Narra Mackenzie
Mi padre ha llamado cada día para saber cómo estamos, Elena no deja de decirle que mi nuevo uniforme me queda precioso, hasta le ha dicho que me prepara cada noche mis comidas favoritas. Al escucharla solo puedo enchinar mis ojos y negar con mi cabeza por tanta falsedad. Nunca antes había tenido que quedarme por tanto tiempo a solas con Elena. De apoco se roba mi paciencia, me molesta que disponga de mis cosas y de mi tiempo; me quedo callada para evitar inconvenientes, pero claramente me canso. Creo que aguanto más de lo normal.
Los últimos días, he estado en un complejo dilema, pues Nelson, se dio cuenta de la ayuda que le ofrezco a August y se molestó porque dice que él se aprovecha; tuve que decirle un par de mentirillas a mi amigo para que volviera hablarme. Pero no puedo negarle mi ayuda, no veo nada de malo en tenderle mi ayuda, me cuesta decirle que no a August.
—¿Qué has pensado para tu proyecto? —pregunta Nelson mientras vamos de camino al estadio donde será el partido de semifinales.
—Ya he comenzado con algo increíble, tuve que romperme la cabeza durante las madrugadas para ajustar la idea. Hasta ahora tengo solo un modelo de lo que realmente será, me he inclinado por el mundo de las finanzas; solo espero que eso me lleve a ser la gran corredora de bolsa que deseo.
—¡Vaya! Si ganas, debes llevarme contigo a New York, y si yo gano, ahorraré y te llevaré conmigo, ¿de acuerdo?
—Es una promesa.
Ambos hacemos la fila para ingresar al lugar. Desde donde estamos, podemos ver el autobús de la escuela y al equipo de futbol descender; August luce muy bien con su uniforme y con…
—Emilia es muy linda ¿no crees?
Dice alguien que va en nuestra fila.
—Sí, es muy bonita.
Nelson también observa hasta el lugar y hace un gesto que desaprueba los comentarios.
—De nada le sirve ser linda si tiene la cabeza hueca.
La chica abraza a su novio y este la besa en frente de todos. Aparto mi mirada e ingreso para ubicarme en las gradas más cercanas.
Al comenzar el partido, todos nos emocionamos porque si ganan van a las finales. En las gradas, están entrenadores de algunas universidades, siempre vienen a estos eventos reclutando nuevos talentos.
Las porristas, las mascotas y las bandas, animan a las barras para darles apoyo a los jugadores. August, se ha destacado tan bien que su nombre lo gritan las personas con entusiasmo. Los ojos y las esperanzas de todos, están puestas en él.
En una de las jugadas más emocionantes, todos esperan la anotación del capitán, pero en medio de su carrera y el no ser alcanzado; sus pasos se enredan y cae aterrizando en el suelo. Todos esperan a que el número nueve del equipo se ponga de pie y continúe, pero al notar que se queja de dolor mientras abraza su pierna, todos se alteran.
Ese día, el resultado fue el esperado. El equipo logró ganar con las anotaciones que hizo August, pero él terminó con una leve lesión en su tendón de Aquiles.
Ese fin de semana, no supe nada de él, estaba un poco preocupada pero no tenía forma de saber cómo estaba. Esos días me dediqué a trabajar de lleno en mi proyecto mientras esperaba que estuviera mejor. August, reaparece en la escuela un par de días después caminando con muletas, estaba muy solitario y callado, era obvio que le afectaba el hecho de no poder seguir con el equipo. Quise hablarle o preguntarle como estaba, pero me costaba muchos dirigirme a él, realmente nunca hemos tenido una conversación como tal. Hasta que una mañana algo fue diferente.
—Buenos días, Mackenzie —saluda August.
Lo observo sorprendida y casi me atraganto con el pancillo que estaba comiendo, el chico toma asiento a mi lado y miro a todas partes pensando en que se ha equivocado de lugar, o que todos los asientos en la cafetería estaban ocupados, pero luego reacciono y me ha llamado por mi nombre, él dijo Mackenzie. Creo que es primera vez que me llama por mi nombre.
—Hol... digo, buenos días.
—¿Puedo comer contigo? —cuestiona mirándome con una sonrisa.
—Claro, hay problema. Digo, no… es decir, sí ¡ash! me refiero a que sí puedes.
El chico pide que le traigan lo mismo que yo estoy comiendo y se queda a mi lado. Desde ese momento, August Jones se la mantuvo pegado a mí. En clases, se la pasó haciendo preguntas y contándome chistes muy malos que me hacían reír, en el receso nos quedábamos en el aula rellenando sudoku y haciendo competencias con sopas de letras; eran cosas absurdas pero muy divertidas.
