cuenta que la sanguijuela que trabaja con el, quiere chupar la sangre de su hija y los millones también.- Martina no tenía filtro.
- No es así! Aníbal trabaja muy bien y no necesita mi dinero.
- Querida amiga, el flacucho ese podrá trabajar muy bien ahora, pero si tu padre lo despide dudo que pueda volver a conseguir trabajo.
Y cuando el hambre golpea la puerta el amor sale corriendo por la ventana.
- Que dramática eres, de verdad Martina, así no vas a conseguir novio nunca.
gira los ojos - Dramática no, realista si.
Ese hombre lo único que quiere es escalar, pero estas tan caprichosa con ese supuesto amor que estás ciega, si tanto te ama no se va esconder o mentir que te llevaba a una cena de negocios.
Se la juega, eso en el supuesto que de verdad siente amor o algo parecido.
Tan solo pude quedarme callada porque no podía creer que mi amiga me dijera todo eso, no se supone que tiene que estar de mi lado.?
- Emilia se que no te gusta lo que digo, pero es lo que siento. Si me quedo callada estoy traicionado nuestra amistad. No te voy a impedir nada, pero solo abre los ojos no caigas en las redes de esa araña.
Ana fue la que tuvo que cambiar de tema porque no le gusta vernos discutir, pero si soy sincera, yo me quedé con una presión en el pecho.
Estoy segura que Aníbal no puede estar mintiendo, basta con ver como me mira, como me habla, los detalles que él tiene conmigo, el me ama. No sé en qué momento mis pensamientos me llevaron a un sueño profundo pero no supe más y tampoco quería pensar más, tan solo dormí.
ANA
Eran las dos de la mañana cuando salí de la habitación de Emilia, ella y Martina dormían.
Yo me dirijo a la misma habitación de siempre, no puedo juzgar a Emilia porque yo estoy peor.
Al abrir la puerta lo veo ahí, recargado en el respaldo de su cama, leyendo un libro, tan sensual que se ve con esos anteojos.
Me mira sorprendido – Ana, que haces acá, Emilia donde esta?- habla nervioso, susurrando, esperando que nadie note nuestra conversación, mientras tanto yo cierro la puerta y le coloco el seguro.
- Está durmiendo y Martina también, yo no podía, no sin antes verte.- respondo mientras me encamino a su cama.
- Ana – suspira con un poco de lamento - ya lo hablamos más de una vez, esto es un error y no puede seguir ocurriendo.
Llego a los pies de la cama y solo puedo verlo a los ojos, es imposible no perderse en esa mirada azul.
Si, me había entregado a Federico, siempre lo he amado, hasta el punto que duele porque el se niega a algo serio conmigo.
Subo mis rodillas despacio a la cama comenzando a gatear hasta llegar a el y sentarme sobre su m*****o. Aún que tenemos nuestras pijamas puestas, se que ambos sentimos este fuego que nos recorre.
- Ana esto no está bien, eres muy pequeñ…
No lo dejo terminar porque lo beso, lento, suave, tratando de demostrar en ese beso todo lo que siento por el.
El sigue mi beso y poco a poco intensifica el ritmo. Sube sus manos a mi cadera tomándome con fuerza y uniéndome más a el.
El beso se siente tan rico. Nos separamos cuando comienza a faltar el aire, mientras el une su frente con la mía. - Hay pequeña, esto no está nada bien.- suelta y puedo notar como lo abruma está situación. Está dividido.
- pero, ¿que no está bien?, te refieres a que te ame?- mi voz sale con un tono de desespero.
Cierra los ojos mientras suelta un suspiro - No es amor Ana, es un capricho, estás deslumbrada por mi, pero amor no es.
- Y desde cuándo sabes lo que yo siento, eso lo puedo decir solo yo. Ahora mismo se perfectamente que te amo Federico.- aún que no quisiera, mi voz suena molesta.
- No!, Tienes la edad de mi hija. Esto no está bien, nunca lo estuvo. Acepto que soy culpable, no debí dejar que pasará la primera vez.- suelta molesto. Mentiría si digo que no siento como mi corazón se hace pequeño con sus palabras.
Mi instinto me hace acariciar su mejilla con mis manos, se lo que provoco en el, pero también se que nuestra diferencia de edad lo atormenta, a mi no me importa, el tiene 48 años pero es un hombre maduro, exitoso, inteligente, siempre tiene ese lado protector y por qué no decirlo, tiene un cuerpo que me encanta. Por otro lado el que sea la mejor amiga de su hija tampoco lo deja tranquilo en esta situación.
