Escape a Las Vegas

1179 Words
La risa histérica que se había ahogado hacía unos minutos volvió con toda su fuerza. La pobre Mira seguía mirándome sin saber qué decir y me obligué a parar, secándome las lágrimas de pánico e histeria de los ojos y dándole unas palmaditas en el brazo. —Gracias por hacerme sentir mejor, cariño— , le dije. Ella me abrazó con fuerza. —¿Qué vas a hacer?. —No lo sé—, respondí con sinceridad—. ¿Qué puedo hacer?. Mira me apretó más fuerte y luego se apartó. —Vale, hagamos otra pregunta mejor: ¿Qué quieres hacer?. Me reí, esa vez miserablemente. ¿Qué quiero hacer? Me encontraba, como suele decirse, entre la espada y la pared. Por un lado, estaba la vida con un hombre que no conocía y que probablemente nunca me gustaría, teniendo en cuenta que aceptaría una novia de premio. Por otro lado, si no seguía adelante con el acuerdo misógino y patriarcal de mi padre, mi vida correría peligro. Quería acabar con toda esa mierda. Necesitaba una salida, una luz en el túnel pero era incapaz de ver un salvavidas por ninguna parte. —Quiero escapar de mi vida—, solté. En retrospectiva, debió de ser el tequila lo que me permitió expresar mi deseo en voz alta. Siempre fui complaciente, obediente y tímida pero no me quedaría sentada y permitiendo que me vendieran así. —Puedo ayudarte con eso. Al menos durante el resto del fin de semana—, me sonrió Mira dándome otro abrazo—. Coge algo de ropa y tu DNI. Nos vamos a Las Vegas. Resoplé: —¿Las Vegas? Sí, claro. Venga, ¿quién conduce?—, pregunté, pensando que Mira estaba bromeando—. ¿Crees que tu pequeño Toyota aguantará veinticinco horas de viaje?. Puso los ojos en blanco. —No bromeo, nena. En serio, nos vamos a Las Vegas a divertirnos. Parpadeé y ladeé la cabeza. — sábado por la noche. ¿Cómo vamos a llegar, Mira?. —Dios bendiga a American AirLine—, rió Mira—. Mi trabajo tiene muchas ventajas, cariño. Una de ellas es que siempre puedo conseguir hasta cinco billetes de última hora. —Bueno… no creo que escaparme resuelva mi problema. Marcus seguirá esperando su premio y el lunes mi padre seguirá siendo un cerdo medieval. —Como quieras—, Mira se encogió de hombros—, la oferta sigue en pie. En ese momento, el camarero se acercó con una bandeja con una ronda de chupitos. —¿Qué es esto?—, pregunté frunciendo el ceño. —De los señores del bar—, dijo el camarero, y miré a nuestros admiradores. Joder, parecían tener la edad de mi padre, y no pude disimular el fastidio en mi cara—. Diles…. —Diles que les damos las gracias—, interrumpió Mira levantando un vaso de chupito hacia los hombres de mediana edad. —¿Qué estás haciendo?—, comenté. —Jugando—, sonrió—. Esto es alcohol gratis, da las gracias y tómatelo. Podemos salir por patas si intentan venir a hablar con nosotros. Yo también me encogí de hombros y brindé en silencio antes de beberme el chupito. El alcohol me quemó la garganta, deslizándose hacia abajo e incendiando todos mis nervios mientras mi lengua se despertaba con su fuerte sabor a canela. —¡Woo!—, vitoreé, levantando los brazos en el aire—. Tenías razón. Estaba buenísimo. Pronto el camarero nos trajo otra ronda de chupitos y también nos los bebimos alegremente. Después de dejar mi vaso, me volví hacia Mira. —A la mierda, hagámoslo. —¿Hacerlo…?—, preguntó Mira, confusa—. ¿Hacer qué?. —Las Vegas—, dije, con la cabeza dándome vueltas—. Vayamos a Las Vegas, joder. —¡Claro que sí!—, me animó Mira, enganchándome por el cuello con el codo y tirando de mí hacia ella para darme un beso en la mejilla—. ¿Y quién sabe? Quizá en Las Vegas conozcas a un caballero blanco que te salve y quieras casarte de verdad. Puse los ojos en blanco. —Dudo mucho que vaya a ser así. Sabía que era guapa; podía verlo en el espejo. A pesar de los complejos que me habían metido mis padres, los problemas de imagen corporal no eran uno de ellos y había tenido mi buena ración de chicos que querían salir conmigo. Sin embargo, mi suerte en el amor me había defraudado demasiadas veces. Después de mi primera experiencia amorosa, la mayoría de mis relaciones habían terminado antes de que se planteara la posibilidad de casarme, así que no tenía muchas esperanzas. Mira, por supuesto, era muy consciente de mi postura. —Eres demasiado pesimista—, dijo Mira—. Deberías intentar ser optimista por una vez y tal vez encuentres al chico perfecto. El vaso medio lleno y todo eso. Vamos, nena. Sí. El señor Gordon ha elegido el hombre perfecto para mí. Perfecto para él, no para mí. —Soy pesimista porque el mundo es cruel y peligroso. En serio, ¿qué carajo, Mira? Un día, soy una mujer libre y al día siguiente, ¿se supone que debo casarme con un jefe de la mafia porque mi padre lo dice? ¿Qué es esto? ¿El siglo XIX?. —En el peor de los casos, te trasladas a Bali y vendes villas a europeos ricos—, bromeó Mira mientras se levantaba, preparándose para irse—. Vamos, Las Vegas nos espera. —Suena increíble—, reí y me levanté también, mirando hacia los tipos que nos habían estado invitando a chupitos. No parecían muy contentos de que nos fuéramos pero por suerte parecía que no iban a montar una escena. Llamé a un Uber que nos llevó primero a mi casa para que pudiera cambiarme, ducharme y hacer la maleta para el fin de semana en Las Vegas. Mira siguió hasta su casa para hacer lo mismo después de que acordáramos vernos un poco más tarde en O’Hare. Los billetes que Mira nos consiguió eran literalmente de última hora, ya que el avión a Las Vegas estaba a punto de empezar a embarcar. Eso significaba que, poco más de cuatro horas después, pisábamos el Aeropuerto Internacional Harry Reid y estábamos listas para conquistar el centro de Las Vegas. Las Vegas no era algo nuevo para ninguna de las dos, pero era una delicia y me hacía muchísima ilusión. Normalmente lo planeábamos durante meses antes de conseguir estar las dos disponibles para hacer el viaje. La espontaneidad, sin embargo, hizo que ese viaje fuera lo que mi mejor amiga había querido que fuera. Yo tomaba las riendas de mi vida y hacía todo lo posible por ignorar el pavor de la realidad. Ya me sentía mucho mejor y estaba dispuesta a luchar contra cualquiera que intentara decirme lo que tenía que hacer. Aunque sólo fuera durante el fin de semana.
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