El bar

1102 Words
En ningunos de aquellos hospitales necesitaban empleados, así que volví a casa sintiéndome derrotada. —Estoy en casa ya— Dije con una sonrisa fingida. Federico mi padre se asombró al verme, y mi madrastra Teresa por igual. —¿Qué haces aquí a estas horas?— Preguntó mi padre mientras le daba un beso en la frente. Me arme de valor y con una sonrisa para darles tranquilidad le conté lo inevitable. —Me despidieron— Dije sin rodeos. —Lo lamento mucho Leila— Dijo Teresa. Sonreí nuevamente para darles tranquilidad, aquella tranquilidad que por dentro yo no tenía. —Conseguiré otro trabajo, así que no deben preocuparse por nada— Le respondí. Antes de que alguno pudiera responderme, me dirigí hacia mi habitación, al cerrar la puerta me quité el uniforme. Empecé a llorar, mis lágrimas eran de preocupación, pero no me podía permitir quedarme en casa. En horas de la tarde, salí al centro de la ciudad pensando que quizá encontraría un trabajo adecuado para mi. Fui a algunos de los comercios, negocios pero en ninguno necesitaban empleados. Así que no me quedó más remedio que entrar a un bar, me dirigí hacia la barra y con mucho miedo. —¡Hola!!—Dije. —Seguramente vienes por el puesto de mesera, da la vuelta y usa tu mandil, inicias inmediatamente— Dijo el que servía en la barra que aparentemente era el encargado del lugar. No dije nada, solo obedecí, después de todo lo único que necesita era trabajar dignamente. La noche cayó y yo estaba atendiendo las mesas a las que me enviaban. Todo parecía tranquilo y me sentí descansada en mis propios hombros. Después de la media noche, finalmente terminé mi turno, así que salí del bar un poco más tranquila. No se asemejaba a mi sueldo del hospital pero al menos tendría un poco de dinero. Mientras caminaba en busca de un taxi, un hombre se acercó, inmediatamente le vi la mala intención en sus ojos. —Hola bonita— Dijo con una sonrisa de pocos amigos. Me asusté inmediatamente y empecé a caminar rápido, y luego casi corriendo, hasta que sentí ese jalón del brazo que me detuvo. —No te vayas tan rápido, a estas horas podemos divertirnos, ya te vi en el bar— Finalmente dijo. —Debo llegar a mi casa, así que no puedo quedarme— Dije mientras me daba la media vuelta. Intenté caminar lo más rápido que podía pero eso parecía ser inútil, cada vez que lo intentaba sentía el jalón de brazos. Inesperadamente aquel desconocido me lanzó sobre el suelo y se pisos sobre mi. —¡Auxilio!— Gritaba una y otra vez. Pero parecía que estaba en las garras de ese desconocido y que no habría escapatoria para mí. Hasta que inesperadamente, alguien lo quitó de encima de mí lo lanzó contra el suelo. Rápidamente me levanté y mi asombro fue tan grande que me quedé frisada. Nuestras miradas se curiosa Ronny aquel desconocido aprovechó para huir. —¿Leila?— Preguntó como si no pudiera creerlo. —Si, gracias por salvarme doctor Winslet, ahora debo irme— Le respondí con nervios, llena de terror. Sin embargo, Leonardo me tomó del brazo para detenerme. —Es muy tarde, te llevaré a casa— Dijo. —No es necesario, puedo irme sola. —Si no aparezco ese hombre te hubiese hecho daño, ¿Qué haces a estas horas en la calle?— Preguntó como si realmente fuera de su interés. Sonreí con lágrimas en mis ojos, aún mis rodillas no respondían del todo por los nervios. —Estaba trabajando en un bar cercano y este tipo se acercó. Vi lo asombrado que quedó Leonardo con mi respuesta. —¿En un bar?, pero ¿Por qué?. Me reí, aún se atrevía a preguntar el por qué.—Porque mi jefe me despidió y necesito el trabajo— Confesé. Leonardo no dijo nada, abrió la puerta del su coche, la puerta del acompañante para que entrara. Después de unos breves segundos de pensarlo, no dije nada pero subí. Leonardo encendió el auto, había un silencio incómodo entre ambos, aún yo no podía dejar de sentir nervios por lo sucedido. No podía creer que Leonardo haya estado pasando en ese precioso momento y me haya salvado de algo que quizás no hubiese podido olvidar jamás en mi vida. Después de poco menos de veinte minutos, finalmente Leonardo se estacionó frente a mi casa. Iba a abrir la puerta cuando él me detuvo sosteniéndome del brazo. —Puedes regresar al trabajo mañana, te devolveré el puesto— Dijo dejándome más que asombrada. Dudé antes de responde peor aún así lo hice. —Pero usted me despidió por su novia, no creo que a ella le guste que regresé. Leonardo miró hacia el lado contrario y desde ahí escuché su voz responderme. —Solo regresa, de Rose me encargo yo— Finalmente dijo. Salí del auto después de su repuesta, había sido una noche difícil y a la vez de alivio al final. Entré a casa y fui directo a mi habitación, busqué mi uniforme de enfermera y lo dejé listo para usarlo. La mañana llegó como un abrir y cerrar de ojos, después de tomar una ducha, bajé al comedor para tomar un café como cada mañana. —¿Por qué estás vestida así? No me digas que conseguiste trabajo en otro hospital?— Preguntó Teresa. Sonreí con libertad. —Trabajaré nuevamente en el hospital, así que los veo luego— dije un poco apresurada. Tome un taxi que me llevó hasta el hospital, cuando llegué las enfermeras estaba en la sala de reuniones. Abrí la puerta lentamente para pasar por desapercibida, pero Leonardo me encontró con la mirada. —Mi padre construyó este hospital a base de muchos sacrificios y ahora me toca a mí hacer lo que hizo mi padre, no quiero que hayan más riesgos innecesarios en este hospital— Dijo de manera fuerte. Las enfermeras se quedaron todas calladas, Leonardo tenía algo diferente, no solía ser tan duro pero ahora parecía eso y más. —Vayan a sus puestos— Dijo finalmente. Cuando me disponía a salir, la voz de Leonardo me detuvo en seco, mi corazón empezó a latir más de lo normal. —¿Qué necesita doctor?— Pregunté tarta si se ocultar mi nerviosismo. —Vamos a mi oficina— Dijo tomando su laptop. Caminé detrás de él en silencio, a penas anoche me había devuelto el trabajo y solo pasaba por mi mente la posibilidad de ser despedida otra vez
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD