El peso de la soledad.

1229 Words
Liriel o "Liri" Aldebarán, caminaba por las calles empedradas de Velkanova, envuelta en una bufanda gastada que ocultaba parte de su rostro. La ciudad, con sus imponentes edificios de arquitectura gótica y luces ámbar titilando en la distancia, parecía un eco de su propio corazón: solitaria, fría y atrapada en el pasado. Desde que fue acogida por Isabella Volkov, había trabajado en la mansión del alcalde, moviéndose con cautela entre las sombras para evitar llamar la atención de los Alfas. Nadie sospechaba que la silenciosa sirvienta era una Omega. Sus inhibidores suprimían su aroma, pero el miedo seguía vivo en su piel. Su mente aún estaba inversa en muchas cosas, demasiadas cosas, Liri que hasta el momento se había mantenido oculta en la biblioteca, estudiando y sumergida en los libros hasta el punto de quedarse dormida y luego despertar al sentir un escalofrío por imaginar y/o alucinar que estaba siendo observada. ¿Por quién?, si estaba solamente ella en ese lugar. Suspira y el recuerdo de esos tres alfas que se han acercado a ella con la intención de intimidarla le hace revolver el estómago. Liri debe admitir que no soporta mucho a los Alfas, estos suelen ser toscos, brutos y en muchas ocasiones, sus feromonas suelen ser invasivas. Ni siquiera podía recordar sus nombres o algo así, solo recuerda sus miradas cargadas de burla, desprecio y lo que juraba ser coquetería por parte de uno de ellos, pero no desea atención de parte de esos tres. Los evitaría tanto como pueda. No le agradaban los Alfas como esos. Aun menos, los olores que desprendían. Sin embargo, esto sucedía porque ella no tenía mate, porque su marca de pertenencia se había desvanecido. Si solo tal vez, su amado Dante estuviera con vida y a su lado, cruzar delante de otros alfas no sería tan agobiante para ella. Una lagrima silenciosa se resbala por su mejilla y niega con la cabeza. Empezaba a deprimirse nuevamente, y tomando tanto aire como puede, Liri decide que lo mejor sería tomar algo caliente que la ayudara a despejarse la mente, por lo que, tomando sus libros junto con sus pertenencias, sale de la biblioteca de su universidad. Esta noche, sin embargo, la necesidad de aire fresco la llevó a una pequeña cafetería en el distrito central. Un rincón acogedor donde esperaba encontrar un respiro, lejos del peso de su destino. (…) El tintineo de la campana en la entrada marcó su llegada. Un aroma cálido a café y vainilla la envolvió, brindándole un instante de paz. Se sentó en una mesa junto a la ventana, observando el mundo pasar sin que nadie la notara. —¿Puedo ayudarte con algo? —preguntó una voz masculina. Liri levantó la mirada y encontró a un joven de cabello rubio cenizo y ojos verdes observándola con una sonrisa amable. Elias Kovacs, un Beta con una energía distinta a la de los Alfas dominantes de la ciudad. No había desafío en su postura ni interés oculto en su mirada. Solo simple amabilidad. —Un té, por favor —Respondió ella en un susurro. Elias la estudió por un momento antes de asentir. No sintió un aroma particular de ella, no era omega (al menos eso pensó), mucho menos una alfa, pues su complexión física no era lo de uno, pensando en que era una beta, se sintió aliviado. Generalmente los omegas atraían atención de los alfas y estos eran territoriales a mas no poder, no fue una sola vez en la que Elias tuvo que intervenir un duelo entre alfas. No era que los odiara, pero les irritaba esos comportamientos. A veces sentia que tomar un cubo de agua casi helada y lanzarla a los alfas para evitar estas cosas era buen idea, luego recordaba que aquel establecimiento no aceptaba hacer esto, aparte, los alfas eran los mayores clientes en el local de Elias, suspiraba pensando en que quizas las noches y dias serian tranquilos, pero luego, algun alfa en celo como un perro sin modales intataba meterse con cualquier omega o betas que encontraran por ahí. Elias incluido. Pero, esta noche prometía ser tranquila para él. —Enseguida. — Respondió él con una amable sonrisa. Cuando regresó con su pedido, se tomó la libertad de hablar. —Gracias. —Liri se sintió cómoda con la presencia del beta, y agradecía que el lugar estaba en su mayoría lleno de betas y omegas, muy pocos alfas que causaran alboroto. —No te he visto antes por aquí —Comentó Elias, apoyándose levemente en la mesa—. No pareces del tipo que visita cafés a esta hora. —Liri bajó la mirada, removiendo el té con lentitud. —Solo quería algo de tranquilidad. —Murmuro, aun sabiendo que el beta la escucharía, su día no había sido precisamente tranquilo. Era lo que quería decir, sin embargo, tampoco quería contarle su vida a alguien que, estaba ocupado y que seguramente tendría sus propios problemas. Elias sonrió con comprensión. —Bueno, si necesitas eso, este es un buen lugar. Si algún idiota te molesta, solo dilo —Bromeó. Su tono ligero le arrancó una diminuta sonrisa, un gesto casi imperceptible. Era un pequeño consuelo en medio de su tormento. —Lo siento, me estoy acostumbrando a la vida de esta ciudad, no soy de por aquí. —Liri sabía que la mejor manera de hacer amigos era atreves de las pláticas, Elias elevo una ceja. —Ya veo, eso tiene sentido. —Comento Elias. —Espero que tu estadía en nuestra ciudad haya sido provechosa al igual que nuestra universidad. —Liri se encogió de hombros. Elias podía reconocer esa expresión que le decía algo. —La ciudad es hermosa. —Omitió decir cómo es que llego a este lugar. —He tenido la oportunidad de estar en la universidad de la ciudad. —Ella se detuvo. —¿Pero? —Elias la animo a seguir, Liri suspiro. —Hubo tres alfas…que no fueron tan amables conmigo. —Elias suspiro al mismo tiempo que rodaba los ojos, ¿Cómo es que no pudo imaginarlo?; Elias conocia desde hace años a los Trillizos, y aunque si bien es cierto que no podia llamarlo "sus amigos del alma" no es como si pudiera ignorar su presencia, ellos eran los hijos del alcade, figuras que ya poseian fama mucho antes de nacer y la cual utilizaban a su favor y convenencia, como cualquier alfa hacia. —Ah, te refieres a los Trillizos, Aleksei, Dmitri y Mikhail Volkov. —Liri abrió sus ojos un poco, era el mismo apellido de la señora Isabella, ella trago saliva, rogándole a la luna que solo fuera una coincidencia. —Son los hijos del alcalde, tienen todo lo que un alfa podría desear, aunque, son presumidos y les fascina atormentara los de nuevo ingreso, sin mencionar a los recién llegados a la ciudad. —Comento Elias como si fuera algo casual. —No lo tomes a mal, ellos son asi, luego se aburrirán. —Le dijo. —Pues…eso espero, no me siento con ánimos de verlos todos los días. —Liri quien sentía que la Luna la había dejado de lado, suspira, quizás Elias tenga razón, quizás esos tres se aburran de ella y fijen su atención en otra cosa. De todos modos, ella se encargaría de ser invisible. Esta noche prometía. Pero la paz no duró.
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