Su figura temblorosa fue puesta por Esteban en su cama, luego se acercó y se acostó a su lado antes de agarrar su delgado brazo cuando estaba a punto de levantarse. —Solo… no me hagas esto, por favor… Sacudió la cabeza y se tiró encima de ella, con sus ojos agudos llenos de hambre. —Te deseo. —Ah… pero… —Sin peros… no me detendré, no importa cuánto ruegues, Rosa… Ella lo miró, las lágrimas brotaban. —Pero vas a lastimarme. No hagas esto… —No es un ataque. Seremos felices juntos… Una mano grande acarició suavemente el antebrazo, antes de pasar a desnudarte de su pijama con hábil destreza. —Y prometo ser responsable de todo… Solo pudo negar con la cabeza por última vez, porque pronto una hermosa boca ondulada se abalanzó para encontrar y absorber toda su conciencia. Ahora en su c

