—No tienes que meterte en mi vida privada —le dije con voz enojada, intentando contener la ira que comenzaba a acumularse dentro de mí—. Ya hemos hablado de esto, y como dijimos en el contrato, eso es lo que somos. No tienes derecho a decidir por mí, ni a borrar nada que yo no te pida. Él se quedó mirando el teléfono, los dedos listos para presionar la pantalla y eliminar las fotos de mi pasado. —Leila no creo que esto esté bien, no puedes tener fotos de tu ex. —Ni tienes derecho a eliminarla. Podía ver la decisión en su rostro, pero al mismo tiempo, algo en su expresión me hizo sentir como si intentara protegerme de algo que ni siquiera yo comprendía. No podía entender por qué actuaba de esa manera. —No quiero que esas fotos sigan aquí, ya no deberías tener nada que te aten a él —