- Lo deseabas tanto como yo. Puedo jurar que ahora mismo me deseas tanto, no puedes engañarme, puedo sentirte debajo de mí, duro, soy yo quien provoca eso en ti. Te veo como me miras, me sigues con la mirada a dónde voy. Tu problema es la edad pero a mi no me importa.- hablo con firmeza.
Comienzo a moverme intensionalmente sobre su m*****o, con un vaivén lento y tortuoso para el.
- Ana, para por favor.- suplica susurrando.
Me acerco a su oído - Me deseas Federico? Me quieres esta noche en tu cama?- susurro, para después besar el lóbulo de su oreja mientras sigo con mi movimiento sobre sus piernas
- Si – jadea, haciendo su cabeza hacia atrás para poder después verme a los ojos. Lleva una de sus manos a mis caderas y presiona con una fuerza moderada, mientras su otra mano va a mi nuca para cercarme a el y besarme con ese fuego que guardamos y escondemos en 4 paredes.
Nuestras lenguas danzan de una manera que nuestros cuerpos se encienden más.
El empieza a bajar dejando sus besos húmedos por mi cuello, baja más hasta el inicio de mis pechos, se toma su tiempo ahí, disfrutando de ellos.
Lentamente comienza a bajar mi camisón de seda, debo aceptar que lo compre pensando en el.
Cuando ya estoy desnuda ante el, empezó a besar uno de mis pechos mientras que con su mano acariciaba el otro.
-Tu piel es tan suave,- habla con la voz ronca mientras sigue un camino de besos.
Me retiro un poco para así poder mirarlo fijamente mientras muerdo mi labio inferior. Comienzo a bajar retirando la mantas que siento como un estorbo en estos momentos, bajo el pantalón de su pijama dejando expuesta su gran erección. - Dios bendito como te esmeraste cuando lo creaste- es lo único que puedo pensar en estos momentos.
Acerco mis labios hasta la punta de su pene y lo beso, logro escuchar como suelta un jadeo. Bajo con mi lengua hasta su tronco y vuelvo a subir, es ahí cuando lo comienzo a meter en mi boca lentamente. Escucho sus gemidos y eso me da más confianza.
Mi cabeza sube y baja cada vez más rápido, puedo sentir como va tensándose. Sin esperarlo me toma y voltea en un rápido movimiento dejándome bajo el.
-Que pensabas hermosa, que esto iba a terminar rápido?- sonríe pícaramente mientras baja hasta mi v****a, donde comienza a besar mis labios, va a mi clítoris y no se cómo describir esto que siento cuando comienza a lamer y chupar. Este monumento de hombre me va matar. Me comienza a penetrar con su lengua, juro que estoy por explotar porque sabe perfectamente como hacer que me vuelva loca mientras me tiene en su poder, siento un hormigueo en la entrada de v****a.
Me da vuelta y me hace poner en cuatro para después tomar mis caderas con la fuerza necesaria para sentirme en las nubes. Se posiciona en mi entrada y de una sola estocada profunda me penetra comenzando a moverse, entrando y saliendo de mi. Con sus manos enrolla mi pelo y me atrae a él para besarme mientras con su otra mano comienza a masturbarme. Este hombre me va volver loca, sabe dónde tocar y cómo hacerlo.
Su movimiento sigue - Ahora termina para mi hermosa,- habla con esa voz ronca y agitada. Solo hicieron falta unos cuantos movimiento más para así terminar juntos.
Caigo a la cama con mi respiración agitada, necesito aire después de esto. El es un hombre que a pesar de ser mayor que yo está bastante conservado, el hacer ejercicio lo mantiene en condición. Veo como se levanta para ir al baño mientras me quedo tratando de recuperar la cordura. Cuando sale de este se vuelve a acostar a mi lado -creo que es momento de irme- pienso.
Me siento en la cama buscando donde quedó mi camisón.
- ¿Que haces?- pregunta mientras me toma de la mano.
- Busco mi ropa, no pensarás que iré a dormir con las chicas desnuda.- respondo sonriéndole.
Ríe – Mañana pequeña, es hora de dormir, ven aquí – me abraza trayéndome a el, besa mi cuello. - Sueña bonito hermosa.
Y como no voy a soñar bonito si estoy en sus brazos.