Esa tarde regresé a casa muy feliz, Nelson se preguntaba el porqué de mi sonrisa pero solo me sentía muy motivada para lavar platos, cocinar, seguir desarrollando mi proyecto y deseando que el día de mañana llegue muy pronto.
Y como nunca imaginé, no solo el día siguiente, si no que el resto de mis días en el High School se hicieron más emocionantes, podía estar en algún lugar y sentir de repente que August rodeara mis hombros con sus brazos, que me saludara y me diera una sonrisa, que se sentara conmigo en los almuerzos y que compartiera cada receso sentado a mi lado.
Las miradas de enojo de algunas chicas, eran muy claras y el de mi amigo Nelson también. Pero a este punto no me importaba, porque me agrada la compañía de August.
—¿Te gusta el helado? —cuestiona August de la nada.
—Sí, ¡me encanta!
—Bien, hoy quiero ir contigo a un lugar que me gusta mucho, es una pequeña heladería que se encuentra cerca de una feria.
—Pero y tu… —digo señalando su pierna.
—No es problema, ya casi no duele. Solo que debo caminar al paso de una tortuga y llevar esta muleta que se ha convertido en mi nueva novia.
Su comentario quedó rondando en mi cabeza, ¿quiere decir que Emilia ya no está con él?
—Bien, entonces la respuesta es sí.
Por la tarde, emocionada por todo lo que me estaba pasando, me organizo y espero a que llegue la hora para ir hasta el lugar donde August me ha indicado.
—¿A dónde vas?
Escucho a Elena desde la cocina, debe estar hartando como cerdo.
—Voy a casa de Nelson.
Salgo y voy hasta la parada bus, allí espero unos minutos hasta que veo la ruta que me deja más cerca de la feria.
Con mi corazón agitado y con mis manos sudando, me pellizco para saber si esto es real. Pero me doy cuenta de que es verdad, cuando bajo del bus y lo veo sentando en aquel puestito de helados, esperando por mí.
—Espero no haber demorado.
—No, estás justo a tiempo.
—No había venido aquí —menciono sentándome a su lado.
—Este se ha convertido en mi lugar favorito, aparte de tener los mejores sabores de helado, la vista es agradable, ¿no crees?
—Sí, tienes razón.
August pide tres enormes pelotas de helado, cada una de un sabor diferente; me entrega una cucharita y no se equivocaba, son muy deliciosos.
—Espera, tienes algo aquí —dice pasando su dedo pulgar muy cerca de mis boca.
Muerdo mis labios por lo que hace y con el respaldo de mi mano limpio mi boca.
—Mackenzie, quizás esto suene extraño pero desde hace un tiempo he notado algo especial en ti. Me resultas una chica sumamente encantadora y muy tierna, estos días la he pasado muy bien contigo y me agrada sentirme tan cómodo al lado tuyo. Sé que parece apresurado pero el tiempo no significa nada y lo que importa es el amor que se siente por la otra persona.
—¿Amor? —pregunto sintiendo mi alma en un hilo.
—Sí, amor Mackenzie, eso dije; y si lo digo es porque lo siento aquí en mi corazón y sé que tú también lo sientes allí.
El chico pone su mano en mi pecho y me hago migas en frente de él. Con solo tocarme me hago tan vulnerable.
—August, pero ¿y tú novia? —menciono en voz baja.
—No podía seguir con una chica por la que ya no siento nada.
Sus palabras me dejan sin aliento, es más de lo que podía escuchar.
El apuesto joven de ojos verdes, toma mi mentón y acerca su rostro al mío, cierro mis ojos y siento como une nuestros labios en un beso que parece mágico. Hoy es el mejor día de mi vida ¡Le gusto! ¡Le gusto a August Jones!
Al separarnos, siento como mis mejillas queman, siento que hasta mis pupilas han triplicado su tamaño.
—Mackenzie, aprovecho que estamos juntos para mencionarte algo. Es que bueno, no sé cómo decirlo pero tu mejor que nadie conoces mi situación —dice tomando mi mano—. Quería pedirte ayuda con el proyecto final, es que ya no puedo seguir en el deporte con mi pierna lastimada y tú…
—August, de verdad quisiera ayudarte. Pero ya no queda tiempo para hacer un proyecto nuevo, con el tiempo que queda solo me alcanza para hacerle algunos ajustes al mío, solo faltan un par de días para sustentar. Por más que quiera ayudarte creo que a estas alturas es imposible.
Siento algo de pena por negarme, es la primera vez que le doy un no por respuesta, pero es imposible.
El joven baja su mirada y suelta mi mano.
—No te preocupes —responde sin más.