Unos ojos que prometían tormenta.

1167 Words
Pasaron algunas semanas cuando Liri finalmente empezó a sentir menos el dolor de haber perdido a su mate, y aunque se sentía desgastada, abrumada, sin fuerzas para continuar, sabía que Dante no hubiera querido verla en ese estado, por lo que, decidió levantarse y hablar con la mujer que la había acogido. Isabella Volkov había sido su rescatista, llevándola a su hogar, le ofreció agua caliente para lavarse y dejar atrás el olor de su antigua manada, así mismo, le dio ánimos y consuelo para que el dolor de haber perdido a su mate, ella sabía que pocos lograban sobrevivir luego de esta perdida, pero, por lo que veía, Liriel estaba bastante recuperada, aunque no lo expresara, ella sabía que estaba lastimada. —No sé cómo pagarle todo lo que ha hecho por mí, señora Volkov. —murmuro Liri en su lugar, la señora Isabella había llegado a la pequeña habitación que se le había asignado. La mujer sonrió dulcemente hacia la omega. —Eso es lo de menos, no iba a dejar que perecieras en el frio de la noche, aún menos cuando eres una omega tan débil. —Responde la señora Volkov con calma. —Toma el tiempo que necesites. —Le dice. —No puedo aceptarlo. —Responde Liri. —Puedo conseguir trabajo y pagarle todas las molestias, aunque no conozco a nadie en este lugar, no puedo quedarme solo así. —La señora Volkov suspiro, quizás la pobre chica solo deseaba mantener su mente ocupada en algo, y por eso estaba más que decidida en conseguir trabajo. Ella conocía el estado de los omegas que perdian a sus parejas, no duraban mucho con vida, aunque, se necesitaba de una muy gran fuerza de voluntad para seguir adelante. Se decía que, incluso, el dolor de perder la marca de pertenencia era un dolor desgarrador que dejaba a cualquier alfa, beta u omega al borde de la locura. Pero, la chica delante de ella se veia bastante "cuerda", normal, aunque las ojeras que portaba eran mas que evidente que no dormia bien. ¿Y si existia la posiblidad de que tuviera a otra pareja destinada?, se pregunto la señora Volkov. No, casi nunca sucedia, y cuando lo hacia, era muy raro. Además, de su manada la habían echado sin remordimiento, quizás sufrió más de lo que imagino al perder a su mate, suspirando, la señora Volkov acaricio el pelo oscuro como la noche de su invitada, sabía que esta no aceptaría las cosas que le daba sin pagarle, por lo que, se le ocurrió una idea. —En ese caso, puedes trabajar aquí. —Le dice en un tono animado y suave. —¿Estas estudiando en la actualidad? —Liri ha subido la cabeza para ver a la señora Volkov, sin duda era un ángel en la tierra para ella. —En mi antigua manada solo se le permitía a los omegas estudiar la secundaria. —Respondió Liri. —Usualmente los Alfas y betas tenían permitido ir a la universidad. —Aunque Liri dudaba de esto, ya que algunos solían ser bastantes neandertales. —Bien, en ese caso, te enviare a la universidad, y trabajaras en las noches, así estarás ocupada y podrás avanzar para el futuro. —Liri sintió en su pecho una sensación agradable, la señora Volkov no tenía segundas intenciones ocultas, mucho menos parecía querer aprovecharse de ella o tratarla mal. Esto la hizo sentir alegre, como si se tratara de la madre que nunca tuvo. —Muchas gracias. —Sollozo Liri mientras recibía un cálido abrazo de la señora Volkov. —Juro que se lo devolveré en cuanto pueda. —Liri sintió su cabeza ser acariciada de manera maternal, y antes de que se diera cuenta, se había quedado completamente dormida. Al menos, no estaba desamparada del todo. A penas empezaba. (…) Los meses pasaron, y la ciudad se convirtió en su prisión disfrazada de refugio. Y si bien era cierto que contaba con el apoyo de la señora Volkov, Liri sabía que esta no siempre estaría de su lado, pues al ser la esposa del alcalde de toda una ciudad, bueno, ella en su casa era una sirvienta, cautelosa y rápida para los quehaceres. También, Liri decidió tomar su espacio y no hacer preocupar a la señora Volkov con sus cosas, ella era una omega adulta, omega, a pesar de todas las cosas. La señora Volkov noto este cambio en Liri, y la dejo pasar, aunque pensaba todos los días si esta se encontraba bien, es como si Liri quiera mantearse al margen y no encariñarse demasiado. Cosa que ella entendió rápidamente. Una omega sin mate estaba tratando de llevar su vida cotidiana lo mejor que podía, y sabía que eso, dolía, pero, si se mantenía en ese estado, solo empeoraría las cosas. Todos los días, Liri se decía que estaría bien y que saldría de esa situación, aunque, al ser una omega de rango bajo, procuraba ser casi invisible para los demás. Estudiaba durante el día y trabajaba por las noches. Mantenía la cabeza gacha, evitaba problemas. Y todo estaba en relativa calma, ella no se metía con nadie, nadie se metía con ella, entonces, los días en la universidad trascurrieron con normalidad y calma, incluso, su lugar favorito en ese lugar se volvió la gran biblioteca que alberga toda la información. Le gustaba pues, las horas en las que no tenía clases, podía sumergirse en los libros y no ser vista por los demás. Estaba demás decir que, Liri había logrado ocultar su esencia de Omega, haciéndose pasar por beta, lo cual, la ayudaría bastante y lo cual logro convencer a todos. Simplemente, unos días de calma. Hasta que llegaron ellos. Los trillizos. Altos, arrogantes, con la perfección esculpida en cada centímetro de su piel. Alfas que lo tenían todo: poder, dinero y un aura de dominio que hacía temblar a cualquiera en su presencia. Sin dejar de lado que también, podían tener a cualquier chica que deseaban, y las cuales caerían rendidas a sus pies con tan solo una mirada. ¿Quién podía si quiera resistirse a ellos?, nadie, si le preguntaban a los estudiantes de la gran universidad de Velkanova. Pero, para Liri, ellos eran lo opuesto. Ella solo era una sombra en la universidad, pero eso no impidió que se convirtiera en su objetivo. —¿Eres la nueva? —Preguntó uno, con una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Parece un ratoncito asustado. ¿No es tierna? —comentó otro, mirándola de arriba abajo. —Mejor nos aseguramos de que sepa su lugar. —sentenció el tercero, con voz grave. Ellos jugaban con ella, como lo hacían con todos. Cambiaban de mujer cada dos meses, como si fueran desechables. Para ellos, ella no era más que entretenimiento pasajero. Pero si supieran la verdad. Si supieran quién era en realidad. Si supieran lo que el destino les tenía preparado. Las piezas estaban en movimiento. Y la Luna, silenciosa, observaba desde las alturas.
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