Clarissa. − ¡No tienes derecho a hacer eso, Bradley! − Grité. Estaba furiosa con esos dos gilipollas a los cuales llamo amigos. − ¡No puedes golpear a quien se te venga en gana! − ¡Sí puedo! ¡Sobre todo si es un gilipollas que te la metió! − Grita. Estaba furiosa, realmente furiosa. Detestaba que parecieran unos simios que solo sabían golpear a las personas. Miré a Tom, quien estaba a nuestro lado, muy callado. − ¡Y tú también, gilipollas! ¡No puedes venir a golpear a mis amigos! ¡No-puedes! ¡No-puedes! − Grité. − ¡Yo hago lo que se me venga en gana, Clarissa! − ¡Ugh, son tan…tan…imbéciles! − Chicos, ya cálmense. − Dallas trataba de interferir. − ¡Mierda! – Grité. −Siempre hacen lo mismo, dejen de golpear a la gente, Aaron me ha cuidado desde siempre. − Oh sí, seguro es porque te p

